Capítulo 28
Lo esencial es invisible a los ojos
Emma no había dejado de pensar en Lucía en toda la semana.
En su manera de hablar sin filtros.
En cómo abrazaba fuerte cuando se emocionaba.
Y en la forma en que había mirado sus libros la última vez, como si quisiera leerlos todos aunque todavía fuera pequeña.
Por eso ahora estaba parada dentro de una librería sosteniendo un ejemplar de El Principito entre las manos.
La portada era preciosa.
Azul oscuro.
Pequeñas estrellas.
Y dibujos suaves en acuarela.
Emma sonrió apenas pasando los dedos por el borde del libro.
—Ese es bonito.
Emma levantó la vista.
La dependienta sonreía desde el otro lado de la estantería.
—Es para alguien especial —murmuró Emma.
Y lo era.
Mucho más de lo que esperaba.
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—¿Por qué sonríes así?
Emma levantó la cabeza inmediatamente.
Valeria estaba sentada frente a ella en la cafetería del instituto observándola sospechosamente.
Emma escondió rápidamente la bolsa de la librería.
—No sonrío raro.
—Pareces protagonista de película romántica independiente.
—Eso ni siquiera tiene sentido.
Valeria entrecerró los ojos.
—¿Qué has comprado?
Emma dudó un segundo antes de sacar el libro.
La expresión de Valeria cambió automáticamente.
—Oh.
Emma miró la portada otra vez.
—Pensé que podría gustarle.
Valeria sonrió suavemente.
—Emma… eso es demasiado tierno.
Ella se encogió un poco de hombros.
—Lucía me recordó a mí cuando era pequeña.
Eso hizo que Valeria bajara la mirada hacia el libro otra vez.
Y cuando habló, su voz salió más suave.
—Entonces seguro le encanta.
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Esa tarde Emma estaba oficialmente nerviosa otra vez.
Porque aparentemente la familia de Nico tenía el poder de convertirla en un desastre emocional.
Nicolás abrió la puerta del apartamento y sonrió apenas al verla.
—Hola.
—Hola.
Emma levantó la bolsa ligeramente.
—Traigo una misión importante.
Él arqueó una ceja divertido.
—Eso suena preocupante.
—Lo es.
Nicolás la dejó entrar todavía sonriendo.
Y Emma sintió otra vez esa sensación cálida al estar ahí.
El apartamento ya empezaba a sentirse familiar.
Como un lugar donde podía relajarse.
Y eso seguía dándole un poco de miedo.
Antes de que pudiera decir nada más, unos pasos pequeños sonaron por el pasillo.
—¡EMMA!
Lucía apareció corriendo otra vez.
Y Emma sonrió automáticamente.
—Hola, peque.
La niña la abrazó sin ningún tipo de duda.
Emma sintió el corazón derritiéndose completamente.
—Nico dijo que venías —explicó Lucía soltándola—. Y le gané a la consola hoy.
—Eso es mentira —murmuró Nico desde atrás.
—Perdiste.
—Fue una derrota táctica.
Emma comenzó a reírse mientras Lucía ponía los ojos en blanco exactamente igual que su hermano.
Genética potente.
—Tengo algo para ti —dijo Emma agachándose un poco.
Lucía abrió muchísimo los ojos.
—¿Para mí?
Emma asintió y le tendió la bolsa.
La niña la tomó emocionada y empezó a sacar el libro cuidadosamente.
En cuanto vio la portada…
se quedó callada.
Emma sintió un pequeño nudo nervioso en el pecho.
—Es mi libro favorito —explicó suavemente—. Bueno… uno de ellos.
Lucía pasó los dedos por el dibujo del principito.
—Es bonito…
Emma sonrió.
—Quería regalártelo.
La niña levantó lentamente la vista hacia ella.
Y entonces hizo algo que casi mata emocionalmente a Emma.
La abrazó fuerte.
Muy fuerte.
—Gracias —susurró.
Emma cerró los ojos un segundo abrazándola también.
Y sintió algo cálido expandirse dentro del pecho.
Algo parecido a ternura pura.
Cuando Lucía se separó, salió corriendo hacia el sofá para empezar a hojear el libro inmediatamente.
Emma la observó riéndose bajito.
Y entonces notó la mirada de Nicolás sobre ella.
Giró apenas la cabeza.
Y lo encontró observándola de esa manera otra vez.
Demasiado suave.
Demasiado intensa.
Emma sintió calor en las mejillas automáticamente.
—¿Qué? —murmuró.
Nicolás negó despacio sin apartar la vista.
—Nada.
—Mientes fatal.
Él soltó una pequeña risa.
Y luego se acercó lentamente a ella.
Muy cerca.
Emma dejó de respirar correctamente.
Porque seguía sin acostumbrarse a cómo la miraba.
Como si estuviera descubriendo algo importante constantemente.
—Eres buena con ella —dijo bajito.
Emma miró hacia Lucía sentada leyendo en el sofá.
—Es fácil quererla.
Nicolás se quedó callado unos segundos.
Y entonces respondió algo tan suave que casi le dolió.
—A ti también.
El corazón de Emma prácticamente explotó.
Ella bajó rápidamente la mirada intentando esconder la sonrisa nerviosa que apareció sola.
—No puedes decir esas cosas así porque sí.
—Sí puedo.
Emma soltó una pequeña risa avergonzada.
Y Nicolás aprovechó ese momento para tomar suavemente su mano.
Entrelazando los dedos despacio.
Natural.
Como si llevaran haciéndolo toda la vida.
Desde el sofá, Lucía levantó de repente la vista del libro.
—¿Sabéis que eso es romántico, no?
Emma se atragantó con el aire.
Nicolás cerró los ojos resignado.
Y Lucía sonrió satisfecha antes de volver a su lectura.
—Me caéis bien juntos —añadió tranquilamente.
Emma comenzó a reírse otra vez.
Y Nico también terminó haciéndolo.
Mientras El Principito descansaba abierto sobre las piernas de Lucía…
y algo dentro de Emma empezaba a sentirse exactamente igual que una frase de ese libro:
Lo esencial no siempre se ve inmediatamente.
Pero se siente.