Playlist para ignorarme Capítulo 2
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Capítulo 2

Lo que todavía duele

Emma comenzó a acostumbrarse al instituto más rápido de lo que esperaba.

No completamente.

Todavía había momentos en los que las voces demasiado altas la hacían tensarse.

Todavía evitaba pasar por pasillos llenos.

Todavía sentía miedo cuando alguien se reía demasiado cerca.

Pero ya no tenía aquella sensación constante de estar atrapada.

Y eso era un avance.

Habían pasado dos semanas desde su llegada.

Dos semanas en las que Valeria prácticamente se negó a despegarse de ella.

Dos semanas en las que Clara le mandó memes absurdos durante las clases.

Dos semanas observando a Nicolás Romero existir como si fuera alérgico a las emociones humanas.

Emma seguía sin entenderlo.

A veces parecía completamente distante.

Otras veces la sorprendía mirándola durante medio segundo antes de apartar la vista.

Nunca hablaban demasiado.

Pero empezaba a notar pequeñas cosas.

Como que siempre llevaba auriculares pero casi nunca escuchaba música.

Como que dibujaba cuando estaba nervioso.

Como que fingía no prestar atención a nadie aunque claramente lo hacía.

Ese jueves, Emma estaba guardando sus libros en la mochila cuando Valeria apareció apoyándose dramáticamente sobre su mesa.

—Necesito que me acompañes a comprar café.

—Acabas de tomarte uno.

—Ese ya no vive en mi organismo.

Emma soltó una pequeña risa.

—Tienes un problema.

—Y tú demasiada estabilidad emocional últimamente. Me preocupas.

Caminaron juntas hacia la salida mientras el instituto comenzaba a vaciarse.

El aire de la tarde era cálido y el cielo tenía ese tono anaranjado suave que Emma siempre había asociado con películas románticas.

Por primera vez en muchísimo tiempo se sentía tranquila.

Hasta que escuchó una voz.

—Emma.

Todo su cuerpo se congeló.

No.

No podía ser.

Giró lentamente.

Y ahí estaba.

Adrián.

Apoyado contra una motocicleta negra al otro lado de la calle.

El mismo cabello oscuro.

La misma chaqueta de cuero.

La misma mirada capaz de hacerle un nudo en el estómago.

Valeria dejó de caminar de inmediato.

—¿Qué hace aquí?

Emma sintió cómo el corazón empezaba a golpearle demasiado fuerte.

No veía a Adrián desde hacía más de un mes.

Un mes de mensajes insistentes.

Llamadas perdidas.

Promesas.

Enfados.

Y silencios.

Muchos silencios.

—Necesito hablar contigo —dijo él acercándose.

Emma tragó saliva.

—No tenías que venir.

—¿Ah, no?

Su tono ya sonaba irritado.

Valeria cruzó los brazos.

—Ella no quiere hablar.

Adrián la ignoró completamente.

Como si ni siquiera estuviera allí.

Eso hizo que Emma se pusiera más nerviosa.

Conocía esa expresión.

La mandíbula tensa.

Los ojos oscuros.

La manera en que sus manos se cerraban lentamente.

Era la misma mirada que tenía antes de enfadarse.

—¿Por qué dejaste de responderme? —preguntó él.

Emma intentó mantener la calma.

—Necesitaba espacio.

—¿Espacio?

Soltó una risa seca.

—¿Y cambiarte de instituto sin decirme nada te pareció normal?

Varias personas comenzaron a mirar.

Emma sintió el pecho cerrarse.

Odiaba eso.

Odiaba llamar la atención.

—No hagas esto aquí.

—¿Aquí dónde? ¿Con tu nueva vida perfecta?

Valeria dio un paso al frente.

—Bájale el tono.

—No me hables.

Emma vio cómo la expresión de Valeria cambiaba al instante.

—¿Perdona?

—He venido a hablar con MI novia.

Las palabras hicieron que Emma sintiera un vacío incómodo.

Porque técnicamente sí.

Adrián seguía siendo su novio.

O al menos lo había sido hasta que todo empezó a romperse.

Al principio él era diferente.

Divertido.

Cariñoso.

Atento.

Le llevaba flores.

Le escribía mensajes larguísimos.

Le decía que era la mejor cosa que le había pasado.

Emma había pensado que era amor.

Hasta que empezaron los celos.

“¿Por qué hablas tanto con ese chico?”

“Esa falda es demasiado corta.”

“No me gusta que salgas sin mí.”

