Playlist para ignorarme Capítulo 10
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Capítulo 10

Contesta, por favor

Emma no apareció al día siguiente.

Y eso no sería raro para cualquier otra persona.

Pero Emma siempre llegaba.

Siempre.

Cinco minutos antes de la hora.

Con un libro bajo el brazo.

Y esa manera silenciosa de entrar a los lugares como si pidiera permiso para existir.

Por eso Nicolás empezó a ponerse nervioso después de veinte minutos.

Estaban en el estudio.

Martín jugaba con el móvil tirado sobre el sofá.

Vera hojeaba un libro en silencio.

Valeria estaba terminando un café apoyada sobre el mostrador.

Y Nico seguía mirando la puerta.

Otra vez.

—Relájate —murmuró Martín sin levantar la vista—. Pareces padre divorciado esperando custodia.

Nicolás ignoró el comentario.

Sacó el móvil.

Nada.

Ningún mensaje.

Y eso tampoco era normal.

Emma siempre respondía aunque fuera tarde.

Valeria frunció ligeramente el ceño.

—Es raro.

Nicolás levantó la vista inmediatamente.

—¿Qué?

—Hoy salió antes del instituto.

El corazón le dio un golpe incómodo.

—¿Con quién?

—No sé. Dijo que tenía que hacer algo rápido.

Nicolás apretó ligeramente la mandíbula.

Algo empezó a sentirse mal dentro de su pecho.

Muy mal.

Sacó el móvil otra vez y le escribió:

“¿Dónde estás?”

Visto ni siquiera aparecía.

Pasaron cinco minutos más.

Luego diez.

El estudio comenzó a sentirse demasiado pequeño.

Nicolás caminó hacia la ventana intentando ignorar el nudo horrible en el estómago.

“Contesta.”

Nada.

—Nico…

Valeria también parecía nerviosa ahora.

—Ella no desaparece así.

Él sabía eso.

Lo sabía perfectamente.

Emma era responsable incluso para respirar.

Martín dejó el móvil lentamente sobre la mesa.

—Quizá se quedó dormida.

—Son las siete de la tarde —murmuró Nico.

Y entonces el teléfono de Valeria comenzó a sonar.

Todos levantaron la vista inmediatamente.

Emma.

Nicolás sintió alivio apenas un segundo.

Hasta que vio la cara de Valeria.

Porque Emma nunca llamaba.

Nunca.

—Ponlo en altavoz —dijo Nico inmediatamente.

Valeria contestó rápido.

—¿Emma? ¿Dónde estás?

Al principio solo se escuchó respiración agitada.

Ruido.

Como pasos rápidos.

Y entonces la voz de Emma.

Rota.

Temblando.

—Valeria…

Nicolás sintió el cuerpo entero tensarse.

—Emma, ¿qué pasa? —preguntó Valeria levantándose de golpe.

Se escuchó un ruido brusco al otro lado.

Y después la voz de un hombre.

Adrián.

—Dame el puto teléfono.

El corazón de Nico dejó de funcionar.

—¡No! —la voz de Emma sonó aterrorizada—. Adrián suéltame—

Ruido.

Un golpe.

Luego Emma jadeó.

Y entonces:

—¡Nico—!

La llamada se cortó.

El silencio que quedó después fue horrible.

Nadie respiró durante un segundo.

Dos.

Tres.

Y entonces Nicolás reaccionó.

Tan rápido que incluso Martín se sobresaltó.

—¿Dónde está? —preguntó agarrando las llaves del mostrador.

Valeria estaba pálida.

—No lo sé.

—Piensa.

Ella intentó respirar.

—Hay un parque cerca de la avenida vieja… Emma y Adrián iban mucho ahí antes.

Nicolás ya iba hacia la puerta.

—Nico espera— —empezó Martín.

Pero él ya no estaba escuchando.

Porque solo podía pensar en una cosa.

La voz de Emma.

Asustada.

Y el sonido de Adrián tocándola.

Algo oscuro explotó dentro de su pecho.

Algo peligroso.

---

Emma intentó soltarse otra vez.

—Suéltame…

Adrián la tenía agarrada del brazo demasiado fuerte mientras caminaban detrás del parque casi vacío.

