Playlist para ignorarme Capítulo 21
51%

Capítulo 21

Lo que empieza a sentirse como hogar

El estudio volvió a llenarse poco a poco.

Después de tantos días entre hospitales y silencios pesados, volver ahí se sintió extraño.

Pero también necesario.

Martín tenía música puesta demasiado alta.

Valeria discutía porque “nadie valoraba el cine romántico”.

Clara ayudaba a ordenar unas cajas.

Y Vera…

Vera estaba sentada en el sofá junto a Emma, leyendo tranquila por primera vez en días.

Eso ya parecía una victoria.

Emma levantó la vista justo cuando Nicolás apareció desde la parte trasera del estudio limpiándose las manos con una toalla.

Y automáticamente sonrió.

No pudo evitarlo.

Nico la miró apenas un segundo.

Y también sonrió un poco.

Solo un poco.

Pero Emma ya sabía interpretar esas cosas pequeñas.

—Qué asco dais —murmuró Valeria desde el suelo.

Emma le lanzó una servilleta.

—Cállate.

—No. Estáis en esa fase insoportable de miraditas.

Martín levantó una mano.

—Confirmo.

Nicolás rodó los ojos.

—Os odio a todos.

—Mentira —dijo Clara riéndose.

El ambiente se sentía ligero otra vez.

Y Emma no se dio cuenta de cuánto había necesitado eso hasta ahora.

Durante semanas había vivido esperando el próximo problema.

El próximo golpe emocional.

La próxima cosa mala.

Pero ahí…

sentada entre gente riéndose y discutiendo por tonterías…

todo parecía un poco menos difícil.

Vera cerró lentamente el libro y miró alrededor.

—Esto parece una familia rara.

Martín señaló inmediatamente.

—Yo soy el tío problemático.

—Eso implica que el resto somos normales y claramente no —respondió Valeria.

Emma soltó una pequeña risa.

Y entonces notó algo.

Nicolás observándola otra vez.

Como si el ruido desapareciera cuando ella sonreía.

Emma sintió calor en las mejillas inmediatamente.

—Deja de mirarme así —murmuró acercándose a él cuando los demás volvieron a distraerse.

Nico arqueó apenas una ceja.

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras pensando demasiado.

Él soltó una risa baja.

—Siempre estoy pensando demasiado.

Emma apoyó suavemente el hombro contra el suyo.

—Lo sé.

El silencio entre ellos duró unos segundos.

Cómodo.

Familiar.

Y eso seguía sorprendiéndola.

Porque Emma nunca había tenido algo así con nadie.

Con Adrián todo era tensión constante.

Miedo de decir algo incorrecto.

Miedo de hacerlo enfadar.

Con Nico…

podía respirar.

—¿Sabes qué pensé hoy? —murmuró él de repente.

Emma levantó la vista.

—Qué peligro.

Nico sonrió apenas.

—Pensé que hace unos meses ni siquiera me hablabas.

Emma soltó una pequeña risa.

—Tú tampoco.

—Sí, pero yo soy antisocial profesional.

—Y yo tímida profesional.

—Buen equipo entonces.

Emma lo observó unos segundos.

Y entonces dijo algo sin pensarlo demasiado:

—Creo que eres una de mis personas favoritas.

El silencio cayó entre ambos.

Emma sintió el corazón detenerse un instante.

Porque no había planeado decir eso en voz alta.

Nicolás también parecía sorprendido.

Pero no incómodo.

Solo… afectado.

Mucho.

Él bajó la mirada hacia ella lentamente.

Y Emma sintió ese vuelco en el pecho otra vez.

—Eso ha sido peligrosamente adorable —murmuró él.

Emma escondió la cara un segundo avergonzada.

—Olvídalo.

Nico soltó una risa suave antes de tomarle la mano debajo de la mesa.

Escondidos del resto.

Aunque probablemente Valeria terminaría notándolo igual.

—No quiero olvidarlo —dijo bajito.

Emma sintió los dedos de él entrelazarse con los suyos.

Y algo dentro de ella se calmó completamente.

Porque quizá eso era lo que significaba sentirse en casa.

No un lugar.

Personas.

Personas que se quedaban.