Después llegaron los enfados.

Los gritos.

Las discusiones absurdas.

Las veces que le apretaba demasiado fuerte la muñeca cuando se molestaba.

Y luego las disculpas.

Siempre las disculpas.

“Perdón. Es que te quiero demasiado.”

Emma tardó demasiado tiempo en entender que aquello no era amor.

—Adrián, no quiero discutir.

—Claro. Porque ahora tienes nuevos amiguitos.

Su mirada recorrió el instituto con desprecio.

—¿Ese es el problema? ¿Ya encontraste a otro?

Emma abrió los ojos.

—¿Qué?

—No te hagas la inocente.

Valeria soltó una carcajada incrédula.

—Madre mía.

—Cállate.

El tono agresivo hizo que Emma se tensara.

—No le hables así.

Adrián volvió la mirada hacia ella inmediatamente.

—¿Ahora la defiendes a ella antes que a mí?

Emma sintió las manos heladas.

Varias personas seguían mirando desde la entrada.

Quería desaparecer.

—Solo quiero irme a casa.

—Pues vente conmigo.

Dio un paso hacia ella.

Emma retrocedió automáticamente.

Y él lo notó.

Eso pareció enfadarlo todavía más.

—¿En serio me tienes miedo ahora?

No respondió.

Porque sí.

A veces sí le tenía miedo.

El silencio entre ambos se volvió insoportable.

Entonces una voz masculina rompió la tensión.

—Estás montando un espectáculo.

Emma giró la cabeza.

Nicolás estaba apoyado cerca de las escaleras del edificio de arte.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí.

Sus brazos tatuados estaban cruzados sobre el pecho y su expresión era completamente seria.

Adrián frunció el ceño.

—¿Y tú quién eres?

—Alguien que ya se cansó de escucharte.

Emma sintió un vuelco extraño en el estómago.

Nicolás ni siquiera la miró.

Toda su atención estaba puesta en Adrián.

Y había algo peligroso en su expresión.

Algo frío.

Adrián soltó una risa burlona.

—No te metas.

—Entonces deja de gritarle.

El ambiente se volvió todavía más tenso.

Emma podía sentirlo.

Valeria se acercó rápidamente a ella.

—Nos vamos.

—Valeria—

—Ahora.

Le tomó la mano antes de que Emma pudiera protestar.

Adrián intentó acercarse otra vez.

—Emma, espera.

Pero Valeria se interpuso inmediatamente.

—Ni se te ocurra tocarla.

Emma vio cómo la mandíbula de Adrián se tensaba.

Por un instante pensó que iba a explotar.

Pero Nicolás dio un paso hacia adelante.

Solo uno.

Y fue suficiente.

El silencio se volvió pesado.

Adrián miró a Emma una última vez.

Había rabia en sus ojos.

Pero también algo peor.

La sensación de que aquello no había terminado.

—Luego hablamos.

Emma sintió un escalofrío.

Valeria tiró suavemente de ella.

—Vámonos.

Caminaron rápido calle abajo.

Emma todavía tenía el corazón acelerado.

Las manos le temblaban.

—Respira —dijo Valeria más suavemente.

Emma intentó hacerlo.

Pero seguía escuchando la voz de Adrián en su cabeza.

Seguía sintiendo aquella presión horrible en el pecho.

—Lo siento.

—¿Por qué demonios te disculpas?

Emma bajó la mirada.

—No quería problemas.

Valeria se detuvo de golpe.

—Escúchame bien.

Emma levantó la vista lentamente.

—Tú no eres el problema.

Aquellas palabras le dolieron más de lo que esperaba.

Porque una parte de ella todavía creía que sí lo era.

Valeria suspiró.

—Ese chico es idiota.

Emma soltó una risa pequeña y temblorosa.

—Sí.

—Y si vuelve a aparecer le arranco el alma.

—Eso suena ilegal.

—Muchísimo.

Emma volvió a reír un poco.

Y entonces se dio cuenta de algo.

Nicolás seguía observándolas desde lejos.

Apoyado junto a las escaleras.

Con aquella expresión imposible de leer.

Cuando Emma levantó la vista hacia él, sus miradas se cruzaron.

Esta vez él no apartó la mirada inmediatamente.

Solo la sostuvo unos segundos.

Como si intentara entender algo.

Luego encendió un cigarro y desvió los ojos hacia otro lado.

Pero Emma ya había notado algo distinto.

Por primera vez desde que lo conoció…

Nicolás Romero parecía verla de verdad.