Capítulo 18
Lo que destruye el silencio
Las cosas empezaron a sentirse demasiado felices.
Y Emma debería haber sabido que eso no duraría mucho.
Durante dos semanas todo fue extrañamente perfecto.
No perfecto de película.
No perfecto sin problemas.
Pero sí perfecto para ellos.
Nicolás la esperaba después de clases.
Emma pasaba tardes enteras en el estudio leyendo mientras él trabajaba.
Martín seguía siendo insoportable.
Valeria hacía comentarios dramáticos sobre “el amor verdadero”.
Vera sonreía más aunque siguiera siendo callada.
Y Emma…
Emma empezaba a sentirse bien de verdad.
Como si por fin pudiera respirar sin miedo.
Quizá por eso el golpe fue peor.
Porque llegó cuando menos lo esperaba.
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Era viernes por la tarde.
El estudio estaba lleno de música y ruido.
Martín jugaba a la consola con Clara mientras Valeria discutía con Nico sobre qué película ver esa noche.
Emma estaba sentada dibujando distraídamente en una libreta cuando el teléfono de Vera comenzó a sonar.
Y algo cambió inmediatamente.
Emma levantó la vista.
Vera observaba la pantalla completamente inmóvil.
Pálida.
Muy pálida.
—¿Vera? —preguntó Emma suavemente.
Ella no respondió.
Solo contestó la llamada.
—¿Sí?
Silencio.
La expresión de Vera cambió de golpe.
Como si el mundo acabara de romperse delante de ella.
—¿Qué…?
La voz le tembló.
Emma dejó la libreta inmediatamente.
Todos dejaron de hablar.
—No… no, espera… ¿qué pasó?
El silencio dentro del estudio se volvió horrible.
Vera empezó a respirar rápido.
Demasiado rápido.
Y entonces dejó caer el teléfono.
El sonido contra el suelo hizo que todos se levantaran.
—¡Vera! —Clara llegó primero.
Pero Vera ya estaba llorando.
Llorando de verdad.
Como Emma jamás la había visto.
—Mi hermano… —intentó hablar entre lágrimas—. Tuvo un accidente…
El aire desapareció del lugar.
Emma sintió el pecho apretarse inmediatamente.
Martín reaccionó rápido agarrando el teléfono del suelo.
—¿Dónde está?
Vera seguía temblando.
—Hospital… dijeron hospital…
Nicolás tomó las llaves de inmediato.
—Vamos.
Nadie dudó.
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El hospital olía demasiado limpio.
Demasiado frío.
Emma odiaba los hospitales.
Todos estaban sentados en la sala de espera mientras Vera caminaba de un lado a otro llorando en silencio.
Y aquello era peor que verla gritar.
Porque Vera nunca se rompía así.
Nunca.
Clara estaba abrazándola intentando mantenerla tranquila.
Martín hablaba con recepción.
Valeria no dejaba de morderse las uñas.
Y Nicolás…
Nicolás estaba sentado junto a Emma con la mandíbula apretada.
Demasiado callado.
Emma entrelazó suavemente sus dedos con los de él.
Nico la miró apenas un segundo.
Y apretó su mano fuerte.
Como si también necesitara sostenerse de algo.
Pasaron casi cuarenta minutos eternos.
Hasta que un médico apareció finalmente.
Vera se levantó tan rápido que casi tropieza.
—¿Cómo está? —preguntó con la voz rota.
El médico suspiró antes de hablar.
Y Emma supo inmediatamente que algo iba mal.
Muy mal.
—El accidente fue grave.
El silencio se volvió insoportable.
—Tiene varias fracturas y un traumatismo importante… pero está vivo.
Vera comenzó a llorar otra vez.
Clara la sostuvo enseguida.
Pero el médico todavía no había terminado.
—Necesitará cirugía esta noche.
Emma sintió el cuerpo helarse.
Valeria se tapó la boca con las manos.
Martín cerró los ojos un segundo.
Y Vera…
Vera parecía dejar de funcionar lentamente.
Como si ya no pudiera procesar más dolor.
Emma se acercó inmediatamente abrazándola.
—Va a estar bien —susurró aunque ni siquiera sabía si era verdad.
Vera escondió la cara en su hombro temblando.
—No quiero perderlo…
Aquello le rompió el alma a todos.
Porque entendían exactamente lo que significaba ese miedo.
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Horas después seguían allí.
Nadie quiso irse.
La cirugía todavía no terminaba.
El cansancio empezaba a notarse en todos.
Valeria estaba dormida sobre el hombro de Clara.
Martín había ido por cafés otra vez.
Emma permanecía junto a Vera.
Y Nico estaba de pie cerca de la ventana observando la lluvia caer afuera.
Emma lo miró unos segundos antes de levantarse.
Se acercó despacio.
—¿En qué piensas?
Nicolás tardó en responder.
—En que odio esto.
Emma apoyó la cabeza suavemente contra su brazo.
Nico bajó la vista hacia ella.
—No soporto verlos sufrir.
Emma sintió un nudo en el pecho.
Porque ella tampoco.
Y quizá eso era lo peor de querer a la gente.
El miedo constante a perderla.
Nicolás respiró despacio.
—A veces siento que todo puede destruirse en cualquier momento.
Emma levantó la mirada hacia él.
Y vio algo vulnerable ahí.
Más que nunca.
—Pero seguimos aquí —susurró ella.
Nico observó a sus amigos dormidos y agotados detrás.
A Vera llorando en silencio.
A Martín intentando mantenerse fuerte para todos.
Y finalmente volvió a mirarla.
—Sí —murmuró—. Seguimos aquí.
Pero por primera vez desde que se conocieron…
todos entendieron algo horrible.
La vida podía cambiar en un solo segundo.