Pack Toni Galán (libros 1-3) 37
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Me lleva unos segundos asimilarlo. Un tiempo que Beth aprovecha para desatarme el cinturón.

Randy Brown.

Ese cabrón de sonrisa torcida estaba con ella la noche en que Anne desapareció.

Tiene que significar algo. Pero ahora, con la mano de ella deslizándose dentro de mi ropa interior, me cuesta discernirlo.

—Tú estás mucho mejor dotado que él —susurra, con voz de terciopelo y pólvora. Sus dedos se cierran sobre mí—. Él no era más que un mocoso malcriado.

Es infantil, lo sé, pero su comentario me eleva la moral. Literal y figuradamente.

—No, Elisabeth —murmuro, apartando su mano—. Para.

—Me gustas, Toni.

Retrocedo un paso mientras niego con la cabeza.

—Esto que acabas de contarme es… Yo no…

Me interrumpe el sonido de mi teléfono móvil.

—¿Es… Tom? —balbuceo, sintiendo que no me salen las palabras. Son demasiadas cosas a la vez.

—¿Tom Wayland? —pregunta Beth—. ¿El abogado de mis padres?

Deslizo el dedo por la pantalla y contesto.

—Aquí Toni Galán.

La voz de Tom suena tensa, al borde del pánico.

—¿Estás con Sarah?

—¿Sarah? No. Estoy… —Miro a Beth, que niega rápido con la cabeza—. Estoy en casa. Solo.

—¡Maldita sea! —farfulla Tom.

Algo va mal. No es el tipo de hombre que pierde los nervios, y mucho menos que farfulla.

—¿Qué pasa, Tom?

La respuesta me revuelve el estómago.

—Voy para allá —le digo cuando termina, y cuelgo.

Dejo caer la mano del teléfono y miro a Beth.

Pero ya no la veo.

Solo veo la imagen de su padre en la camilla, con los ojos sin vida.

Me tiemblan las piernas. No por un brote, sino por lo que acabo de oír.

Mi voz suena hueca, casi fantasmal, cuando lo digo en voz alta:

—Tu madre ha desaparecido.