Pack Toni Galán (libros 1-3) 22
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Subo las escaleras del metro y salgo a la superficie. Frente a mí, el Mystery Box.

Es un cubo de hormigón sin ventanas que parece absorber la luz de las farolas.

No hay carteles luminosos, solo unas letras borrosas sobre una puerta negra que parecen una cicatriz en la piedra.

Eso es todo. Nada de «Traiga sus perversiones».

Nada de «Cuanto más raro, mejor». Nada de nada.

Un tipo que vuelve a casa podría pasar por aquí, entrar, dejar el maletín, ver algo atractivo, invitarlo a una copa, repetir unas cuantas frases manidas, llevárselo a casa, y… sorpresa, sorpresa.

Turbio. Muy turbio.

Miro el reloj: siete y cincuenta y tres. He quedado aquí con Chase a las ocho, así que tengo tiempo suficiente. Es hora de negociar con el diablo. Saco el móvil y busco el contacto de Molly. Mi dedo se detiene sobre su nombre. ¿Realmente quiero hacer esto?

Molly puede ser insufrible a veces. Y, al contrario de lo que opina Chase, me odia por lo que le hice.

Pero es una de las mejores periodistas de la costa este.

Y tal vez pueda ayudarme con el tema de Lily Williams y David Klein.

La pregunta es: ¿cómo plantear el asunto sin tener que deberle un nuevo favor que ella pueda cobrarse más adelante?

Me apoyo en el poste de una farola y pulso el botón de llamada. Responde al primer tono.

—Molly. Soy yo.

—Vaya, Toni. No han pasado ni veinticuatro horas. ¿Ya me echas de menos?

Titubeo un segundo. Este juego es nuevo para mí.

—Claro. Me encanta trabajar con mi reportera favorita.

Dios. En mi cabeza eso sonaba irresistible, no patético.

—Vale, Toni, vamos a saltarnos la parte en la que tú tratas de derribar mis defensas con tu carisma sobrenatural. No es tu rollo.

—Te daré la exclusiva, ya lo sabes.

—¿La exclusiva? —Se ríe—. Ostras, sí que conoces el argot de los medios.

—Podría haber dicho primicia. Es una de mis palabras favoritas. Y sé que a ti te pone a cien.

Oigo una risa ahogada.

—De acuerdo, me has sacado una sonrisa. Ahora hablemos en serio. A cambio de que no me digas nada, ¿qué quieres de mí?

Por un instante, esa pregunta hace saltar por los aires los cortafuegos de mis fantasías más perversas. Meneo la cabeza. Concéntrate.

—Solo una información.

—Me has pillado en un buen día, así que, solo por ser tú, te lo voy a poner fácil. He llamado a algunos contactos en Toronto y alrededores. Como soy la pera, han hecho algunas consultas por mí.

—¿Y?

—No hay ningún Jax Thorne empadronado en la zona.

—¿Nadie?

Eso sí que es extraño.

—Lamento que hayas llamado para nada. ¿Algo más?

—En realidad, tengo otra cuestión. Pero tú no interpretas nada de lo que te pregunto y, por supuesto, no lo publicas aún. Solo eres mi fuente.

—Querrás decir, tu puta.

—Por favor, Molly…

—Hoy no tengo ganas, cariño. Me duele la cabeza.

—Acabas de decir que tienes un buen día.

Resopla tan fuerte que me hace daño en el tímpano.

—Déjame ver si lo he entendido. Tú no me dices nada y solo me ofreces la promesa de una… ¿cómo lo has llamado? ¿Exclusiva? Pero no puedo publicar nada. A cambio, yo te lo tengo que decir todo. Lo siento, Toni, esta vez no hay trato.

Tomo aire y aprieto los dientes. Es hora de mantenerse impertérrito.

—Pues adiós, Molly.

—¡Eh, Toni! Baja el ritmo. —Su voz cambia.

Menos hierro, más miel—. Estaba de broma.

Joder, no soy un agente inmobiliario. No me vengas con esa treta de negociador de «adiós, Molly».

Mira, vamos a dejar de fastidiarnos. Esto es lo que vamos a hacer: tú me das algo.

Una declaración, un rumor, lo que sea. Puede ser todo lo inocuo que quieras, pero quiero ser la primera en publicar una declaración de Toni Galán, CEO de TG Confidential.

