Playlist para ignorarme Capítulo 24
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Capítulo 24

Las cosas que significan “te conozco”

—¿CÓMO QUE SU CUMPLEAÑOS ES MAÑANA?

Valeria apartó el móvil lentamente.

—…¿No lo sabías?

Emma la miró horrorizada desde el sofá del estudio.

—¡NO!

Martín soltó una carcajada desde el otro lado de la sala.

—Nico literalmente odia celebrar cumpleaños. Era probable que nunca lo dijera.

Emma se levantó inmediatamente.

—¿Y NADIE PENSABA CONTARME ESTO?

—Técnicamente acabamos de hacerlo —murmuró Vera.

Emma comenzó a caminar nerviosamente por el estudio.

—No tengo regalo. No tengo nada. Voy a morir.

Valeria sonrió peligrosamente.

—Oh, estás enamoradísima.

—No es el momento.

Emma agarró el móvil desesperada.

—¿Qué se le regala a un chico emocionalmente complicado que ama Star Wars y parece vivir permanentemente cansado?

Martín levantó una mano.

—Terapia.

Valeria le lanzó un cojín a la cabeza.

—Ignóralo.

Emma se dejó caer otra vez en el sofá pensando rápido.

Y entonces recordó algo.

Una tarde en el estudio.

Nico hablando durante media hora sobre Darth Vader como si fuera un análisis filosófico profundo.

Y otra donde casi se emocionó explicando detalles absurdos de las naves de Star Wars.

Emma sonrió apenas.

Ya sabía qué regalarle.

---

Al día siguiente Emma estaba oficialmente nerviosa.

Muy nerviosa.

Demasiado nerviosa para alguien que simplemente iba a darle un regalo a su novio-no-del-todo-novio.

La bolsa descansaba sobre sus piernas mientras esperaba fuera del estudio.

Dentro estaba:

Un LEGO de Darth Vader.

Y una figura coleccionable pequeña de una nave de Star Wars que Martín le ayudó a encontrar después de escucharla entrar en pánico durante cuarenta minutos.

Emma esperaba que a Nico le gustara.

Aunque sinceramente… le aterrorizaba más la posibilidad de que se emocionara demasiado.

Porque Nicolás sintiendo cosas fuertes era peligrosísimo para su corazón.

Respiró hondo antes de entrar finalmente al estudio.

—¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ANCIANO! —gritó Valeria inmediatamente.

Nicolás, sentado detrás del mostrador, levantó la vista lentamente.

—Tengo veintidós.

—Exacto. Anciano.

Martín chocó la mano con Clara mientras Vera soltaba una pequeña risa.

Emma observó a Nico unos segundos.

Y automáticamente sonrió.

Llevaba una sudadera negra enorme y tenía cara de no entender por qué había tanta gente haciendo ruido por él.

Muy Nico.

Cuando la vio acercarse…

su expresión cambió un poco.

Más suave.

—Hola —murmuró ella.

—Hola.

Emma sintió el corazón acelerarse igual que siempre.

Ridículo.

Completamente ridículo.

—¿Por qué tienes esa cara? —preguntó Nico entrecerrando un poco los ojos.

Emma escondió rápidamente la bolsa detrás de la espalda.

—No tengo ninguna cara.

—Mentirosa.

Valeria apareció de la nada.

—TIENE UN REGALO Y LLEVA TODA LA MAÑANA EN CRISIS EXISTENCIAL.

—¡VALERIA!

Nicolás soltó una pequeña risa.

Y Emma decidió oficialmente que iba a matar a su amiga.

—Ven conmigo un segundo —murmuró rápidamente agarrando la manga de la sudadera de Nico antes de que alguien más hablara.

Él arqueó una ceja divertido.

—¿Me estás secuestrando en mi cumpleaños?

—Sí. Camina.

Lo llevó hasta la parte trasera del estudio mientras escuchaba a Martín gritar:

—¡SI HAY BESOS QUIERO DETALLES!

Emma cerró los ojos un segundo avergonzada.

Nicolás estaba riéndose bajito cuando llegaron al patio.

Y honestamente…

Emma habría hecho cualquier cosa por escuchar más esa risa.

—Vale —murmuró ella girándose hacia él—. Toma.

Le tendió la bolsa intentando parecer tranquila.

No lo consiguió.

Nico la observó unos segundos.

Y Emma empezó a ponerse más nerviosa cada segundo que pasaba.

—No era necesario —dijo él suavemente.

—Lo sé. Pero quería hacerlo.

El silencio cayó un momento.

Nicolás tomó finalmente la bolsa.

Emma observó atentamente su expresión mientras él sacaba primero la caja del LEGO.

Y entonces pasó algo maravilloso.

Nico se quedó completamente quieto.

Mirando la caja como si acabara de reiniciarse emocionalmente.

Emma sintió el corazón derritiéndose lentamente.

—Emma…

Su voz salió más baja de lo normal.

Sorprendida.

Luego sacó la figura de la nave.

Y Emma juraba que jamás había visto a alguien mirar un regalo con tanta felicidad contenida.

Nicolás levantó lentamente la vista hacia ella.

Y Emma dejó de respirar un segundo.

Porque se veía…

emocionado.

De verdad.

—¿Te gusta? —preguntó bajito.

Él soltó una pequeña risa incrédula.

—¿Me estás preguntando eso mientras sostengo literalmente a Darth Vader?

Emma se rio nerviosa.

—Entonces supongo que sí.

Nicolás volvió a mirar los regalos.

Y Emma vio algo peligroso en su expresión.

Algo suave.

Demasiado suave.

—Nadie me había regalado algo tan pensado antes.

Aquello le golpeó directo al pecho.

Porque lo dijo como alguien genuinamente sorprendido de que lo conocieran tan bien.

Emma sintió un pequeño dolor bonito dentro.

—Bueno… te escucho cuando hablas.

Nicolás levantó la vista otra vez.

Y la forma en que la miró hizo que el corazón de Emma se descontrolara completamente.

Como si esa frase significara muchísimo más para él de lo que parecía.

Él dejó cuidadosamente las cajas sobre una silla cercana.

Y luego volvió hacia ella lentamente.

Emma dejó de respirar.

Porque Nico tenía esa mirada otra vez.

La peligrosa.

La que siempre aparecía justo antes de hacerle olvidar cómo funcionaba el mundo.

—Ven aquí —murmuró él.

Emma apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Nicolás la abrazara fuerte contra él.

Muy fuerte.

Y aquello la destruyó emocionalmente más que cualquier beso.

Porque Nico no abrazaba así normalmente.

Como si necesitara quedarse ahí un momento más.

Emma escondió la cara contra su pecho sonriendo sin poder evitarlo.

—Feliz cumpleaños —susurró.

Sintió la respiración de Nico sobre su cabello antes de responder.

—Creo que acaba de convertirse en el mejor que tuve nunca.

Y Emma supo entonces…

que jamás volvería a mirar un LEGO de Darth Vader de la misma manera.