Playlist para ignorarme Capítulo 12
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Capítulo 12

Emma terminó quedándose a dormir en casa de Martín.

Bueno.

“Técnicamente” nadie le dio opción.

Valeria decidió inmediatamente que dejarla sola aquella noche era ilegal emocionalmente y organizó una especie de campamento improvisado en el salón.

Martín protestó durante cinco minutos porque “nadie respetaba su espacio vital”, pero terminó trayendo mantas igualmente.

Ahora el salón estaba lleno de almohadas, bolsas de comida abiertas y gente agotada intentando distraerse del susto.

Y aun así…

Emma seguía sintiendo algo raro dentro del pecho.

No miedo exactamente.

Más bien el eco del miedo.

Como si el cuerpo todavía no entendiera que ya estaba a salvo.

—¿Segura que no quieres llamar a tu madre otra vez? —preguntó Clara suavemente.

Emma asintió.

—Ya hablé con ella. Cree que estoy en casa de Valeria.

Valeria levantó una mano dramáticamente.

—Lo cual es técnicamente cierto porque yo vivo aquí emocionalmente.

—Por desgracia —murmuró Martín.

Vera soltó una pequeña risa detrás del libro que seguía leyendo.

Emma observó a sus amigos alrededor lentamente.

Todavía le costaba pensar esa palabra.

Amigos.

Personas preocupándose por ella sin esperar nada a cambio.

Sin gritos.

Sin miedo.

Sin tensión.

Y entonces levantó la vista.

Nicolás seguía sentado cerca de la ventana.

Callado.

Más de lo normal.

Desde que llegaron apenas había hablado.

Pero Emma lo conocía lo suficiente ya para notar que algo pasaba.

Porque aunque fingía estar tranquilo…

Seguía mirando constantemente hacia ella.

Como si necesitara comprobar que estaba bien cada pocos segundos.

El pecho le dolió bonito al darse cuenta.

---

Una hora después, Martín y Clara estaban dormidos sobre el suelo.

Valeria seguía viendo videos absurdos con Vera al otro extremo del sofá.

Y Emma había salido un momento al pequeño balcón del apartamento buscando aire.

La noche estaba fría.

Demasiado silenciosa.

Emma apoyó los brazos sobre la barandilla intentando ordenar sus pensamientos.

Pero era imposible.

Todo había pasado demasiado rápido.

El miedo.

Adrián.

Nicolás apareciendo.

Nico.

Solo pensar en él hacía que algo dentro de ella se sintiera extraño.

Cálido.

Y aterrador al mismo tiempo.

Escuchó la puerta abrirse detrás de ella.

No necesitó girarse.

—Hace frío —murmuró Nicolás acercándose.

Emma sonrió apenas.

—Y aun así saliste.

—Sí. Bueno.

Él se apoyó junto a ella.

Demasiado cerca.

O quizá no lo suficiente.

Emma odiaba que su cerebro empezara a pensar esas cosas ahora.

El silencio cayó entre ambos.

Pero ya no era incómodo.

Nunca lo era con él.

Nicolás observó la calle unos segundos antes de hablar.

—¿Cómo estás de verdad?

Emma tardó un poco en responder.

Porque nadie hacía esa pregunta esperando realmente una respuesta.

Pero Nico sí.

Siempre sí.

—Cansada.

Él asintió lentamente.

—Tiene sentido.

Emma jugó distraídamente con las mangas enormes de la sudadera.

—También estoy enfadada conmigo misma.

Nicolás frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

Ella bajó la mirada.

—Porque todavía me asusto cuando él grita. Porque no fui capaz de defenderme sola.

—Emma.

Su voz salió inmediata.

Firme.

Ella levantó lentamente la vista.

Y Nico ya la estaba mirando.

Muy serio.

—No vuelvas a culparte por algo así.

El corazón de Emma dio un pequeño vuelco.

—Pero—

—No.

Él negó suavemente con la cabeza.

—Nada de esto fue tu culpa.

Emma sintió el nudo en la garganta regresar.

Porque quería creerle.

De verdad quería.

Nicolás suspiró despacio antes de volver la vista hacia la calle.

—Cuando escuché tu voz en esa llamada…

Se detuvo.

Emma lo observó en silencio.

Él tragó saliva apenas.

—Pensé que iba a perder la cabeza.

El corazón empezó a latirle demasiado rápido.

Nicolás rara vez hablaba tan honestamente.

Y cuando lo hacía… Emma sentía que el mundo entero se detenía un poco.

—Viniste enseguida —susurró ella.

Él soltó una pequeña risa sin humor.

—Casi me salto tres semáforos.

Eso consiguió hacerla sonreír un poco.

Nico giró la cabeza apenas hacia ella.

Y entonces pasó algo peligroso.

Porque los dos se quedaron callados.

Mirándose.

Emma sintió el aire atrapado en los pulmones lentamente.

La ciudad seguía sonando a lo lejos.

Los coches.

El viento.

La televisión dentro del piso.

Pero todo parecía demasiado lejano ahora.

Porque Nicolás la estaba mirando de esa forma otra vez.

Como si intentara contener algo.

Algo enorme.

—No me gustó nada verte llorar —murmuró él muy bajo.

Emma sintió el pecho apretarse.

—A mí tampoco me gustó.

Nico sonrió apenas.

Pequeñísimo.

Triste.

Y Emma descubrió que quería hacer cualquier cosa para borrar esa expresión de su cara.

—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó él después de unos segundos.

Emma negó despacio.

Nicolás bajó la mirada hacia ella lentamente.

—Que intenté alejarme de ti.

El corazón le dio un golpe brutal.

—Nico…

—Y aun así, cuando pensé que te había pasado algo…

Se quedó callado otra vez.

Pero Emma entendió igualmente.

Porque podía verlo en sus ojos.

El miedo.

El alivio.

Todo lo que estaba intentando esconder.

Emma respiró despacio.

—No tienes que seguir alejándote.

Nicolás soltó una risa baja.

Como si aquello fuera mucho más difícil de lo que ella imaginaba.

—Tú haces que quiera quedarme.

El mundo dejó de funcionar un segundo.

Emma sintió calor subirle al rostro mientras lo miraba completamente quieta.

Nicolás también parecía haberse dado cuenta de lo que acababa de decir.

Porque apartó la mirada apenas un instante.

Pero ya era tarde.

Emma dio un paso más cerca de él.

Muy pequeño.

Casi insignificante.

Pero Nico lo notó inmediatamente.

Sus ojos volvieron hacia ella despacio.

Y el aire cambió completamente entre los dos.

Emma podía escuchar su propia respiración.

Y la de él también.

Lenta.

Tensa.

Nicolás levantó una mano muy despacio.

Como si le estuviera dando tiempo para apartarse.

Pero Emma no se movió.

Sintió sus dedos acomodarle suavemente un mechón de cabello detrás de la oreja.

Y aquello fue suficiente para que el corazón casi le explotara.

—Emma… —murmuró él.

Su voz sonó peligrosa.

Rota.

Como si estuviera perdiendo la batalla contra sí mismo.

Emma levantó apenas el rostro hacia él.

Tan cerca ahora que podía notar el olor a café y humo suave en su ropa.

Tan cerca que si avanzaba un poco más…

Nicolás apoyó la frente contra la suya cerrando los ojos un segundo.

Y Emma dejó de respirar completamente.

—Dime que pare —susurró él.

Pero Emma no quería que parara.

Ni un poco.

Así que lentamente abrió los ojos.

Lo miró.

Y susurró apenas:

—No quiero.