Capítulo 14
Después del silencio
Emma despertó con la sensación de que algo había cambiado para siempre.
No era exactamente el lugar.
Seguía en el salón de Martín, envuelta en mantas, con el suelo lleno de cojines y gente dormida alrededor.
Pero algo en el aire era distinto.
Más ligero.
Giró lentamente la cabeza.
Nicolás estaba sentado cerca de la ventana, despierto.
Mirándola.
Otra vez.
Pero esta vez no apartó la vista cuando ella lo notó.
Emma sintió el corazón acelerarse de inmediato.
El recuerdo volvió en un segundo.
El balcón.
La noche.
Sus palabras.
El beso.
Y el modo en que todo dejó de ser confuso por primera vez.
—Buenos días —murmuró él.
Su voz era más baja de lo habitual.
Emma se incorporó un poco, todavía medio dormida.
—¿Has dormido algo?
Nicolás negó despacio.
—No mucho.
Silencio.
Pero no incómodo.
Solo… nuevo.
Emma jugó nerviosamente con la manta.
—¿Esto… fue real? —susurró.
Nico la miró fijamente.
Y por primera vez desde todo lo que había pasado, sonrió de verdad.
Pequeño.
Suave.
Pero real.
—Demasiado real.
El pecho de Emma se apretó bonito.
Y por primera vez no sintió miedo de eso.
Solo nervios.
Y algo más profundo.
Algo que empezaba a sentirse como confianza.
Desde el otro lado del salón se escuchó un golpe.
—¡NO ME DIGAS QUE ESTÁIS DESPIERTOS YA! —gritó Valeria incorporándose con el pelo todo revuelto.
Emma soltó una risa inmediata.
Nicolás también.
Martín apareció desde el suelo murmurando incoherencias.
—Si alguien pone café, le amo para siempre.
Vera seguía durmiendo.
Clara estaba tapada hasta la cabeza.
Todo parecía normal otra vez.
Pero no lo era.
Emma se dio cuenta de algo mientras observaba a Nicolás fingir que no estaba nervioso.
Él estaba diferente.
Más atento.
Más cerca.
Pero también… como si estuviera esperando algo.
Como si todavía no se fiara del todo de que esto pudiera durar.
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Horas después, cuando todos comenzaron a irse, Emma se quedó unos segundos más en el pasillo del edificio con Valeria.
—Vale… explícame —dijo Valeria cruzándose de brazos.
Emma la miró confundida.
—¿Qué?
Valeria la observó con una sonrisa peligrosa.
—Tú y Nico.
Emma sintió el calor en la cara al instante.
—No hay nada que explicar.
—Ajá.
—No empieces.
Valeria se inclinó un poco.
—¿Se besaron o no?
Emma se tapó la cara con una mano.
—Valeria…
—ESO ES UN SÍ.
—Baja la voz.
—NO.
Emma suspiró derrotada.
—Sí.
Valeria abrió mucho los ojos.
—ME DEBES DETALLES.
—No.
—Sí.
—No.
—Emma.
—Valeria.
Se quedaron mirándose unos segundos.
Hasta que Valeria soltó un grito ahogado de emoción.
—¡ESTOY ORGULLOSA DE TI!
Emma se rió sin poder evitarlo.
—Eres insoportable.
—Y tú estás enamorada.
Emma dejó de reír.
Un segundo.
Dos.
Luego bajó la mirada.
Porque ya no podía negarlo.
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Cuando Emma volvió a entrar al estudio más tarde ese día, Nico estaba detrás del mostrador.
Como siempre.
Pero esta vez levantó la vista inmediatamente al verla.
Y Emma sintió algo extraño en el pecho.
Como si volver a verlo después de todo lo de la noche anterior fuera demasiado intenso.
—Llegas tarde —murmuró él.
—Solo un poco.
Nico asintió.
Pero no apartó la mirada.
Emma se acercó lentamente.
Demasiado consciente de todo.
De él.
Del espacio entre los dos.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
Nicolás dudó un segundo.
Luego apoyó las manos en el mostrador.
—Estoy intentando no pensar demasiado.
Emma arqueó una ceja.
—Eso es nuevo.
Él soltó una pequeña risa.
—Sí.
Silencio.
Pero esta vez lleno de algo distinto.
Emma apoyó los dedos suavemente sobre su mano.
Solo un toque pequeño.
Nicolás se quedó quieto.
Y luego entrelazó sus dedos con los de ella despacio.
Como si todavía le diera miedo romper algo.
Emma sintió que el mundo volvía a detenerse.
Pero esta vez no daba miedo.
—No te alejes otra vez —susurró ella.
Nico apretó suavemente su mano.
Y la miró.
De verdad.
Sin escaparse.
—No voy a hacerlo —dijo.
Y esta vez…
Emma le creyó.