—Sarcasmo detectado.

—Si aceptas eso, te diré lo que quieres. Me mantendré callada y tú me darás la exclusiva o lo que sea antes que a cualquier otro medio. ¿Trato hecho?

—Trato hecho. Aquí tienes tu declaración: Jax Thorne contrató prostitutas en su despedida de soltero. Él y sus colegas pasaron la noche en el calabozo porque Jax intentó sobrepasarse con una de ellas.

Mientras hablo, un taxi se detiene frente al Mystery Box.

La puerta trasera se abre y Chase se apea del vehículo con la elegancia de un actor de cine mudo.

Luego le estrecha la mano al conductor, y un billete de diez dólares viaja discretamente de una palma a otra.

El conductor hace una reverencia. Solo le falta menear la colita y restregarse en su pantalón.

—¿Nada más? —insiste Molly.

—Sí. El mejor amigo de Jax, un tipo llamado John-Michael Flint, se suicidó poco antes de que Jax desapareciera.

—¡Vaya! ¿Un suicidio? Esto empieza a ponerse interesante.

—¿Te han dicho alguna vez que eres un amor?

—Y eso que no me has visto en la intimidad. ¿Qué más?

—Esa es mi declaración, Molly.

—Venga, sabes que con eso no hago nada. Todos los días ocurren cientos de suicidios en este país. Hazlo por mí…

Emplea a propósito un tono que causaría envidia a cualquier telefonista de línea erótica, y es suficiente para que mi muro se derrumbe.

—Tú ganas. Una amiga de Susan Calloway vio a Jax muy acaramelado con una mujer.

—Eso ya es algo. ¿Sabes cómo se llamaba la mujer?

—No —miento a medias. Scarlett Moon no puede ser su nombre real.

—¿Cuál es tu fuente?

—Sin comentarios.

—Vamos, Toni. ¿Fue Rebecca Thorne?

—No fue Rebecca.

—Entonces, ¿quién?

Así trabajan los reporteros. Les das la mano y quieren el brazo.

—Ya te he dicho mucho.

—Venga, hombre. No me has dado nada.

—Te he dado casi todo lo que sé. Tenemos un trato.

—Sí, de acuerdo… Tú ganas. —Su tono deja claro que volverá a la carga más adelante—. Ahora te toca. Pregunta lo que quieras. Dispara.

Vale. No puedo preguntar sin más sobre Lily Williams sin hablarle a Molly de la Polaroid. Y eso es algo que quiero mantener lo más en secreto posible, al menos de momento.

Sutileza. Esa es la clave.

—¿Te dice algo el nombre de David Klein?

—Klein, Klein… —Hace una pausa—. No me suena de nada. ¿Quién es?

—Dirige un bufete de abogados aquí, en Manhattan. Es amigo de los Thorne y el jefe de Jax. Un tipo con un bufete exitoso y, supongo, muchos secretos bajo la alfombra.

Miro a Chase. Se ha quedado mirándose en el espejo de un escaparate. Una bonita manera de pasar el tiempo. Ya ha terminado de arreglarse el flequillo y ahora utiliza el cristal para practicar diferentes sonrisas.

—¿Y por qué tienes interés en él? —pregunta Molly.

—Solo quiero hacerme una idea detallada de la vida de Jax. Y Klein era su jefe. A lo mejor estaba metido en algo. Él, o sus hijos…

El señor sutileza, me llaman.

—Ajá.

—Nada importante, ya ves.

—Claro. Me lo creo.

—Es la verdad —miento.

Oigo un nuevo suspiro al otro lado de la línea.

—Vale, como quieras. Lo jugaremos a tu manera por el momento. Miraré a ver lo que obtengo sobre ese David Klein. Pronto tendrás noticias mías.

Con gran esfuerzo, como si le resultara difícil apartarse de un espejo, Chase se vuelve hacia mí y me apremia con la mirada. Yo levanto un dedo. Él asiente. Como siempre, da la sensación de estar absolutamente tranquilo y relajado.

—Gracias. Oye, tengo que dejarte.

—¿Qué? ¿Ahora me vas a dejar colgada?

—Ese era el trato, ¿no?

—Espera. ¿A qué viene ese repentino interés por David Klein?

—Como te he dicho, quiero conocer mejor la vida de Jax.

—¿La frase «mentiroso de mierda» significa algo para ti?

