Playlist para ignorarme Capítulo 36
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Capítulo 36

El miedo también llora

Emma odiaba los hospitales.

El olor.

Las luces blancas.

El sonido constante de máquinas y pasos en los pasillos.

Todo le daba ansiedad.

Pero ahora mismo lo peor era otra cosa:

Esperar.

Llevaba más de una hora sentada junto a la cama de Nicolás viendo cómo dormía mientras los médicos seguían entrando y saliendo revisándolo.

La lluvia seguía golpeando las ventanas del hospital.

Y Emma todavía sentía el accidente repitiéndose dentro de su cabeza una y otra vez.

La moto cayendo.

Nico inmóvil sobre el asfalto.

La sangre.

Cerró los ojos un segundo intentando respirar.

Pero no funcionó demasiado bien.

Porque el miedo seguía atrapado dentro de ella.

La puerta de la habitación se abrió de golpe.

Y segundos después escuchó:

—¡EMMA!

Valeria apareció prácticamente corriendo.

Detrás de ella venían Martín, Clara… y Vera.

Emma apenas tuvo tiempo de levantarse antes de que Valeria la abrazara fortísimo.

—Dios mío, casi me muero cuando Martín llamó —soltó rápidamente.

Emma cerró los ojos abrazándola también.

Y ahí fue cuando entendió que seguía temblando.

Muchísimo.

Martín se acercó inmediatamente después.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Te duele algo? ¿Dónde está Nico?

Preguntas rápidas.

Demasiadas.

Emma intentó responder.

—Estamos bien… bueno… más o menos…

Y entonces vio a Vera.

Quieta junto a la puerta.

Mirándola.

Emma frunció ligeramente el ceño.

Porque Vera tenía los ojos llenos de lágrimas.

Y antes de que pudiera decir nada…

Vera cruzó la habitación rápidamente y la abrazó tan fuerte que Emma casi perdió el equilibrio.

Eso la sorprendió completamente.

Porque Vera casi nunca demostraba las cosas así.

Pero ahora estaba llorando de verdad.

—No vuelvas a hacer eso nunca más —susurró con la voz rota.

Emma sintió el pecho apretarse inmediatamente.

Y abrazó a Vera fuerte también.

—Lo siento…

Vera se separó apenas mirándole el rostro lleno de heridas pequeñas y vendas.

Y las lágrimas le cayeron todavía más.

—Joder, Emma…

Emma soltó una pequeña risa triste.

—No llores tú también o voy a empezar otra vez.

—Ya empezaste otra vez —murmuró Valeria secándose la cara.

Martín estaba igual de afectado aunque intentaba ocultarlo.

—Os odio muchísimo a los dos.

Emma miró hacia Nicolás dormido en la cama.

Y todos siguieron automáticamente su mirada.

El silencio llenó la habitación un momento.

Porque verlo así daba miedo.

Mucho.

Vera se acercó lentamente a la cama.

Y Emma vio cómo algo en su expresión se rompía apenas al ver todas las vendas.

—Nunca lo había visto tan mal… —susurró.

Emma tragó saliva.

—Yo pensé que…

No pudo terminar la frase.

Porque todavía dolía demasiado siquiera imaginarla.

Valeria agarró inmediatamente su mano.

—Eh. Está aquí.

Emma asintió despacio.

Sí.

Seguía aquí.

Gracias a Dios.

---

Un rato después, todos estaban repartidos por la habitación hablando bajito mientras Nico seguía dormido.

Martín había traído cafés horribles de máquina.

Clara discutía con él porque “eso técnicamente no era café”.

Y Vera seguía sentada al lado de Emma en silencio.

Emma la observó de reojo.

—¿Por qué lloraste tanto?

Vera levantó lentamente la vista hacia ella.

Y sonrió apenas.

Triste.

—Porque eres mi amiga, idiota.

Aquello le apretó el corazón.

Emma apoyó suavemente la cabeza en el hombro de Vera.

Y por un momento ninguna dijo nada.

Hasta que Vera habló otra vez.

—Cuando Martín llamó pensé lo peor.

Emma cerró los ojos un segundo.

Porque ella también.

Muchísimo.

—Nunca había tenido tanto miedo —susurró.

La voz se le rompió un poco al decirlo.

Vera tomó suavemente su mano.

—Lo amas muchísimo, ¿verdad?

Emma levantó lentamente la vista hacia Nico dormido.

Y la respuesta salió sola.

—Sí.

Sin dudas esta vez.

Sin miedo.

Sí.

Muchísimo.

Vera sonrió apenas mirándola.

—Se nota.

Emma dejó escapar una pequeña risa cansada.

—¿Tanto?

—Emma… le miras como si fuera tu lugar favorito del mundo.

El corazón le dolió suavemente.

Porque quizá era verdad.

Y quizá eso daba todavía más miedo.

---

Horas después Nicolás finalmente despertó otra vez.

Y lo primero que vio fue a todo el grupo mirándolo fijamente desde distintas partes de la habitación.

Nico parpadeó confundido.

—¿Por qué parecéis una secta?

Martín se levantó inmediatamente.

—¡ESTÁ VIVO!

—Gracias por la información, Martín —murmuró Nico con voz dormida.

Valeria literalmente comenzó a llorar otra vez mientras lo abrazaba con cuidado.

—No vuelvas a hacer esto nunca.

—Intentaré no caerme dramáticamente otra vez.

Emma soltó una pequeña risa desde la silla.

Y Nico giró inmediatamente la cabeza hacia ella al escucharla.

Como si automáticamente la buscara siempre.

Sus miradas se encontraron.

Y Emma sintió otra vez ese alivio enorme dentro del pecho.

Porque seguía aquí.

Seguía vivo.

Nico observó sus vendas y frunció ligeramente el ceño.

—¿Te duele mucho?

Emma negó despacio.

—Estoy bien.

Él claramente no le creyó.

Pero antes de que pudiera decir nada, Vera apareció al lado de la cama cruzándose de brazos.

—Nos has dado el susto de nuestra vida.

Nicolás levantó apenas una ceja.

—¿Tú también lloraste?

Vera abrió mucho los ojos inmediatamente.

—¿QUÉ? No.

Martín comenzó a reírse.

—Lloró más que todos nosotros juntos.

—MARTÍN TE JURO—

Nico soltó una pequeña risa dolorida.

Y Emma sintió el pecho calentándose.

Porque escucharle reír después de todo aquello…

se sentía como volver a respirar.

Vera terminó suspirando antes de mirar a Nico más suave.

—Solo… no vuelvas a asustarnos así.

Nicolás la observó unos segundos.

Y luego asintió despacio.

—Lo intentaré.

Emma sintió la mano de Nico buscando la suya desde la cama.

Y la tomó inmediatamente.

Fuerte.

Como si todavía necesitara asegurarse de que ambos seguían ahí.

Y sinceramente…

ella también lo necesitaba.