Pack Toni Galán (libros 1-3) 4 #2
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—Cuando te contraté, pensé que TG Confidential sería un filón.

Ricachones del mundo del cine, actores con problemas, productores con secretos…

Gente con dinero que necesita arreglar sus vidas de mierda.

Pensé que tú, con tu historial en Hollywood, serías el tipo perfecto para atraer a esa clientela.

Asentí.

—Exacto. El caso del asesino de novias fue…

—Un desastre —me cortó—. Sí, lo resolviste. Felicidades. Nos atrajo tu valentía, tu instinto, y por eso fuimos a por ti. Pero también acabaste en todos los periódicos, tu cara salió en la televisión, y la mitad de Los Ángeles te señalaba como sospechoso. ¿Crees que eso inspira confianza?

—Pero demostré que era inocente.

—Después de que te arrestaran. —Marcus se inclinó hacia delante—. La gente no recuerda que eres inocente, recuerda que fuiste sospechoso. Y eso hace que no confíen en ti. Tu marca es tóxica, Toni.

Tragué saliva.

—Y aun así, me contratasteis. Ya sabíais todo eso cuando vinisteis a buscarme a Los Ángeles.

Marcus gruñó. La cosa no iba por el buen camino.

—Marcus, mira, sé que ha sido difícil, pero…

—¿Difícil? —resopló—. Llevas meses sin una oferta decente. Meses. Y la última que tuviste, la de los Miller, resultó en un baño de sangre. Literalmente.

—De nuevo, resolví el caso —repetí, sintiendo cómo la frustración empezaba a trepar por mi garganta—. Encontré al culpable. Salvé vidas.

—Y casi pierdes la tuya. Por no mencionar que nuestros clientes acabaron todos bajo tierra.

—Vaya, ahora te mueven razones humanitarias —dije, agitando la cabeza, con más amargura de la que pretendía.

—De acuerdo, soy un codicioso cerdo capitalista —replicó Marcus, sin inmutarse—. Pero tú, amigo mío, eres un exguionista y exnovelista. No se me ocurre mente más retorcida, traidora y calculadora, salvo quizás un político.

—Eso ya quedó atrás, Marcus.

—Sí, ahora eres investigador privado. Y uno bastante bueno, lo admito. Tú y esa tía española que está tan buena hacéis un trabajo excelente.

—Hada es cubana.

—Lo que sea, es lo mismo.

—No es lo mismo.

—Me importa una mierda. —Marcus sacudió la cabeza—. Cuando vi lo que hicisteis con el asesino de novias, me sentí excitado.

Alcé una ceja.

—Por favor… ¿quieres un cigarrillo?

—Escúchame un segundo y deja de hacerte el gilipollas conmigo, que soy tu jefe.

Pongo cara de sapo y no digo nada.

—Tienes el cartel de problemático clavado en la frente, Toni.

—Vaya. Les dije que lo colgaran en la puerta.

Esta vez, Marcus sí se rio. Y su sonrisa, una hilera de perlas impecablemente blancas y alineadas, provocó un escalofrío por toda mi espalda.

—TG Confidential se ha convertido en una sangría de dinero, Toni. Una puta sangría. Y yo no puedo permitirme seguir pagando los sueldos de tres personas que no generan ingresos.

—Espera. ¿Qué estás diciendo?

—Estoy diciendo que esto no funciona. Tu nombre es veneno para las primas de riesgo de esta agencia. La gente no confía en ti. Y si no confían en ti, no confían en la agencia. Es así de simple.

—Marcus, espera un segundo…

—No hay nada que esperar.

—Tenemos un trabajo nuevo —solté, desesperado—. Esta misma mañana. Una clienta ha venido a la oficina. Cincuenta mil dólares, Marcus.

Eso captó su atención. Una ceja se elevó casi imperceptiblemente.

—¿Cincuenta mil?

—Sí. Una mujer cuyo novio desapareció hace seis meses. Un tipo rico, al parecer. Gente importante. El tipo de cliente que querías que atrajéramos.

—¿Desaparecido cómo?

—Se esfumó. Sin rastro. La policía cerró el caso, pero ella está convencida de que hay algo más.

Marcus jugó con un bolígrafo sobre el escritorio. Vi cómo su mente calculaba, evaluaba.

—¿Quién es la clienta?

—Susan Calloway. No sé mucho más todavía.

—¿Y el novio?

—Un tal Jax Thorne.

Por un segundo, algo cruzó el rostro de Marcus. Algo que no supe identificar. ¿Reconocimiento? ¿Interés? Pero desapareció tan rápido como había llegado.

—Bah, me trae sin cuidado. Es un parche. Un puto parche. Resuelves este caso, cobras los cincuenta mil, y después ¿qué? ¿Volvemos a esperar otros seis meses hasta el siguiente? No, Toni. No funciona así.

—Dame una oportunidad. Déjame demostrar que puedo hacerlo.

—Ya tuviste tu oportunidad.

Me quedé clavado en la silla, mudo. Marcus suspiró, frotándose los ojos con el pulgar y el índice, con gesto de agotamiento.

—Mira, Toni —dijo, y su voz perdió parte de su filo—, eres un buen tipo.

Un poco idiota, pero buen tipo. Cuando te contraté, creí en ti.

De verdad. Pensé que serías quien le daría la vuelta a todo esto.

—Suspiró—. Aposté por ti. Y perdí. No es la primera vez que me equivoco, y no será la última.

Pero esta me duele más de lo que esperaba.

No supe qué decir. El Marcus que conocía no admitía debilidades ni mostraba grietas. Pero ahí estaba una, pequeña, casi invisible. Y luego desapareció.

—Pero esto es un negocio. —La dureza volvió a su tono—. Y los negocios que no son rentables se cierran. Así funciona. No es nada personal.

Genial. Ahora me citaba El padrino . Solo faltaba que me besara en la boca y me llamara Fredo.

—Marcus, por favor…

—Voy a cerrar TG Confidential.

Las palabras cayeron como una losa.

—¿Qué?

—La sección desaparece. Se acabó.

—¿Y Hada? ¿Y Chase? —pregunté—. ¿Qué pasa con ellos?

Marcus se encogió de hombros.

—La chica tiene talento. Podría colocarla en otra división si quisiera. Administración, quizás. O recursos humanos. Le iría bien.

—¿Y Chase?