Playlist para ignorarme Capítulo 31
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Capítulo 31

Hay amores que empiezan a sentirse inevitables

Emma estaba oficialmente obsesionada con mirar su tatuaje.

Llevaba haciéndolo tres días.

Y cada vez que lo veía…

pensaba en Nico.

En sus manos sosteniendo las suyas.

En la forma cuidadosa en que la miraba.

En cómo besó el tatuaje al terminar.

Ridículo.

Completamente ridículo.

—Estás sonriendo otra vez al mirarte la clavícula —dijo Valeria desde el sofá de su habitación.

Emma levantó rápidamente la sudadera.

—No hago eso.

—Emma. Literalmente pareces protagonista de Wattpad.

—Qué horror de frase.

Valeria soltó una carcajada.

—Pues es verdad.

Emma intentó ignorarla mientras guardaba algunos libros en la mochila.

Pero era imposible ocultarlo.

Porque estaba feliz.

Y por primera vez en muchísimo tiempo…

esa felicidad empezaba a pesar más que el miedo.

El móvil vibró sobre la cama.

Nico:

“¿Vienes hoy al estudio?”

Emma sonrió automáticamente.

Valeria la vio.

Y gritó dramáticamente:

—¡DIOS MÍO, LA SONRISA!

Emma le lanzó un calcetín.

—Cállate.

Pero ya estaba escribiendo la respuesta.

“Sí :)”

Nico tardó exactamente diez segundos en responder.

“Trae comida. Martín volvió a quemar algo.”

Emma soltó una risa inmediata.

—¿Qué hizo ahora? —preguntó Valeria curiosa.

—Martín siendo Martín.

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Cuando Emma llegó al estudio, lo primero que escuchó fue:

—¡NO ERA TAN DIFÍCIL APAGAR EL HORNO!

—¡ESTABA EXPERIMENTANDO!

Emma comenzó a reírse incluso antes de entrar completamente.

El estudio olía sospechosamente a pizza quemada.

Martín estaba discutiendo con Clara cerca del pequeño comedor.

Vera leía tranquila en el sofá.

Y Nicolás…

Nicolás estaba sentado detrás del mostrador dibujando algo en una libreta.

Emma sintió el corazón acelerarse apenas lo vio.

Porque seguía pasando.

Todavía le ocurría.

Como si una parte de ella siempre reaccionara automáticamente a él.

Nico levantó la vista.

Y sonrió apenas al verla.

Eso fue suficiente para destruirla emocionalmente otra vez.

—Hola —murmuró ella acercándose.

—Hola.

Nicolás estiró una mano hacia ella inmediatamente.

Como si fuera algo natural ya.

Emma entrelazó los dedos con los suyos sin pensar.

Y el pecho se le calentó suavemente.

Porque le encantaba que aquello empezara a sentirse normal.

—Traje comida —dijo levantando una bolsa.

Martín apareció mágicamente.

—Emma, literalmente eres la mejor persona de este grupo.

—Eso duele —murmuró Valeria entrando detrás de ella.

—Tú me insultas diariamente.

—Porque te lo ganas.

El estudio volvió a llenarse de ruido y conversaciones cruzadas.

Pero Emma apenas prestaba atención.

Porque Nico seguía acariciando distraídamente sus dedos mientras hablaba con Martín.

Pequeños gestos.

Pequeñas cosas.

Y aun así…

Emma sentía que el corazón le explotaba igual.

---

Más tarde terminaron todos tirados en el sofá viendo una película horrible que Martín eligió “irónicamente”.

Spoiler:

No era irónica.

Era simplemente mala.

Emma estaba sentada entre Vera y Nicolás, apoyada suavemente contra el hombro de este último.

Y sinceramente…

se sentía demasiado bien.

Demasiado fácil.

Nico tenía un brazo alrededor de ella mientras la otra mano jugaba distraídamente con sus dedos.

Emma ya ni siquiera sabía cuándo empezaron a hacer eso constantemente.

Simplemente había ocurrido.

Como todo con ellos.

Natural.

—Esta película me está quitando años de vida —murmuró Vera.

—No entiendes el cine —respondió Martín indignado.

—Esto parece grabado con una tostadora.

Emma soltó una pequeña risa escondiendo la cara un segundo contra el hombro de Nico.

Él bajó apenas la cabeza hacia ella.

—¿Te estás durmiendo?

Emma negó suavemente.

—Solo estoy cómoda.

Sintió cómo Nico sonreía apenas contra su cabello.

Y el corazón volvió a hacer cosas estúpidas.

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La película terminó eventualmente entre quejas generales y burlas hacia Martín.

Clara y Vera se fueron primero.

Luego Valeria arrastró a Martín fuera del estudio porque “la sociedad no necesitaba más de sus recomendaciones cinematográficas”.

Y de pronto…

solo quedaron Emma y Nico.

El silencio llenó lentamente el lugar.

Pero no era incómodo.

Nunca lo era con él.

Emma observó distraídamente los dibujos abiertos sobre el mostrador.

—¿Qué estabas haciendo antes?

Nico miró la libreta.

Y automáticamente pareció un poco avergonzado.

Eso llamó la atención de Emma inmediatamente.

—¿Qué?

Él dudó apenas un segundo antes de girar la libreta hacia ella.

Emma bajó la vista.

Y dejó de respirar.

Era ella.

Un dibujo de ella riéndose.

Con líneas suaves y sombras rápidas.

Pero era claramente Emma.

La forma de sus ojos.

Su sonrisa.

El cabello cayendo sobre su rostro.

Todo.

Emma levantó lentamente la vista hacia él.

Nicolás ya no la estaba mirando.

Como si de repente el suelo fuera interesantísimo.

—¿Me dibujaste?

—Tal vez.

Emma sintió el pecho derritiéndose completamente.

—Nico…

Él soltó una pequeña risa nerviosa.

—No sabía que ibas a verlo.

Emma volvió a mirar el dibujo.

Y algo dentro de ella se apretó tan fuerte que casi dolió.

Porque nadie la había mirado nunca así.

Como alguien digno de ser recordado en papel.

—Es precioso —susurró.

Nicolás levantó la vista lentamente.

Y Emma sintió otra vez esa intensidad peligrosa en sus ojos.

—Es fácil dibujarte.

Silencio.

Emma dejó de respirar correctamente.

Porque Nicolás siempre decía las cosas más bonitas como si no entendiera el efecto que tenían.

Ella cerró despacio la libreta.

Y luego dio un paso hacia él.

Muy pequeño.

Nico bajó automáticamente la mirada hacia sus labios.

Y Emma sintió el corazón acelerándose otra vez.

Ridículo.

Después de todo ese tiempo…

seguía sintiéndose así.

Como el principio de algo.

Nicolás apoyó suavemente una mano en su cintura.

Y Emma levantó apenas la vista hacia él.

—¿Sabes qué pensé hoy? —murmuró ella.

—¿Qué cosa?

Emma sonrió un poco.

—Que ya no me da tanto miedo querer a alguien.

La expresión de Nico cambió completamente.

Más suave.

Más vulnerable.

Y Emma supo inmediatamente que él entendía la importancia de esa frase.

Porque conocía el miedo que había detrás.

Nicolás acarició lentamente su cintura con el pulgar.

—¿Y eso es bueno?

Emma lo observó unos segundos.

Y entonces respondió la verdad.

—Contigo sí.

El silencio entre ellos se volvió pequeño.

Íntimo.

Como si el mundo entero se hubiera detenido solo un momento.

Y cuando Nico la besó…

Emma pensó que quizá algunas personas llegaban a tu vida justo para enseñarte que el amor no siempre tenía que doler.