Capítulo 32
Donde el mundo deja de hacer ruido
Emma supo que algo raro pasaba cuando Nicolás apareció frente a su casa un sábado a las siete de la mañana.
Con casco en mano.
Y cara de estar tramando algo.
—Buenos días —murmuró él apenas Emma abrió la puerta.
Emma lo miró medio dormida.
—Si esto es un secuestro, estoy demasiado cansada para defenderme.
Eso le sacó una pequeña risa.
—Perfecto entonces.
Emma entrecerró los ojos.
—Nico.
Él levantó una mochila negra.
—Haz una maleta pequeña.
Emma parpadeó confundida.
—¿Qué?
—Confía en mí.
Y sinceramente…
esas tres palabras eran peligrosísimas viniendo de él.
—¿A dónde vamos?
Nicolás sonrió apenas.
Y Emma supo inmediatamente que no iba a responder.
—Nico.
—Tienes veinte minutos.
—ESO NO RESPONDE NADA.
Pero él ya estaba alejándose hacia la moto mientras Emma lo veía desde la puerta completamente perdida.
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Treinta minutos después Emma seguía sin saber dónde iban.
Solo sabía tres cosas:
Uno: Nicolás conducía peligrosamente bien.
Dos: abrazarlo desde la moto era oficialmente una de sus cosas favoritas del mundo.
Y tres:
Definitivamente estaban yendo lejos.
El aire golpeaba suavemente su rostro mientras el paisaje cambiaba poco a poco.
Ciudad.
Carretera.
Montañas.
Y finalmente…
mar.
Emma levantó un poco la cabeza inmediatamente.
El olor salado llegó antes que la vista.
Y el corazón le dio un pequeño salto.
Nicolás desaceleró apenas mientras el sonido de las olas empezaba a escucharse a lo lejos.
Emma apoyó automáticamente más la cabeza contra su espalda.
Porque aquello se sentía irreal.
Bonito de una forma tranquila.
Después de casi dos horas de viaje, Nico finalmente detuvo la moto frente a un edificio pequeño cerca de la playa.
Emma se quitó lentamente el casco mirando alrededor.
Apartamentos blancos.
Palmeras moviéndose con el viento.
Y el mar justo al fondo brillando bajo el sol.
Emma giró rápidamente hacia él.
—¿Qué hacemos aquí?
Nicolás se bajó de la moto quitándose el casco también.
El viento despeinó inmediatamente su cabello oscuro.
Y Emma tuvo que recordar cómo respirar.
—Mi tío tiene un apartamento aquí —explicó él—. Me deja usarlo a veces.
Emma abrió un poco los ojos.
—¿Me trajiste de vacaciones?
Él se encogió apenas de hombros.
—Necesitabas descansar.
El pecho de Emma se apretó suavemente.
Porque Nico siempre hacía eso.
Cuidarla en silencio.
Sin convertirlo en algo enorme.
Como si fuera natural preocuparse por ella.
Y quizá para él ya lo era.
Emma sonrió lentamente.
—Creo que estoy enamorada de ti por culpa de esto.
Nicolás soltó una risa baja mientras tomaba las mochilas.
—¿Por culpa de un apartamento feo?
—Por culpa de ti, idiota.
Eso consiguió otra sonrisa pequeña.
Y Emma sintió otra vez ese calor absurdo en el pecho.
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El apartamento era sencillo.
Pequeño.
Pero precioso.
Tenía un balcón enorme con vistas al mar y ventanas abiertas dejando entrar el sonido de las olas constantemente.
Emma dejó la mochila junto al sofá observando todo alrededor.
—Vale… oficialmente quiero vivir aquí.
Nicolás dejó las llaves sobre la mesa.
—En invierno hace muchísimo frío.
—No me importa.
Él sonrió apenas mientras abría una de las ventanas completamente.
El aire marino llenó inmediatamente la habitación.
Emma lo observó en silencio unos segundos.
Y sintió algo extraño dentro del pecho.
Algo tranquilo.
Porque Nico se veía diferente ahí.
Más relajado.
Como si incluso él pudiera respirar mejor lejos de todo.
—Ven —murmuró de repente.
Emma levantó la vista.
Nicolás le tendió la mano.
Y ella la tomó automáticamente.
Siempre lo hacía.
Él la llevó hasta el balcón.
Y Emma dejó escapar aire lentamente al ver el mar extendiéndose frente a ellos.
Inmenso.
Brillante.
Hermoso.
El viento movía suavemente el cabello de ambos mientras el sonido de las olas llenaba todo el silencio.
Emma apoyó los brazos sobre la barandilla.
—Esto parece una película.
Nicolás se quedó observándola.
No el mar.
A ella.
—Sí —murmuró bajito—. Un poco sí.
Emma giró apenas la cabeza hacia él.
Y el corazón volvió a descontrolarse.
Porque Nico tenía esa mirada otra vez.
La peligrosa.
La que siempre parecía decir muchísimo sin usar palabras.
—¿Por qué me trajiste aquí realmente? —preguntó ella suave.
Nicolás bajó la vista un segundo.
Como pensando la respuesta.
—Porque últimamente has estado demasiado dentro de tu cabeza.
Emma se quedó quieta.
Porque tenía razón.
Entre Adrián reapareciendo, el miedo constante y las discusiones…
sí.
Había vuelto a sentirse atrapada en sí misma.
Nico levantó otra vez la mirada hacia ella.
—Y quería regalarte unos días donde pudieras respirar.
El corazón de Emma prácticamente se rompió de ternura.
Porque nadie había cuidado de ella así antes.
Nunca.
Emma dio un pequeño paso hacia él.
Y Nicolás automáticamente apoyó las manos en su cintura.
Natural.
Como si pertenecieran ahí.
—Gracias —susurró ella.
Nico acarició suavemente su cintura con los pulgares.
Y Emma sintió escalofríos.
—No tienes que agradecerme todo.
—Pues voy a hacerlo igual.
Él sonrió apenas.
Y entonces el viento golpeó más fuerte haciendo que Emma se estremeciera.
Nicolás soltó una pequeña risa.
—Entra antes de que te congeles, dramática.
Emma lo agarró de la sudadera antes de que pudiera alejarse.
Nico bajó la vista hacia ella inmediatamente.
Y Emma sintió el corazón latiendo demasiado fuerte otra vez.
—Bésame primero.
El silencio duró apenas un segundo.
Porque Nicolás sonrió.
De esa forma pequeña y real que Emma adoraba.
Y luego la besó despacio mientras el mar seguía sonando detrás de ellos.
Como si el mundo entero se hubiera vuelto más tranquilo solo por un momento.