Playlist para ignorarme Capítulo 30
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Capítulo 30

Para llevar algo de ti conmigo

—Ni de broma.

Emma levantó la vista desde el sofá del estudio.

Nicolás estaba apoyado contra el mostrador con los brazos cruzados y una expresión de absoluto desacuerdo.

—¿Por qué no?

—Porque no voy a tatuarte algo impulsivo que después odies.

Emma frunció el ceño.

—No es impulsivo.

—Emma, hace dos días querías tatuarte una frase en élfico porque viste TikTok a las tres de la mañana.

—ESO FUE DIFERENTE.

Martín soltó una carcajada desde el fondo del estudio.

—Yo apoyo el caos.

—Tú no ayudas nunca —respondió Nico sin apartar la mirada de Emma.

Ella se levantó acercándose al mostrador.

—Lo digo en serio.

Nicolás la observó unos segundos.

Y Emma notó inmediatamente que estaba intentando averiguar si hablaba de verdad.

Spoiler:

Sí.

Muchísimo.

—¿Qué quieres tatuarte? —preguntó finalmente.

Emma dudó apenas un segundo.

Y luego sacó un pequeño papel doblado del bolsillo de su sudadera.

Nico arqueó una ceja tomándolo.

Cuando lo abrió…

se quedó callado.

Era un dibujo pequeño.

Muy pequeño.

Una estrella.

Simple.

Minimalista.

Pero dentro tenía una línea diminuta formando una galaxia.

Emma jugueteó nerviosamente con las mangas.

—Porque me enseñaste Star Wars —murmuró—. Y porque contigo todo empezó a sentirse… menos oscuro.

El silencio cayó completamente en el estudio.

Martín dejó lentamente el móvil.

Valeria abrió mucho los ojos.

Y Nicolás…

Nicolás simplemente la miraba.

De esa forma intensa que siempre conseguía dejarla sin respirar.

Emma empezó a ponerse nerviosa.

—Vale, quizá suena cursi dicho en voz alta.

Nico seguía callado.

Y eso era peor.

Mucho peor.

—Nico.

Él bajó lentamente la vista otra vez hacia el dibujo.

Y Emma vio algo peligroso en su expresión.

Algo suave.

Demasiado suave.

—Joder, Emma…

Su voz salió bajita.

Casi rota.

El corazón de Emma se descontroló inmediatamente.

Valeria se giró dramáticamente hacia Martín.

—Voy a llorar.

—Yo ya estoy llorando.

—Vosotros dos sois insoportables —murmuró Nico aunque claramente estaba intentando no sonreír.

Emma soltó una pequeña risa nerviosa.

—Entonces… ¿me lo harías?

Nicolás levantó la vista hacia ella otra vez.

Y Emma sintió el pecho apretarse porque él parecía afectado de verdad.

Mucho más de lo que esperaba.

—¿Estás segura?

Ella asintió despacio.

Completamente.

Nico observó el dibujo un momento más antes de suspirar.

—Vale.

Emma sonrió inmediatamente.

Y Nicolás tuvo que apartar la mirada un segundo como si eso fuera demasiado para él.

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Una hora después Emma estaba sentada en la camilla intentando no entrar en pánico.

—Estoy bien —mintió.

Valeria se rio desde el sofá.

—Tienes cara de que vas a desmayarte.

—No ayuda.

Nicolás apareció delante de ella ajustándose los guantes negros.

Y Emma olvidó respirar un segundo.

Porque sinceramente debería ser ilegal verse así de bien tatuando.

—Mírame —dijo él suavemente.

Emma levantó la vista.

Y automáticamente se calmó un poco.

Porque Nico tenía esa expresión tranquila otra vez.

La que siempre conseguía hacerle sentir segura.

—Si quieres parar, paramos.

Emma negó rápidamente.

—No. Quiero hacerlo.

Nicolás asintió despacio.

Y entonces tomó suavemente su muñeca.

El tatuaje iba justo debajo de la clavícula.

Pequeño.

Discreto.

Pero importante.

Emma sintió escalofríos cuando los dedos de Nico rozaron su piel acomodando la zona.

—Estás temblando —murmuró él.

—Porque me vas a apuñalar con una aguja.

Eso le sacó una risa baja.

Y Emma pensó peligrosamente que quizá le gustaba demasiado ser capaz de hacerlo reír así.

Nico levantó la máquina.

—Lista?

Emma respiró hondo.

—No.

—Perfecto.

—Nico.

Él sonrió apenas.

Y empezó.

Emma soltó aire inmediatamente.

—Vale, duele.

—Te lo advertí.

—Siento que me traicionaste emocionalmente.

Valeria estaba literalmente grabando un vídeo llorando de risa.

—Esto es cine.

Martín levantó el pulgar.

—Estoy orgulloso de vosotros.

—¿Podéis callaros? —murmuró Emma.

Nicolás seguía concentrado tatuando.

Pero Emma notó algo.

La forma en que la tocaba era increíblemente cuidadosa.

Como si incluso haciendo eso tuviera miedo de hacerle daño.

Y el pecho se le apretó suavemente.

Porque Nico era así.

Siempre intentando tratarla con cuidado.

Aunque él mismo estuviera lleno de miedo también.

Después de unos minutos, Emma giró apenas la cabeza hacia él.

—Estás muy concentrado.

—Estoy intentando que no termines con una patata tatuada.

—Qué romántico.

Eso consiguió sacarle otra sonrisa pequeña.

Y Emma sintió el corazón haciendo cosas estúpidas otra vez.

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Cuando terminó, Nicolás limpió suavemente la zona tatuada.

—Ya está.

Emma bajó la vista inmediatamente.

Y dejó de respirar un segundo.

Era precioso.

La estrella pequeña parecía delicada sobre su piel.

Y la galaxia dentro se veía exactamente como ella la imaginó.

Pero lo importante no era el dibujo.

Era lo que significaba.

Emma levantó lentamente la vista hacia Nico.

—Me encanta.

Nicolás la observó en silencio.

Y Emma sintió el pecho apretarse porque él parecía demasiado afectado otra vez.

Como si verla llevar algo así en la piel le removiera cosas por dentro.

—Ven a verla, dramática —gritó Valeria acercándose.

Cinco minutos después el estudio entero estaba admirando el tatuaje como si fuera una obra de museo.

—Es oficialmente el gesto más enamorado del mundo —dijo Martín.

Emma se tapó la cara inmediatamente.

—Calla.

Pero entonces sintió una mano tomando la suya suavemente.

Nicolás.

Emma levantó la vista.

Y lo encontró mirándola de esa forma otra vez.

Como si no supiera qué hacer con todo lo que sentía.

—Gracias por dejarme hacerte esto —murmuró bajito.

Emma sonrió apenas.

—Gracias por convertirte en algo importante para mí.

El silencio cayó un segundo entre ambos.

Y luego Nicolás se inclinó despacio hacia ella.

Besándola suavemente justo al lado del nuevo tatuaje.

Como si entendiera perfectamente lo que significaba.