Capítulo 22
La clase de noche que se queda contigo
Emma llevaba exactamente veinte minutos cambiándose de ropa.
Y empezaba a odiarse un poco por ello.
—Es literalmente una cita, no una entrevista para la NASA —dijo Valeria tirada sobre su cama.
Emma la ignoró mientras volvía a mirarse al espejo.
—¿Y si voy demasiado arreglada?
—Imposible. Nico probablemente aparecerá con camiseta negra emocionalmente deprimida número siete.
Emma soltó una pequeña risa nerviosa.
Porque eso era bastante probable.
Valeria la observó unos segundos antes de sonreír.
—Te gusta muchísimo.
Emma bajó la mirada inmediatamente.
—Sí…
Y decirlo en voz alta seguía dando miedo.
Porque nunca había tenido algo así.
Algo tranquilo.
Algo que no doliera constantemente.
Con Nicolás todo era nuevo.
Incluso los nervios.
Porque no eran nervios de miedo.
Eran nervios de importar demasiado.
El móvil vibró sobre la cama.
“Estoy abajo.”
El corazón de Emma se aceleró automáticamente.
Valeria dio un grito dramático.
—¡VE CON TU TATUADOR TRISTE!
—Cállate.
—¡Y BÉSALO POR MÍ!
—VALERIA.
Emma terminó saliendo entre las risas de su amiga y bajó las escaleras intentando controlar el corazón.
Pero entonces lo vio.
Y empeoró.
Nicolás estaba apoyado contra su coche mirando el móvil.
Vaqueros negros.
Sudadera gris oscura.
El cabello ligeramente despeinado.
Y esa cara de chico emocionalmente inaccesible que, sinceramente, debería ser ilegal.
Cuando levantó la vista y la vio acercarse…
su expresión cambió completamente.
Emma sintió el calor subirle al rostro.
—Hola —murmuró ella.
Nico la observó unos segundos antes de responder.
—Hola.
Silencio.
Pero no incómodo.
Solo lleno de esa tensión suave que aparecía cada vez que estaban solos.
—Te ves bonita —dijo él finalmente.
Emma casi deja de respirar.
Porque Nicolás no soltaba cumplidos así porque sí.
Cuando decía algo… lo sentía de verdad.
—Gracias —respondió intentando sonar normal.
No lo consiguió.
Nico sonrió apenas.
Y abrió la puerta del coche para ella.
Emma sintió el corazón derritiéndose un poco más.
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—¿A dónde vamos?
Nicolás miró la carretera unos segundos antes de responder.
—Sorpresa.
Emma arqueó una ceja.
—Eso suena sospechoso.
—Confía en mí.
Y lo peor era que sí confiaba.
Completamente.
El viaje estuvo lleno de música baja y conversaciones pequeñas.
Emma descubrió que le encantaba escuchar a Nico hablar cuando se relajaba.
Porque normalmente era callado.
Pero cuando algo realmente le gustaba…
hablaba distinto.
Más vivo.
Y ahora estaba explicándole por qué cierta película de ciencia ficción era una obra maestra incomprendida.
—Literalmente nadie piensa eso menos tú.
—Porque nadie tiene criterio.
Emma soltó una risa.
Nico giró apenas la cabeza hacia ella un segundo.
Y sonrió también.
Como si escucharla reír se hubiera convertido en una de sus cosas favoritas.
Aquello le revolvió todo el pecho.
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Cuando llegaron, Emma parpadeó sorprendida.
—¿Un autocine?
Nico se encogió de hombros intentando parecer tranquilo.
—Pensé que te gustaría.
Emma lo miró unos segundos.
Y algo dentro de ella se derritió completamente.
Porque claro que le gustaría.
Era perfecto.
Demasiado perfecto.
—Me encanta —dijo sinceramente.
Y Nico pareció relajarse apenas después de escuchar eso.
El lugar estaba lleno de coches y luces suaves.
El cielo comenzaba a oscurecer lentamente mientras la pantalla gigante iluminaba todo alrededor.
Nicolás aparcó en una esquina tranquila.
Y Emma sintió algo extraño.
Como si estuviera viviendo una escena de una película.
—Vale —murmuró ella saliendo del coche—. Esto es oficialmente adorable.
—No uses esa palabra conmigo.
—Demasiado tarde.
Nico rodó los ojos aunque claramente estaba conteniendo una sonrisa.
Había llevado mantas.
Y comida.
