Playlist para ignorarme Capítulo 25
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Capítulo 25

Cosas pequeñas que se sienten enormes

—No toques nada.

Emma levantó lentamente las manos mientras Nicolás protegía dramáticamente la caja del LEGO de Darth Vader.

—Solo quería ayudar.

—Exacto. Ese es el peligro.

Emma soltó una risa.

Estaban solos en el apartamento de Nico.

Bueno, técnicamente su hermano estaba trabajando en la habitación del fondo, pero eso no contaba.

El salón estaba lleno de piezas de LEGO sobre la mesa baja, envoltorios abiertos y manuales extendidos.

Y Nicolás parecía peligrosamente feliz.

Emma lo observó mientras se sentaba en el suelo frente a la mesa.

Llevaba gafas porque “sus ojos ya no funcionaban después de cierta hora”, según él.

Y sinceramente…

Emma pensaba que jamás había visto algo tan adorable en toda su vida.

—Estás sonriendo otra vez —murmuró Nico sin levantar la vista.

Emma casi se atragantó con el refresco.

—¿Qué?

Ahora sí levantó la cabeza.

Y automáticamente sonrió también al verla nerviosa.

—Llevas mirándome raro desde que llegaste.

Emma escondió media cara detrás del vaso.

—No te miro raro.

—Ajá.

—Cállate y construye tu muñeco traumático espacial.

Nico soltó una risa baja.

—Es Darth Vader. Ten respeto.

Emma se acomodó mejor junto a él en el suelo mientras observaba las instrucciones.

—Vale… esto parece complicado.

—Porque tú no entiendes el arte.

—Son bloques de plástico.

Nicolás giró lentamente la cabeza hacia ella como si acabara de insultar a toda su familia.

—Retira eso ahora mismo.

Emma comenzó a reírse.

Y Nico terminó riéndose también.

Aquello seguía sorprendiéndola.

La facilidad con la que él sonreía más ahora.

Como si hubiera empezado a bajar ciertas defensas sin darse cuenta.

Emma tomó una pieza pequeña del montón.

—¿Y esta dónde va?

Nico entrecerró los ojos.

—No lo sé. ¿Por qué tienes esa?

—Porque estoy ayudando.

—Estás destruyendo el orden natural del universo.

—Qué dramático eres.

Nicolás le quitó suavemente la pieza de los dedos.

Y Emma sintió algo absurdo en el pecho solo por ese roce pequeño.

Ridículo.

Completamente ridículo.

---

Una hora después…

El salón era oficialmente un desastre.

Había piezas por todas partes.

Emma estaba envuelta en una manta enorme de Nico.

Y Darth Vader ya empezaba a tener forma.

—Estoy orgullosa de nosotros —murmuró ella observando la figura.

Nico acomodó una pieza más antes de responder.

—Habla por ti. Yo hice el trabajo duro.

Emma le dio un pequeño golpe en el hombro.

—Mentira.

Él sonrió apenas.

Y luego se quedó mirándola unos segundos de más.

Emma lo notó inmediatamente.

—¿Qué?

Nicolás apoyó distraídamente un brazo sobre el sofá detrás de ella.

—Nada.

—Eso nunca significa nada bueno.

—Solo estaba pensando.

Emma suspiró dramáticamente.

—Otra vez no.

Eso le sacó una risa suave.

Y Emma sintió el corazón haciendo cosas peligrosas otra vez.

Nico bajó la mirada hacia las piezas un momento antes de hablar.

—No estoy acostumbrado a esto.

Emma inclinó un poco la cabeza.

—¿A qué cosa?

Silencio.

Nicolás jugueteó distraídamente con una figura pequeña entre los dedos.

—A que alguien quiera estar conmigo así.

Aquello le apretó el pecho inmediatamente.

Porque lo dijo tan honestamente…

tan bajito…

como si todavía no terminara de creérselo.

Emma dejó lentamente la pieza que tenía en las manos.

—Nico.

Él levantó apenas la vista.

Emma sonrió suave.

—Me gusta estar contigo incluso cuando te conviertes en un señor obsesionado con LEGO.

Eso consiguió hacerlo reír bajito otra vez.

Pero Emma siguió hablando.

Porque necesitaba que entendiera algo.

—No tienes que ganarte que te quieran todo el tiempo.

Nicolás se quedó completamente quieto.

Emma sintió el corazón latiéndole fuerte.

Porque sabía que estaba tocando una parte sensible de él.

—A veces la gente simplemente… se queda porque sí.

El silencio cayó lentamente entre los dos.

Nicolás la observaba de una forma que hacía imposible respirar bien.

Como si Emma acabara de decir algo importante.

Algo que nadie le había dicho antes.

Y quizá era verdad.

Nico bajó la mirada un segundo.

Luego volvió a levantarla.

Y Emma vio claramente el miedo pequeño escondido ahí.

Ese miedo constante a perder las cosas buenas.

—Tú haces que parezca fácil quedarse —murmuró él.

Emma sintió el pecho derritiéndose completamente.

Porque Nicolás siempre decía las cosas de la manera más devastadora posible.

Ella sonrió nerviosa.

—Eso ha sido muy bonito y odio que lo hayas dicho tan tranquilo.

Él soltó una pequeña risa.

—Perdón.

—No, mentira. Repite.

Nicolás negó con la cabeza sonriendo apenas.

Emma lo observó unos segundos.

Y entonces hizo algo impulsivo.

Se acercó.

Muy poquito.

Lo suficiente para apoyar suavemente la cabeza sobre su hombro.

Sintió cómo Nico se quedaba quieto apenas un instante.

Y luego relajarse lentamente.

Como si aquello también empezara a sentirse natural.

Emma cerró los ojos un segundo.

Escuchando su respiración.

Sintiendo el calor de él cerca.

Y pensó algo que le dio un poco de miedo.

Nunca había sido tan feliz en algo tan simple.

No hacían nada extraordinario.

Solo estaban construyendo un LEGO en el suelo de un salón desordenado.

Y aun así…

Emma sabía que iba a recordar ese momento durante muchísimo tiempo.

—Creo que acabas de poner la pieza al revés —murmuró ella de repente.

Nicolás abrió los ojos inmediatamente.

—¿Qué?

Emma comenzó a reírse.

Y cinco segundos después él también.

Mientras Darth Vader los observaba desde la mesa como testigo silencioso de algo que empezaba a parecerse demasiado al amor.