Playlist para ignorarme Capítulo 33
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Capítulo 33

Quedarse

La playa estaba casi vacía aquella noche.

Solo se escuchaban las olas rompiendo suavemente contra la arena y el viento moviendo las palmeras cerca del paseo marítimo.

Emma caminaba descalza junto a Nicolás sosteniendo sus sandalias en una mano.

Y la otra… la tenía entrelazada con la de él.

Como siempre últimamente.

Como si sus manos hubieran aprendido a buscarse solas.

—Tengo frío —murmuró Emma acercándose más a él.

Nico soltó una pequeña risa.

—Llevas diciendo eso una hora.

—Porque hace frío una hora.

—Drama queen.

Emma le dio un pequeño golpe con el hombro.

Y Nico terminó rodeándola con un brazo automáticamente.

Aquello seguía sorprendiéndola.

La facilidad con la que él la tocaba ahora.

La naturalidad.

Antes parecía tener miedo incluso de acercarse demasiado.

Pero ahora…

ahora Emma sentía que Nico siempre encontraba alguna excusa para mantenerla cerca.

Y sinceramente, a ella le encantaba.

Caminaron un rato más por la orilla en silencio.

Pero era un silencio bonito.

Cómodo.

Emma observó el reflejo de la luna sobre el agua y pensó que jamás había vivido algo tan tranquilo.

Sin miedo.

Sin tensión constante.

Sin tener que vigilar cada palabra.

Solo ella.

Y Nico.

—¿En qué piensas? —preguntó él de repente.

Emma levantó la vista hacia él.

Y sonrió apenas.

—En que esto parece irreal.

Nico entrecerró ligeramente los ojos.

—¿Lo dices en plan bonito o preocupante?

—Bonito.

Él asintió despacio.

Y Emma notó algo en su expresión.

Ese miedo pequeño otra vez.

Como si todavía le costara creer que alguien pudiera sentirse feliz estando con él.

Emma se detuvo lentamente en la arena.

Nicolás la miró confundido.

—¿Qué pasa?

Ella dio un pequeño paso hacia él.

Y luego otro.

Hasta quedar completamente cerca.

—Ven aquí.

Nico soltó una pequeña risa suave.

—Eres tú quien se acercó.

—Cállate.

Emma apoyó las manos en su pecho mirándolo unos segundos.

El viento movía suavemente el cabello oscuro de él.

Y Emma pensó otra vez lo absurdamente guapo que era.

Ridículo.

—Te quiero —dijo bajito sin planearlo.

El silencio cayó inmediatamente entre los dos.

Nicolás dejó de respirar un segundo.

Emma sintió el corazón acelerarse.

Porque era la primera vez.

La primera vez que lo decía en voz alta.

Y aunque daba miedo…

también se sentía bien.

Muy bien.

Nico la observaba como si acabara de entregarle algo frágil.

Algo importante.

Él levantó lentamente una mano acariciando su mejilla.

Y Emma juró que nunca lo había visto mirarla así.

Tan suave.

Tan lleno de algo que casi dolía.

—Emma…

Su voz salió rota apenas.

Y eso fue suficiente para hacerle entender todo.

Nicolás apoyó su frente contra la de ella cerrando los ojos un segundo.

Como si necesitara sentir que aquello era real.

—Yo también te quiero.

Emma sintió el pecho explotando completamente.

Y entonces lo besó.

O quizá él la besó primero.

No estaba segura.

Solo sabía que de pronto sus manos estaban en el cuello de Nico, y él la abrazaba fuerte contra su cuerpo mientras el mundo desaparecía lentamente alrededor.

El beso cambió despacio.

Más lento.

Más profundo.

Más lleno de todo lo que llevaban semanas callándose entre miradas y silencios.

Emma sintió cómo Nicolás acariciaba suavemente su cintura por debajo de la sudadera.

Y el corazón empezó a latirle mucho más rápido.

Porque entendía perfectamente hacia dónde iba aquello.

Y no tenía miedo.

Por primera vez…

no tenía miedo.

Nico se separó apenas unos centímetros mirándola directamente.

Como si quisiera asegurarse de algo.

—¿Estás bien?

Emma asintió despacio.

Y luego sonrió un poco.

—Sí.

Nicolás la besó otra vez inmediatamente después de escuchar eso.

Más suave esta vez.

Más cuidadoso.

Como si incluso ahora siguiera preocupado por tratarla bien.

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El apartamento estaba silencioso cuando volvieron.

Solo el sonido lejano del mar entrando por las ventanas abiertas.

Emma sintió nervios otra vez apenas cerraron la puerta.

Pero no nervios malos.

Nervios de importancia.

De saber que iba a recordar esa noche durante muchísimo tiempo.

Nicolás dejó las llaves sobre la mesa lentamente.

Y cuando volvió a mirarla…

Emma sintió el aire desaparecer otra vez.

Porque él también parecía nervioso.

Eso le calmó un poco el corazón.

Nico se acercó despacio.

Dándole espacio suficiente para retroceder si quería.

Emma no lo hizo.

Nunca menos en ese momento.

Él acarició suavemente su rostro.

Y Emma cerró los ojos apenas inclinándose hacia su mano.

—Te juro que no quiero hacer nada que no quieras —murmuró bajito.

Aquello le apretó el pecho de ternura.

Porque claro que Nico diría algo así.

Emma abrió los ojos mirándolo directamente.

—Lo sé.

Y era verdad.

Con él siempre lo sabía.

Por eso podía respirar.

Por eso podía quedarse.

Emma fue quien lo besó esta vez.

Despacio.

Quitándole el miedo poco a poco.

Y Nicolás respondió abrazándola contra él con una suavidad que casi dolía.

Todo ocurrió lento después de eso.

Besos entre respiraciones nerviosas.

Risas pequeñas cuando Emma no conseguía dejar de temblar.

Las manos de Nico acariciándola como si fuera algo importante.

Como si quisiera memorizarla.

Y quizá eso fue lo que hizo que Emma terminara sintiéndose completamente segura.

No había prisa.

No había presión.

Solo ellos.

Solo amor tranquilo llenando cada espacio de la habitación.

Cuando finalmente Emma terminó abrazada contra el pecho de Nico bajo las sábanas, el sonido del mar seguía escuchándose afuera.

Nicolás acariciaba distraídamente su espalda.

Y Emma sintió algo cálido instalándose dentro de ella lentamente.

Paz.

Una paz que nunca había conocido realmente hasta ahora.

—¿En qué piensas? —preguntó él suave.

Emma sonrió apenas contra su piel.

—En que contigo todo deja de doler un rato.

El silencio cayó entre ambos.

Y Nicolás la abrazó un poco más fuerte después de escuchar eso.

Como si quisiera prometerle, sin palabras, que iba a seguir intentándolo cada día.