Emma casi se enamora un poco más por eso.
Se acomodaron en la parte trasera del coche mientras comenzaba la película.
Y durante los primeros veinte minutos todo fue relativamente normal.
Hasta que Emma notó algo.
Nicolás apenas estaba mirando la pantalla.
—¿Qué? —preguntó ella divertida.
Él apartó la mirada rápidamente.
—Nada.
Emma entrecerró los ojos.
—Me estás mirando.
—Tal vez.
—Nico.
Él soltó una pequeña risa baja.
—La película no es tan interesante.
Emma sintió el corazón acelerarse otra vez.
Y decidió mirar la pantalla porque si seguía observándolo demasiado tiempo iba a morir probablemente.
Pasaron unos minutos.
Y entonces sintió algo rozando suavemente su mano.
Emma bajó la vista.
Nicolás estaba moviendo apenas los dedos cerca de los suyos.
Como si dudara.
Emma sonrió sin que él la viera.
Y lentamente entrelazó sus dedos con los de él.
Nico se quedó quieto un segundo.
Luego apretó suavemente su mano.
El pecho de Emma explotó emocionalmente.
—Qué vergüenza me dais —murmuró ella intentando ocultar la sonrisa.
—No te estás quejando.
No.
No lo estaba haciendo.
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A mitad de la película comenzó a hacer frío.
Emma se abrazó un poco a sí misma automáticamente.
Y Nico lo notó enseguida.
Sin decir nada, acomodó mejor la manta sobre ella.
Luego dudó un segundo.
Y pasó un brazo alrededor de sus hombros.
Emma dejó de respirar.
Porque seguía sin acostumbrarse a esto.
A alguien siendo cuidadoso con ella.
Suave.
Nicolás bajó un poco la voz.
—¿Está bien así?
Emma levantó la vista hacia él.
Y ahí estaba otra vez.
Ese miedo pequeño en sus ojos.
El miedo de hacer algo incorrecto.
Emma apoyó lentamente la cabeza sobre su hombro.
—Sí.
Sintió cómo Nico soltaba aire lentamente.
Como si también necesitara escuchar eso.
La película siguió avanzando.
Pero honestamente Emma ya no estaba prestando demasiada atención.
Porque Nicolás olía a café y colonia suave.
Porque su pulgar acariciaba distraídamente su brazo.
Porque cada vez que ella levantaba la vista…
él ya la estaba mirando.
Y aquello era peligrosísimo.
—¿Sabes qué me gusta de ti? —preguntó Emma bajito después de un rato.
Nico arqueó apenas una ceja.
—¿Qué cosa?
Emma pensó unos segundos.
—Que nunca me haces sentir demasiado.
El silencio cayó inmediatamente.
Nicolás dejó de mover la mano un segundo.
Emma notó cómo su expresión cambiaba.
Más seria.
Más vulnerable.
—Emma…
Ella bajó la mirada nerviosa.
—Es verdad.
Su voz salió más pequeña ahora.
—Con otras personas siempre siento que tengo que hablar más o ser distinta o… no sé.
Nico la observó largamente.
Y Emma sintió el corazón latiendo demasiado fuerte.
—No tienes que convertirte en otra persona conmigo —dijo él finalmente.
Tan suave que casi dolió.
Emma tragó saliva.
Porque nadie le había dicho algo así antes.
Nunca.
Nicolás levantó una mano lentamente hacia su rostro.
Apartándole un mechón de cabello.
Y Emma sintió el mundo detenerse otra vez.
—Me gustas exactamente así —murmuró él.
Eso fue suficiente para destruirla emocionalmente.
Emma sonrió intentando esconder lo mucho que esas palabras le afectaban.
Pero Nico lo notó igual.
Siempre lo hacía.
Y entonces la besó.
Despacio.
Como si todavía quisiera tomarse el tiempo de sentirlo.
Emma cerró los ojos inmediatamente acercándose más a él.
Todo desapareció otra vez.
La película.
El ruido.
El resto del mundo.
Solo quedó la forma en que Nicolás la sostenía como si fuera algo importante.
Cuando se separaron, Emma seguía demasiado cerca de él.
Y Nico sonreía apenas contra sus labios.
—Creo que esta está siendo mi película favorita —murmuró.
Emma soltó una risa suave.
—Ni siquiera la estás viendo.
—Exacto.
Y Emma pensó, mientras volvía a besarlo lentamente, que quizá nunca olvidaría esa noche.