Playlist para ignorarme Capítulo 15
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Capítulo 15

Aprender a quedarse

Había algo nuevo en la forma en que Nicolás la miraba.

Emma lo notó desde el primer segundo en que entró al estudio.

No era la misma mirada de antes.

Ya no era distancia.

Ni miedo.

Ni esa pared invisible que él ponía entre los dos cuando intentaba alejarse.

Ahora era otra cosa.

Presencia.

Real.

Emma dejó su mochila junto al sofá sin decir nada, intentando actuar normal… aunque por dentro no había nada normal en absoluto.

Nicolás estaba detrás del mostrador organizando unas tintas.

Y aun así, cada pocos segundos, levantaba la vista hacia ella.

Como si necesitara comprobar que seguía ahí.

Emma se acercó despacio.

—Hola —murmuró.

Él levantó la cabeza inmediatamente.

—Hola.

Silencio.

Pero no incómodo.

Más bien… lleno.

Emma apoyó los dedos sobre el borde del mostrador.

—¿Has dormido algo mejor?

Nico dudó un segundo.

—Sí.

Y luego añadió, más bajo:

—Pensando menos.

Emma sonrió apenas.

—Eso es bueno.

—No lo sé todavía.

Emma lo observó en silencio unos segundos.

Había algo en él que seguía siendo un poco frágil.

Como si todavía tuviera miedo de romper lo que habían empezado.

Y Emma entendía ese miedo.

Porque ella también lo sentía.

—Nico… —empezó ella.

Él la miró inmediatamente.

—¿Sí?

Emma bajó un poco la voz.

—No tienes que hacer esto perfecto.

Nicolás frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué cosa?

Emma se encogió de hombros.

—Esto. Nosotros.

Silencio.

El estudio estaba tranquilo alrededor.

Valeria estaba fuera.

Martín había ido a por comida.

Vera seguía en la parte trasera leyendo.

Solo estaban ellos.

Nicolás dejó lentamente el pincel sobre la mesa.

—No sé cómo hacerlo de otra manera —dijo al fin.

Emma sintió algo cálido en el pecho.

Se acercó un poco más.

—Entonces lo hacemos mal juntos.

La comisura de los labios de Nico se levantó apenas.

—Eso suena peligroso.

—Ya lo es.

Eso le sacó una risa suave.

Y a Emma le gustó demasiado ese sonido.

Demasiado.

Nicolás apoyó los codos sobre el mostrador mirándola de cerca.

—No quiero volver a alejarme.

Emma sintió cómo el corazón le daba un pequeño salto.

—Entonces no lo hagas.

Él la observó unos segundos más.

Como si estuviera tomando una decisión importante.

Y luego, lentamente, rodeó el mostrador hasta quedar frente a ella.

Demasiado cerca.

Emma dejó de respirar un segundo.

—Emma… —murmuró él.

Ella levantó la mirada.

Nico parecía más serio de lo habitual.

Pero también más seguro.

Como si por fin hubiera dejado de huir.

—Te dije que si hacía esto no iba a poder alejarme —dijo.

Emma asintió despacio.

—Lo dijiste.

Nicolás dio un paso más cerca.

Ahora casi no había espacio entre ellos.

Emma sintió el calor de su cuerpo.

—Y no quiero hacerlo —añadió él.

Su voz salió más baja.

Más honesta.

Emma tragó saliva.

—Entonces no lo hagas.

Nico cerró los ojos un instante.

Como si esas palabras lo terminaran de soltar.

Y cuando los abrió otra vez…

ya no había duda en su mirada.

Solo decisión.

—Ven —murmuró.

Emma no preguntó a dónde.

Solo lo siguió.

Salieron por la parte trasera del estudio, donde el pequeño patio estaba casi vacío.

El aire era más frío allí.

Pero no importaba.

Porque Nicolás estaba demasiado cerca.

Se detuvieron junto a la pared.

Emma lo miró.

Él la miró a ella.

Y esta vez no había interrupciones.

No había miedo.

Solo ellos.

—No quiero arruinarte esto —dijo él de repente.

Emma negó despacio.

—No lo vas a hacer.

Nicolás soltó una pequeña risa.

—No puedes saberlo.

Emma dio un paso más cerca.

Hasta que sus manos se rozaron.

—Sí puedo —susurró ella—. Porque confío en ti.

Eso lo rompió un poco.

Se notó.

En la forma en que respiró más lento.

En cómo bajó la mirada a sus labios.

En cómo dejó de resistirse.

Emma levantó una mano hacia su rostro.

Despacio.

Sin prisa.

Y Nicolás no se apartó.

Al contrario.

Se inclinó hacia ella.

Como si por fin hubiera dejado de luchar contra algo inevitable.

—Emma… —susurró él otra vez.

Pero esta vez no era advertencia.

Era rendición.

Y entonces…

la distancia desapareció.