Pack Toni Galán (libros 1-3) 34 #2
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34 #2

El trayecto al Hilton se siente como un viaje al matadero.

El hotel Hilton es un edificio de cristal en el corazón del Soho.

Elegante pero sin pretensiones. Un hotel para hombres de negocios que se quedan una noche, tal vez dos.

Perfecto para alguien como Brad. El bar está en el vestíbulo.

Es diáfano y acristalado, con taburetes de cuero y mesas bajas.

Hay poca gente: un par de hombres en traje y una pareja en un rincón.

Se sientan en el extremo más alejado de la barra.

Una camarera se acerca. Tiene una mirada amable.

—Brad —dice, como si lo conociera—. Hacía tiempo que no te veía.

—Sí. He estado ocupado.

—Ya veo. —La camarera lo mira a él y luego a ella. Le guiña un ojo—. ¿Lo de siempre?

—Sí. Dos.

—Marchando.

Ella se aleja. Hay algo en la forma en que habló con Brad. Familiaridad, complicidad. ¿Cuántas veces ha estado él aquí? ¿Cuántas mujeres ha traído a este bar antes de llevarlas a su habitación?

—¿Vienes mucho por aquí? —le pregunta.

—A veces. Me gusta este Hilton. Siempre me mejoran la reserva. —Brad se reclina en su taburete—. Esta noche tengo la suite presidencial.

—Qué bien.

—Podrías subir a verla —dice, dejando su teléfono sobre la mesa. La pantalla brilla como una amenaza.

Hada no responde. La camarera regresa con dos cócteles: algo rosa con una sombrilla y una pajita.

Hada mira su copa, pero no la toca. Él da un buen sorbo, emite un sonido de ahhh como si estuviese grabando un anuncio de refrescos y deja la bebida en la mesa.

—Dios, qué bueno. ¿Sabes, cariño? Tengo una fantasía. Ya me conoces, siempre estoy fantaseando. El caso es que, desde que te fuiste, no puedo parar de pensar en ti y en mí follando como animales en el despacho de tu jefe.

Hada se atraganta con el cóctel y tose.

—Joder, Brad.

—Vamos, nena. Te estoy abriendo mi corazón. Podrías mostrar un poco de romanticismo después de tanto tiempo.

—No sé qué esperas que diga.

—Que lo has pensado. —Se acerca más—. Que lo has echado de menos.

—Pues no.

—Mentirosa.

Con un dedo, traza la línea de su mandíbula. Despacio. Suave.

Ella se aparta.

—No me toques.

—¿Por qué no? Solía encantarte que te tocara.

—Eso fue hace mucho.

—¿Y ahora qué? ¿Ahora soy un monstruo?

Ella no contesta. Él bebe más, deja la copa sobre la barra y se pone de pie.

—Ven. Vamos arriba.

—No.

—Hada...

—He dicho que no. Me voy.

Brad suspira, como si estuviera lidiando con un niño difícil.

—¿Sabes qué? Estoy cansado de esto. De rogarte y de ser amable. —Saca su teléfono del bolsillo—. Así que esta es la situación: o subes conmigo ahora, o envío los videos ahora mismo.

El corazón le late tan fuerte que puede oírlo.

—Eres un hijo de puta.

—Sí. Y tú vas a subir conmigo de todos modos.

Ella fija la vista en la copa con sombrilla y pajita para no mirarlo a él. No sabe qué responder. Ni de coña quiere subir a la suite de Brad. Es lo último que haría. Pero sabe que él no aceptará un «no» por respuesta.

Por otra parte, duda que la obligue. Él no es de esos.

Pero si ahora ella se levanta y se va, mañana despertará con incontables llamadas y mensajes en su móvil. Amigos y conocidos preguntando atónitos qué son esos videos que están rondando por internet.

Una última copa, le ha dicho. Quizá eso sea todo. Quizá no sea más que eso.

Brad le ofrece su mano.

—Vamos.

Mientras el ascensor sube, ella, apoyada en el cristal, mira hacia abajo.

El vestíbulo se hace cada vez más pequeño.

La gente se convierte en puntos. Las voces se desvanecen.

Una serie de nombres le van pasando por el ojo de la mente.

Toni. Chase. Jax Thorne. Susan Calloway. Scarlett Moon. Linda Parker.

Linda Parker.

Ha dedicado todo el día a buscarla. El paradero actual de esa tal Linda Parker, popularmente conocida en el mundo de la noche como Scarlett Moon; su única pequeña victoria profesional en un día de derrotas personales.

Gracias a Dios, Toni le ha dado algo desafiante que hacer antes de la gala. De lo contrario, se habría vuelto loca.

Empezó por lo obvio: redes sociales, Instagram, Twitter, Facebook. Pero Scarlett Moon había borrado todo.

Así que cambió de estrategia. Llamó a Raj.

Él dirige una pequeña empresa de rastreo digital en Mumbai.

Subcontratado y barato, pero eficiente. La agencia lo ha usado antes para otros casos.

Registros de vuelos, transacciones con tarjeta, reservas de hoteles...

Nada es realmente privado si sabes dónde buscar. Solo se necesita un nombre. Y tiempo.

Hada le dio ambos.

Seis horas más tarde, Raj la llamó de vuelta.

Linda Parker. Vuelo a Toronto hace cinco meses. Aerolínea: Air Canada. Tarjeta Visa terminada en 4782. Fairmont Royal York. Habitación 812. Todavía está allí.

Casi no podía creerlo. Toronto. Linda Parker estaba en Toronto. Al darle la noticia a Toni por teléfono, casi pudo oírlo dar un respingo.

El ascensor se detiene con un suave ding .

Hada se muerde la mejilla por dentro. El sabor metálico de la sangre inunda su boca.

Se detienen frente a la puerta con la placa de latón que dice SUITE PRESIDENCIAL .

El pasillo enmoquetado absorbe el sonido de sus pasos, creando un silencio sepulcral.

Brad inserta la tarjeta. La luz verde parpadea y la puerta se abre.

Hada mira hacia el interior. Oscuro. Solo la luz del pasillo ilumina la entrada.

Él posa la mano en la parte baja de su espalda una vez más, empujándola suavemente hacia la oscuridad de la habitación.

A través de la tela del vestido puede sentir la calidez de su palma.

—Vamos, entra.

Y ella obedece.