Capítulo 39
Lo que nadie dice sobre estar bien
Las cosas empezaron a sentirse normales otra vez.
O al menos… una nueva versión de normal.
El accidente seguía apareciendo de vez en cuando en silencios incómodos o miradas largas entre Emma y Nico.
Pero ya no dolía igual.
Ahora solo quedaba el miedo pequeño.
Ese que aparece cuando amas demasiado a alguien.
Era viernes por la tarde y Emma estaba tumbada boca abajo sobre la cama intentando estudiar mientras Valeria pintaba las uñas de Vera sentadas en el suelo.
—¿Por qué estudias un viernes? —preguntó Valeria horrorizada.
—Porque quiero aprobar y no vivir debajo de un puente.
—Los puentes tienen encanto.
—Tú no sobrevivirías una semana sin café caro.
—Eso es cierto.
Emma soltó una pequeña risa mientras pasaba página.
El móvil vibró justo a su lado.
Nico:
“¿Sigues viva?”
Emma sonrió automáticamente.
Vera levantó apenas la vista desde el suelo.
—Otra sonrisa tonta.
—Os odio a las dos.
Valeria señaló dramáticamente.
—¡NO LO NIEGA!
Emma terminó lanzándoles un cojín.
Pero ya estaba respondiendo el mensaje.
“Intentando estudiar. Misión imposible.”
Nico tardó segundos en contestar.
“Entonces necesito salvarte.”
El corazón le hizo cosas completamente innecesarias.
Ridículo.
Todo era ridículo con él.
Emma escribió rápido:
“¿Cómo exactamente?”
Tres puntos.
Luego:
“Abre la ventana.”
Emma frunció el ceño inmediatamente.
—¿Qué cara es esa? —preguntó Vera.
Emma se levantó caminando hacia la ventana de su habitación.
Y cuando apartó la cortina…
casi se ríe sola.
Nicolás estaba abajo.
Con sudadera negra.
Manos en los bolsillos.
Y esa expresión tranquila de siempre.
Emma abrió inmediatamente la ventana.
—¿Qué haces aquí?
Nico levantó apenas una bolsa de papel.
—Traje comida y una propuesta mejor que estudiar bioquímica un viernes.
Valeria apareció detrás de Emma pegando un grito.
—¡DIOS MÍO, ES COMO UNA COMEDIA ROMÁNTICA!
—¡Cállate! —contestaron Emma y Nico al mismo tiempo.
Eso solo hizo que Vera empezara a reírse también.
---
Treinta minutos después Emma iba caminando junto a Nico por las calles iluminadas de la ciudad con un café caliente entre las manos.
El aire estaba frío.
Y ella llevaba prácticamente pegado el brazo al de él mientras caminaban.
Nicolás llevaba semanas recuperándose.
Las heridas ya casi habían desaparecido.
Pero Emma seguía notando pequeños cambios.
Él la tocaba más ahora.
La buscaba constantemente.
Como si el accidente hubiera dejado dentro de ambos el miedo de separarse siquiera un poco.
Emma sinceramente hacía lo mismo.
Y ya ni intentaba fingir que no.
—¿A dónde vamos? —preguntó ella.
Nico dio un sorbo a su café.
—Sorpresa.
—Te gusta demasiado decir eso.
—Porque siempre funciona.
Emma rodó los ojos aunque sonriendo.
Caminaron varias calles más entre conversaciones tontas y bromas pequeñas hasta que Nico finalmente se detuvo frente a un cine antiguo.
Emma levantó lentamente la vista hacia el cartel iluminado.
Y empezó a reírse.
—¿Maratón de Star Wars?
Nico pareció ofendido.
—“Maratón” suena poco importante para semejante evento cultural.
—Dios mío, eres insoportable.
—Pero me quieres.
Emma levantó la vista hacia él.
Y el corazón le dio ese pequeño golpe otra vez.
Porque sí.
Muchísimo.
Ella sonrió apenas.
—Demasiado.
Nico se quedó quieto unos segundos después de escuchar eso.
Como si todavía no supiera manejar completamente lo que esas cosas le hacían sentir.
Emma ya conocía esa expresión.
La vulnerable.
La que aparecía justo antes de que él desviara la mirada intentando ocultar emociones.
Pero esta vez no lo hizo.
Esta vez simplemente la miró.
Y Emma sintió el pecho apretándose suave.
—Ven aquí —murmuró él.
Emma se acercó automáticamente.
Nicolás acomodó una mano en su cintura acercándola despacio contra él.
La ciudad seguía moviéndose alrededor.
Luces.
Gente.
Ruido.
Pero Emma solo notaba sus manos.
Su respiración.
La forma en que la miraba.
—¿Qué pasa? —preguntó bajito.
Nico sonrió apenas.
—Nada.
Ella levantó una ceja.
—Mentiroso.
Eso le sacó una risa pequeña.
Y luego…
Nico apoyó la frente contra la suya.
Como si aquello se hubiera convertido en una costumbre entre ellos.
Una importante.
—Solo estaba pensando que me gusta mucho esta vida contigo.
El corazón de Emma dejó de funcionar correctamente.
Porque Nicolás seguía diciendo cosas así de repente.
Sin aviso.
Como si sacara sentimientos enormes con la misma facilidad con la que respiraba.
Emma sintió calor en todo el pecho.
Y también miedo.
Porque amar así daba miedo todavía.
Pero ya no quería escapar de eso.
Quería quedarse.
Con él.
Emma acarició suavemente la nuca de Nico.
—A mí también me gusta.
Nicolás cerró los ojos apenas un segundo.
Y Emma entendió algo en ese momento:
Nico seguía teniendo miedo de perder todo aquello.
Pero poco a poco…
también estaba aprendiendo a disfrutarlo.
---
La película empezó veinte minutos después.
Y sinceramente Emma no estaba prestando demasiada atención.
No porque Star Wars fuera aburrido.
Sino porque Nicolás parecía más emocionado que un niño pequeño.
Y eso era adorable.
Ridículamente adorable.
—Mira, esta escena es increíble —susurró él inclinado hacia ella.
Emma lo observó hablar apasionadamente sobre algo de naves y guerras galácticas.
Y terminó sonriendo sola.
—¿Qué? —preguntó Nico notándolo.
Emma negó despacio.
—Nada.
Mentira.
La verdad era simple:
Nunca había visto a alguien sentirse tan libre siendo él mismo.
Y le encantaba.
Nico frunció apenas el ceño.
—Te estás riendo de mí.
—Un poquito.
Él fingió indignación.
Y Emma terminó riéndose más fuerte.
Algunas personas delante de ellos mandaron callar.
Pero Nico solo aprovechó para acercarse más a ella en el asiento.
Rozando su nariz con la de Emma apenas un segundo.
—Pesada.
Emma sonrió.
Y entonces entendió algo importante.
Quizá sanar no significaba olvidar el miedo.
Quizá solo significaba volver a reír igualmente después de él.