Capítulo 17
Dilo en voz alta
—No puedes seguir mirando el móvil como si te hubiera hecho algo personal.
Nicolás levantó la vista lentamente.
Valeria estaba delante del mostrador del estudio con los brazos cruzados y una expresión demasiado satisfecha para ser sana.
—Estoy trabajando —murmuró él.
—Estás suspirando.
—Eso no es trabajo.
—Sí lo es cuando es por Emma.
Nico cerró los ojos un segundo.
Error.
Porque ahora Valeria sonreía como si acabara de confirmar una teoría científica.
—Vale —dijo ella acercándose más—. Esto ya es urgente.
—No es urgente.
—Llevas tres días sin decirle claramente qué sois.
Nicolás dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—No tenemos que etiquetar—
—Sí tenéis.
Silencio.
Valeria se inclinó sobre el mostrador.
—Nico, te conozco. Estás a dos segundos de entrar en modo “me alejo porque me asusto”.
Él no respondió.
Porque era demasiado preciso.
Demasiado verdad.
Valeria suspiró.
—Escúchame. Emma no es como tus dramas internos.
—No tengo dramas internos.
—Claro, campeón.
Nico la miró sin expresión.
Valeria ignoró eso completamente.
—Si te gusta, la invitas a salir. Fácil.
Nicolás arqueó una ceja.
—No es fácil.
—Sí lo es. Solo eres tú complicándolo mentalmente como siempre.
Él bajó la mirada.
Porque lo peor era que probablemente tenía razón.
Valeria cruzó los brazos otra vez.
—¿Quieres que te lo explique como si tuvieras cero habilidades sociales?
—No.
—Te lo voy a explicar igual.
Nico suspiró.
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Más tarde.
Emma estaba sentada en el sofá del estudio leyendo mientras Vera dibujaba a su lado en silencio.
Martín estaba fuera.
Valeria había desaparecido misteriosamente hacía veinte minutos.
Y Nicolás…
Nicolás no había hablado mucho en todo el día.
Emma lo notaba raro.
Más callado de lo habitual incluso para él.
Más nervioso.
Cada vez que la miraba apartaba la vista demasiado rápido.
Eso no era normal.
Emma cerró el libro.
—¿Estás bien?
Nico levantó la cabeza.
—Sí.
Demasiado rápido.
Emma entrecerró los ojos.
—Eso ha sido mentira.
Él soltó una pequeña risa.
—No.
Silencio.
Emma dejó el libro a un lado.
—Nico.
Él la miró.
Esta vez sin escapar.
Y Emma sintió otra vez ese cosquilleo en el pecho.
—Ven —dijo él de repente.
Emma parpadeó.
—¿Qué?
—Ven conmigo.
No explicó más.
Solo caminó hacia la parte trasera del estudio.
Emma lo siguió sin entender nada.
El patio estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Nico se quedó de pie frente a ella.
Las manos en los bolsillos.
Por primera vez parecía… inseguro.
Emma se tensó un poco.
—Me estás asustando.
—No quiero.
Silencio.
Nicolás respiró hondo.
Y entonces miró directamente a Emma.
—Valeria me dijo que deje de pensar tanto.
Emma parpadeó.
—Eso es peligroso.
Nico soltó una risa corta.
—Sí.
Otro silencio.
Emma sintió el corazón acelerarse.
Porque algo estaba pasando.
Algo importante.
Nicolás dio un paso más cerca.
—Emma… —murmuró.
Ella tragó saliva.
—Sí.
Él se pasó una mano por la nuca.
Claramente incómodo.
—No soy bueno con esto.
Emma sonrió apenas.
—Ya lo sé.
Eso le hizo soltar un poco el aire.
Nico bajó la mirada un segundo.
Y cuando volvió a mirarla…
ya no dudaba tanto.
—Me gustas —dijo.
Simple.
Directo.
Sin adornos.
Emma se quedó completamente quieta.
El mundo también.
Nico continuó, más bajo:
—Y no quiero seguir fingiendo que no.
El corazón de Emma latía demasiado fuerte.
—Nico…
Él dio otro paso.
Muy pequeño.
Pero suficiente.
—Así que… —respiró hondo—. ¿Quieres salir conmigo?
Silencio.
Emma lo miró como si necesitara asegurarse de que era real.
Y luego sonrió.
Lento.
Bonito.
—¿Eso te lo ha dicho Valeria? —preguntó.
Nico cerró los ojos un segundo.
—Sí.
Emma soltó una risa suave.
—Entonces sí fue peligroso dejarla hablar contigo.
Él la miró otra vez.
Esperando.
Emma dio un paso hacia él.
Y le tomó la mano.
—Sí —susurró.
Nicolás se quedó quieto un segundo.
Como si no se lo creyera.
—¿Sí?
Emma apretó suavemente sus dedos.
—Sí, Nico.
Y esta vez él sí sonrió de verdad.
Antes de acercarse un poco más.
Sin prisas.
Sin miedo.
Solo decisión.
Y el comienzo de algo nuevo.