Pack Toni Galán (libros 1-3) 21 #2
45%

21 #2

Levanta una mano.

—Nada de Molly. O me das algo más, o no cuentes conmigo.

Suspiro.

—Quiero saber si Ursula Brown murió de forma natural, se suicidó… o si alguien se aseguró de que no pudiera contarlo.

Molly no pestañea. Sé que he encendido la chispa. La puedo ver arder detrás de esos ojos que siempre parecen un paso por delante.

—¿Tienes algo en lo que basarte para cuestionar eso?

—Una corazonada.

Su risa es seca, cortante.

—Me estás empezando a cabrear, Toni. —Entorna los ojos—. ¿Qué tal si me dices la verdad?

—¿La verdad? Joder, Molly, ¿por qué no me pides una exclusiva directamente? Me encanta cuando los paparazzi hacéis eso.

Sonríe. Es una sonrisa falsa, rabiosa. Odia que le llamen paparazzi. Pero es una sonrisa, al fin y al cabo. Y muy hermosa.

—¿Por qué estás tan a la defensiva?

—¿Yo? ¿Defensivo? Para nada. Estoy encantado de estar aquí, compartiendo este glorioso sushi con mi ex colaboradora favorita que me odia un poquito menos que ayer.

—Déjate de teatrillos y dime por qué te obsesiona una muerte que ocurrió hace veinte años. Si no, puedes olvidarte de mi ayuda.

Odio esto. Odio que tenga razón, que sepa exactamente cuándo cederé. Pero si quiero avanzar, necesito su ayuda, y eso significa entregar una parte de mí que preferiría enterrar bajo toneladas de orgullo. Es el momento, sin duda.

—He hablado con un testigo que estuvo allí. Dice que la historia oficial… hace aguas.

Ella no dice nada. Solo observa un nigiri como si contuviera un mensaje oculto.

—Debería haberlo sospechado antes —murmura.

—¿Se supone que debo saber de qué estás hablando ahora?

—No, se supone que debes seguir haciendo el capullo unos minutos más, hasta que me canse y me largue. Es tu especialidad.

—No seas tan melodramática, Molly. No te pega.

Molly está a punto de reír.

—Vamos, hombre, deja de disimular y habla claro. A ver. Evelyn Crowe en tu oficina. Luego yo aquí. Preguntas por Ursula Brown. Solo hay una conclusión posible.

—Ilumíname.

—Joshua Miller ha desaparecido.

Me deja helado. No sé si lo ha deducido o si ya lo sabía. No importa. Mi respuesta me delata antes de que pueda controlarla.

—No ha desaparecido —corrijo. Y al instante quiero morderme la lengua. Me he adelantado. Y el brillo en los ojos de Molly me lo confirma. Ella se echa a reír, con esos ruiditos suyos que siempre me han parecido más propios de una ardilla cabrona que de una mujer.

—Gracias por confirmarlo, detective.

—¿Cómo sabías que Miller trabajaba para Crowe?

—Porque soy buena. Muy buena. Y esto es evidente, Toni. Cualquiera que sepa respirar y caminar al mismo tiempo se habría enterado de la desaparición. Y luego está lo otro.

—¿Qué otro?

—La cara que pusiste al salir de tu oficina ayer… parecía que te habían dado un ascenso. Suma eso a tu reunión con Crowe y tu súbito interés por los muertos ilustres, y lo demás cae por sí mismo: Sarah Campbell te ha contratado para buscar a su marido.

—Brillante.

—Lo sé. Ahora escucha: si quieres que consiga ese archivo, quiero participar.

—¿Participar? Eso me suena a eufemismo.

—Quiero saber todo. Dónde está Miller. Por qué desapareció. Qué descubres. Me lo contarás a mí, y solo a mí.

—Nada de migajas —añado, antes de que lo diga.

—Ni promesas huecas —remata ella, levantando un dedo firme. Si fuera un terremoto, tendría una magnitud de 9,5 en la escala de Richter.

—Así que al final me pides una exclusiva.

—Lo tomas o lo dejas.

Medito un instante. No me gusta soltar información antes de tiempo, pero Molly no es estúpida y me tiene en su lista negra. Sé que, si está aquí, es precisamente por esto. A menos que le dé algo, no moverá un dedo.

—Tienes que prometerme algo —digo.

—Dispara.

—Pase lo que pase, por muy surrealista que se ponga esto, no vas a soltar ni una palabra. Ni a tus fuentes, ni a tus jefes, ni siquiera a tus grupos de lectura.

Molly casi se levanta del asiento.

—¿Qué quieres decir con surrealista?

—¿Lo prometes o no?

—Tú primero.

Resoplo, cansado de tanto tira y afloja. Acabo cediendo:

—Si me consigues ese informe, tú serás la primera en saber lo que encuentre.

Me estudia.

—¿Promesa de caballero?

—Soy un caballero.

—Esa es la mayor mentira que has soltado hoy.

Sonrío. Y ella también, aunque solo con la mitad de la boca.

—Empieza a demostrármelo ahora —dice—. ¿Por qué te contrató Sarah Campbell?

—Ya lo sabes. Quiere que encuentre a su marido.

—¿Y qué has descubierto hasta ahora?

—Apenas nada.

—Toni… —Ladea la cabeza y pone los ojos en blanco—. Vuelves a tomarme por estúpida. Si fuera así, no te preocuparía tanto que me fuera de la lengua.

Vacilo.

—Te he dado mi palabra, Toni —me recuerda.

No tengo escapatoria, así que hablo. Le cuento lo de las llamadas. Cuando menciono la camiseta manchada de sangre que encontramos en su despacho, abre mucho los ojos y se lleva una mano a la boca al revelarle que Miller estuvo en casa de los Brown en el momento de la muerte de Ursula.

—¿Crees que él la mató?

—No he dicho eso.

Pero tampoco lo niego, y ella lo nota.

—Joder… —susurra—. Qué historia más acojonante.

—Pero no la puedes publicar.

—Ya, qué putada. ¿Y cómo es que yo no sabía nada de eso?

—Los Brown se encargaron de taparlo todo.

Asiente despacio.

—Molly.

Me mira. Sus ojos están en otra parte, muy abiertos, como si acabara de presenciar un accidente en cámara lenta.

—¿Qué?

—¿Me conseguirás ese informe?

—Haré lo que pueda —responde, recuperando el control de sí misma. Se mete el último nigiri de un bocado y se pone en pie.

Yo también me levanto.

—Me alegra verte, Molly.

Ella saca un billete y lo deja en la mesa como si lo apuñalara.

—Será mejor que esta vez no me la juegues —dice, atravesándome con la mirada—. Una traición más y será la última.

—Creo que no me has dado opción.

Se gira y se marcha entre sombras y neones, dejándome solo con el aroma del caldo miso flotando en el aire y la sensación de haber contraído una nueva deuda.

No importa. Si Molly consigue la información que necesito, pronto sabré la verdad.

Y algo me dice que esa verdad no solo no va a gustarme, sino que va a cambiarlo todo.