Pack Toni Galán (libros 1-3) 26
82%

26

Hada intuye quién es antes incluso de que la pantalla se ilumine.

Necesito volver a verte.

Siente que se le eriza la piel del cuello, como si alguien hubiera abierto una ventana y una corriente de aire frío se hubiera colado en el salón.

Solo han pasado dos horas desde la cena.

Brad ha sido el caballero perfecto: educado, amable, interesado por su familia…

Impecable. Y eso lo hace todo más insoportable.

Porque sería más fácil si fuera un monstruo.

Ni siquiera la ha tocado. No ha intentado besarla.

Solo la ha acompañado hasta la puerta de su apartamento y se ha despedido con un gesto de la mano.

Escribe la respuesta rápido, escondiendo la pantalla de la vista de los chicos.

Sí. La semana que viene. Como quedamos.

Pulsa enviar. Respira y trata de recuperar el hilo de la conversación sobre Jax Thorne, pero el teléfono vuelve a vibrar casi al instante. Bzzzt. Toni levanta la vista, entrecerrando su ojo sano. Algo en su expresión se ensombrece.

Hada baja los ojos hacia la pantalla.

Necesito que sea mañana. En la gala benéfica del Lincoln Center. Paso a buscarte.

No. Mierda. Se lo dijo: una vez por semana. Ese era el trato. Una cena, una conversación, y luego él la dejaría en paz durante siete días. Siete días de respiro.

Pero él siempre hace esto. Fuerza los límites, empuja, presiona. Prueba hasta dónde puede obligarla a llegar.

Sus dedos se mueven solos sobre el cristal:

Ya te dije que no podía. Tengo trabajo. Tal vez pueda hacerte un hueco a la hora de comer.

Enviar. El corazón le late tan fuerte que cree que Toni puede oírlo.

La respuesta llega antes de que ella pueda soltar el aire:

No. Por la noche.

Hada se muerde el labio inferior hasta que el sabor metálico de la sangre le avisa de que se está haciendo daño. Piensa en el vídeo. En esas imágenes que él guarda como un as en la manga. ¿Lo difundiría solo porque no quiere quedar mañana por la noche?

«Supongo que no, pero no estoy segura».

Brad es tan impulsivo que podría hacerlo en un arranque de rabia. Podría enviárselo a Chase. A Toni. A todos sus contactos. Podría arruinarla sin pensarlo dos veces.

No le queda otra que seguirle el juego.

Está a merced de sus caprichos.

Está bien. Mañana a las siete. En la puerta del Lincoln Center.

Por favor, ponte guapa.

Por favor.

Bloquea el móvil y lo deja boca abajo. El silencio en el salón se vuelve denso y pegajoso.

Toni y Chase se miran con esa complicidad. Están a punto de hacer lo de siempre, lo sabe. Empezarán con el interrogatorio: que si qué te pasa, que si estás muy rara, que si necesitas ayuda.

Pero no lo hacen.

La conversación sobre el caso continúa. Hablan de Jax Thorne, de John-Michael y de una Power Ranger rosa.

Ella no entiende nada y apenas presta atención.

Las palabras flotan a su alrededor sin llegar a tocarla.

Mencionan a Lily Williams. A David Klein.

Algo sobre una conexión. Algo sobre un suicidio que tal vez no lo fue.

Hada asiente cuando le parece apropiado. Finge escuchar, estar presente.

Pero está a kilómetros de distancia.

Está en el Lincoln Center, con un vestido que aún no ha elegido, con una sonrisa que tendrá que ensayar frente al espejo.

Chase, con su instinto de supervivencia social siempre alerta, anuncia que baja a por bocadillos. Se va en un parpadeo, dejándola a solas con Toni.

Es la parte que Hada más temía. Esta vez no tiene escapatoria.

—¿Quién es? —pregunta Toni.

Hada intenta jugar la carta de la confusión, pero Toni tiene la ceja vendada, la cara hinchada y el orgullo herido; su paciencia está bajo mínimos y su radar de mentiras está al rojo vivo.

—¿Qué? ¿Quién?

—El que te acaba de escribir. El señor «B».

—Ah. Es un... amigo. Ni caso.

La mira con recelo. Claro, no es estúpido. Su maldito trabajo es ver lo que los demás ocultan.

—¿Por qué hay un amigo tuyo diciéndote que necesita verte a estas horas de la noche? —Toni se inclina hacia delante. El sofá cruje.

«Porque no es un amigo. Porque es un chantajista. Porque tengo un secreto que me está destrozando y no sé cómo salir de esto».

—Olvídalo. —No sabe qué decirle, pero necesita que se calle. Ya—. Tiene un problema con los límites. Lo mejor es pasar de él.

—Hada...

—De verdad, Toni. No es nada.

—No parece que no sea nada. Llevas toda la noche distraída. Y ayer en la oficina también...

Y ahí es cuando la presa revienta. Ella intenta contenerlo, pero las lágrimas surcan su maquillaje perfecto. Es un llanto mudo, de los que duelen en el pecho. Toni se acerca con dificultad, arrastrando su cuerpo magullado, y pone su mano sobre la de ella.

—Tú eres con quien hablo de estas cosas —dice él con una suavidad que la desarma—. Cuéntame. Quizá podamos arreglarlo.

Hada se limpia la nariz con el dorso de la mano. Toni le ofrece un pañuelo de papel. Ella lo acepta, se suena y respira hondo, intentando recomponer las piezas de su máscara.

—Tengo un problema —murmura al fin, y las palabras le suenan como una confesión—. No tiene que ver con la agencia. Es personal.

Toni mira hacia la puerta, asegurándose de que Chase no ha vuelto.

—¿Es Chase?

Hada levanta la vista, estupefacta. ¿Chase? ¿Toni cree que Chase es capaz de...? La idea es tan absurda que casi la hace reír.

—No. Dios, no. No es Chase.

Toni se lleva el dedo índice al puente nasal. Suele colocarse las gafas de manera inconsciente cuando está procesando información difícil, pero, al parecer, no se ha acordado de que no las lleva puestas porque las tiene rotas.

—Vale, perdona. Entonces... ¿de qué se trata?

Hada cierra los ojos y lo suelta como quien escupe veneno:

—Alguien me está... me está haciendo chantaje.

Su boca se abre de par en par. Parece perplejo.

—¿Chantaje? ¿Qué tipo de chantaje?

Las palabras le pesan en la lengua. Pero tiene que decirlas. Ya ha llegado demasiado lejos para detenerse ahora.

—Tiene un vídeo mío. —Decirlo en voz alta lo hace real. Tangible. Inevitable.—. Podría arruinarme la vida. No es nada sexual —aclara de inmediato, viendo la sombra en los ojos de él—, pero muestra algo de lo que me avergüenzo. Algo que me arruinaría. A mí, y probablemente a la imagen de la agencia.

Toni se queda mudo. La mira como si estuviera viendo a una desconocida, y Hada siente que el suelo desaparece. Ya está. Lo ha dicho. La «perfecta Hada García» acaba de admitir que tiene una mancha que no puede limpiar. Ahora solo falta que Toni cruce al otro lado y vea quién es realmente.

La Hada que no quiere que nadie conozca.