Pack Toni Galán (libros 1-3) 45
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Thomas Brown nos deja escapar sin oponer resistencia.

Corremos hacia el Escarabajo. Chase conduce. Es lo más sensato, dado que yo apenas puedo caminar y él lo sabe, aunque no lo menciona.

La verja está abierta. El guardia ha desaparecido. No hay rastro de él en la garita, como si hubiera decidido que ya había tenido suficiente thriller por una noche.

—Encuentren a Sarah —ha dicho Brown. Su voz era hueca, como si ya no habitara su propio cuerpo. Tendrá que hacerse cargo del cadáver de Reggie y del colapso emocional —y sanguíneo— de su hermano. Pero algo me dice que eso ya le importa poco.

—Revisé todo el jardín —dice Chase—. No hay rastro de Sarah. No pude entrar a la casa, pero Toni… no creo que esté allí.

Asiento. No necesito más pistas. En mi cabeza, una frase de Gary Webber resuena como una campana agrietada:

«En ese caso, muchacho, me temo que morirá más gente».

Y ahora el mal presentimiento es más concreto. Más… nítido.

—Tenías razón, Chase —murmuro—. Cuando dijiste que nos estábamos enfrentando al mismo diablo.

Chase no responde. Sabe que no hablo de los Brown. No esta vez. Continúa conduciendo.

Entonces algo me sacude.

—¿Hoy es jueves? —pregunto.

—Sí. ¿Por?

—Por nada.

Un rectángulo azul irrumpe en el salpicadero. El móvil de Chase. La pantalla ilumina su cara con ese tono que solo tienen las malas noticias. Produce en mí la misma sensación que una mano helada en la nuca.

Es Hada.

Al ver su nombre en la pantalla, me extraña que llame a Chase antes que a mí, pero luego recuerdo que Reggie me ha quitado el móvil en la finca.

Voy a contestar, pero Chase se me adelanta. Alarga el brazo y se lleva el móvil a la oreja.

—Hola, muñeca.

Su voz quiere sonar como siempre, pero no lo consigue.

Del auricular sale la voz de Hada. No distingo bien lo que dice. Solo fragmentos, el tono… y eso es suficiente para saber que no va bien. No responde a lo de «muñeca», lo cual ya es un síntoma de alarma.

Chase escucha. No habla. Conduce más despacio ahora.

Su rostro es una máscara fría. Neutra. Algo no va bien.

—Gracias —dice al fin, y cuelga.

—¿Qué quería Hada?

—Nada.

—¿Nada?

—Nada importante.

Le lanzo una mirada. Toqueteo nervioso el cinturón de seguridad.

—Lo he oído, Chase. Ha dicho que me lo digas con tacto. ¿Qué pasa?

Suspira. Frena con una sacudida. Pone punto muerto y activa las luces de emergencia. El coche queda inmóvil en mitad de la calzada, con la ciudad dormida a nuestro alrededor.

Se vuelve hacia mí. Su expresión se resigna y, por un instante, me siento intrigado —no recuerdo la última vez que vi a Chase resignarse ante algo—. Pero apenas dura. Siento una agobiante contracción en el estómago.

—¿Chase?

—Lo siento, Toni. —Aparta la vista y mira hacia la noche por la ventanilla; tiene el mismo aspecto absorto que en tantas ocasiones—. Me temo que todo esto ha sido en vano.

—¿Qué dices? ¿Por qué?

—Porque nos hemos quedado sin pagador. Han encontrado a Sarah.

Vuelve a mirarme. Empiezo a asentir sin querer, como si mi cabeza lo supiera antes que yo. Trago saliva.

—Está muerta —añade.