—Hablamos, Molly.

—¡Espera! ¡Para el carro!

Espero.

—¿Toni? ¿Sigues ahí?

—Sigo aquí.

Me digo que somos como la versión hardcore del «cuelga tú». La idea me saca una sonrisa.

—Aquí está pasando algo serio, ¿no?

Pienso la respuesta.

—Jax Thorne desapareció. Susan Calloway está en coma. Y John-Michael Flint, muerto. Yo diría que es bastante serio.

—Pero hay algo más. Lo noto en tu voz. Vamos, te prometo que no lo publicaré.

—¿La verdad? Aún no la sé.

—¿Y cuando la sepas?

Suspiro.

—Sí, vale. Tú serás la primera en saberlo.

—Te llamaré con lo que averigüe, Toni. Palabra.

Cuelgo yo primero. Minipunto para mí.

Guardo el móvil y camino hacia Chase, que me espera con la ceja enarcada y esa mueca torcida que hace que la gente quiera abofetearlo. O besarlo. A veces, ambas cosas.

—Has venido en metro —dice.

—¿Cómo lo sabes?

—Tienes ese aire de «acabo de compartir espacio con cien desconocidos que huelen a comida rápida y sueños sin cumplir». Además, tienes una marca en el hombro. De la mochila de alguien, supongo.

Me toco el hombro. Tiene razón. Maldita sea.

—El metro es eficiente.

—El metro es triste. —Sacude la cabeza—. Huele mal, es para pobres y, sinceramente, Toni, tú mereces algo mejor.

—¿Mejor? ¿Como un taxi donde le das propina al conductor por abrirte la puerta?

—Exacto. —Sonríe—. ¿Ves? Lo entiendes.

—Era sarcasmo.

—Lo sé. Pero, a veces, aciertas sin querer.

No tiene sentido discutir con Chase. Es como intentar ganar un debate con un gato.

—¿Con quién hablabas? —pregunta de repente, aunque lo sabe perfectamente.

—Con nadie.

—Mentiroso. Te he visto. Estabas hablando por teléfono. Y parecías… no sé. ¿Incómodo? ¿Excitado? ¿Las dos cosas?

—No es asunto tuyo.

—Oh, vamos. Somos socios, compañeros, hermanos de armas. ¿No puedes contarle a tu hermano de armas con quién hablabas?

—No.

—¿Era una mujer?

—Chase…

—Era una mujer. —Sonríe como si acabara de ganar el premio gordo—. Lo sabía. ¿Quién es? ¿La conocemos? ¿Es Hada?

—No es Hada.

—Entonces, ¿quién?

—Era Molly.

Chase abre los ojos como platos. Le falta relamerse.

—¿Molly? ¿ Tu Molly?

—¿Cómo que mi Molly ?

—Interesante. —Se frota la barbilla—. Muy interesante.

—No es lo que piensas.

—¿Y qué pienso?

—Que hay algo entre nosotros.

—¿Y no lo hay?

—No.

—Otra mentira. —Me da un toque con el dedo en la punta de la nariz—. Se te va a poner larga como a Pinocho… —Sonríe—. Y la nariz también.

—Chase, te juro que…

—Está bien, está bien. —Levanta las manos en señal de rendición—. Entonces, ¿qué te ha dicho? ¿Algo jugoso?

—Pues que Jax no está en Toronto, al menos bajo ese nombre. Y que me va a conseguir información sobre David Klein.

Frunce el ceño.

—¿Quién?

—El jefe de Jax.

—¿Por qué?

—Porque tengo novedades interesantes sobre Jax y la chica de la Polaroid.

Sus ojos brillan.

—¿Qué información?

—Te lo contaré todo luego. Antes quiero entrar a este antro y quitarme el mal momento de encima lo antes posible.

Sonríe.

—Vamos, Toni. Va a ser divertido.

—Tú y yo tenemos definiciones muy diferentes de «divertido».

—Eso es lo que hace que nuestra relación funcione.

Camino hacia la puerta negra del Mystery Box. Chase me sigue. Puedo sentir su sonrisa en mi espalda. Contengo el aliento y empujo la puerta. La música nos golpea como una pared de sonido. Grave, profunda y pulsante.

El Mystery Box nos espera. Y nada más entrar, comprendo que esta noche va a ser larga.