Emma sentía el corazón descontrolado.

Había intentado irse.

De verdad.

Pero él apareció saliendo del instituto y no dejó de seguirla.

Primero hablando.

Después gritando.

Y ahora esto.

—Escúchame de una vez —dijo Adrián apretando más fuerte su brazo—. No puedes ignorarme para siempre.

Emma intentó retroceder.

—Me haces daño.

—Pues deja de provocar.

Las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

—Ya terminamos…

—No. Tú decidiste eso sola.

Emma temblaba.

Porque conocía esa mirada.

La misma de aquella noche.

La misma antes de que la golpeara.

—Adrián por favor…

—¿Por favor qué? ¿Ahora sí tienes miedo?

Emma intentó apartarse otra vez.

Y él la empujó bruscamente contra una pared cercana.

El golpe le arrancó un jadeo.

—¡Mírame cuando te hablo!

El miedo la atravesó completamente.

—Déjame ir…

Y entonces escuchó una voz.

—Aléjate de ella.

Los dos giraron al mismo tiempo.

Nicolás.

Emma sintió alivio tan rápido que casi le dolió.

Nico estaba unos metros más adelante respirando agitado.

Pero lo peor era su expresión.

Emma jamás lo había visto así.

Sus ojos estaban llenos de una rabia fría que daba miedo.

Adrián soltó una risa burlona.

—Ah. El tatuadito.

Nicolás ni siquiera reaccionó.

Toda su atención estaba puesta en Emma.

En cómo Adrián seguía sujetándola.

—Suéltala —repitió más bajo.

Adrián apretó la mandíbula.

—¿Y si no quiero?

Emma vio cómo algo cambiaba en Nico.

Algo oscuro.

Peligroso.

—Te doy tres segundos.

La voz salió completamente calmada.

Y eso fue peor.

Mucho peor.

Adrián dio un paso adelante empujando a Emma detrás.

—¿Vas a pegarme delante de ella?

Nicolás sonrió apenas.

Pero no había nada bonito en esa sonrisa.

—Si no la sueltas, sí.

Emma sintió el aire atrapado en los pulmones.

Porque Nicolás realmente hablaba en serio.

Adrián pareció notarlo también.

El silencio se volvió pesado.

Tenso.

Hasta que finalmente soltó el brazo de Emma bruscamente.

Ella retrocedió inmediatamente.

Y Nicolás reaccionó en el mismo segundo.

Caminó hacia Emma sin apartar los ojos de Adrián.

—Ven aquí.

La voz cambió completamente al hablarle a ella.

Más suave.

Emma llegó junto a él temblando.

Nico observó rápidamente su rostro.

Sus brazos.

El moretón que empezaba a formarse otra vez.

Y Emma vio algo romperse en su expresión.

Adrián soltó otra risa seca.

—¿Ahora juegas al héroe?

Nicolás levantó lentamente la vista.

—No vuelvas a acercarte a ella.

—¿O qué?

El silencio duró apenas un segundo.

—O vas a desear haberlo hecho.

Emma sintió un escalofrío.

Porque Nicolás nunca levantó la voz.

Nunca.

Y aun así Adrián retrocedió un paso.

Como si entendiera perfectamente que Nico no estaba bromeando.

Nadie habló unos segundos.

Luego Adrián escupió al suelo con rabia.

—Está bien.

Miró a Emma una última vez.

—Ya volverás arrastrándote.

Nicolás dio un paso adelante inmediatamente.

—Lárgate.

Y esta vez Adrián sí se fue.

Emma dejó de respirar correctamente apenas desapareció.

Las piernas comenzaron a fallarle.

Nicolás reaccionó enseguida sujetándola antes de que cayera.

—Ey.

La voz suave volvió inmediatamente.

Completamente distinta a la de hace unos segundos.

—Ya está.

Emma empezó a llorar sin poder evitarlo.

Nico la abrazó fuerte al instante.

Como si quisiera asegurarse de que realmente estaba ahí.

—Te tengo —murmuró contra su cabello—. Ya pasó.

Y Emma entendió algo mientras escondía la cara contra su pecho.

Nicolás había intentado alejarse por miedo a hacerle daño.

Pero al final…

Fue exactamente la persona que llegó a salvarla.