Pack Toni Galán (libros 1-3) 2 #2
29%

2 #2

Por otra parte, esto no es ni mucho menos mi especialidad.

Soy escritor, no detective. No es lo mismo inventar crímenes y darles una salida imaginativa y sorprendente que resolverlos en la vida real.

De acuerdo, acabé dando con el asesino de novias y encontrando la respuesta al misterio de la fuga de material inédito en la productora.

Pero eso no significa que yo sea como mis personajes protagonistas. No soy ningún James Bond.

Y sin embargo, aquí estoy, sentado frente a Evelyn Crowe, mi antigua jefa —a sus sesenta y dos años, es la presidenta de una de las productoras cinematográficas más exitosas de Hollywood— y frente a Kip Dolan, uno de los abogados más implacables del sector, negociando los flecos sueltos —y son demasiados— de mi dimisión.

Sí, yo, Toni Galán, renuncié al trabajo de guionista después del escándalo del asesino de novias por simples cuestiones morales.

Y por si fuera poco, aquellos a quienes rechacé están ahora al otro lado de mi mesa para humillarme con una oferta económica que, por más que me pese, no me vendría nada mal.

«¡Aguanta, Toni!»

—Mi respuesta es definitiva —me obligo a responder al fin—. Creo que he sido lo bastante claro.

Evelyn Crowe niega con la cabeza. Luego cruza las piernas y finge aburrimiento.

Sus ojos tienen ese brillo calculador de alguien que sabe cómo y cuándo pisotear.

Sus manos están llenas de anillos brillantes y enormes, o tal vez solo lo parecen debido al contraste con sus largos y esqueléticos dedos.

—Vamos al grano, porque veo que no me estás entendiendo —dice.

—Al grano. Ya era hora.

—El asesino de novias . El estudio ya está preparando la película. Nos gustaría contar contigo, Toni. Una pequeña colaboración… Un gesto.

—¿Un gesto? Levanto una ceja y aparto el maletín con desdén—. ¿Así llamáis ahora a los cheques en blanco con más ceros a la izquierda que a la derecha?

Kip clava un dedo índice en la mesa, intentando intimidarme. No lo consigue.

Pero lo cierto es que ahora estoy boqueando y dando manotazos de ahogado. Sé lo que se me viene encima, y no quiero escucharlo.

—El contrato es claro —dice Kip, con su voz aguda que me hace sospechar que era de esos niños a los que les quitaban el bocadillo en el patio—.

La productora puede expandir la franquicia como considere oportuno.

Eso incluye películas, spin- offs, lo que sea.

Renunciaste a tu puesto, pero nada impide que sigamos ganando dinero con tu trabajo, chaval.

Chaval. Quiero contestarle que somos de la misma edad, pero logro contenerme.

—Si el contrato es tan claro, ¿qué hacéis aquí?

—¿Cómo dices?

—Yo ya no trabajo para vosotros, y sin embargo habéis cruzado el país para negociar conmigo. Hasta habéis hecho el teatro de meter el dinero en un maletín de cuero y ponerlo frente a mis ojos. Muy bueno, por cierto; si algún día retomo la escritura, lo incluiré en una de mis novelas.

—Basta de sarcasmo, joder —se queja Kip, que parece estar retorciéndose por dentro.

—El caso es que no os habríais tomado tantas molestias si no supierais que tengo la sartén cogida por el mango.

—Estamos siendo considerados contigo por los viejos tiempos, Toni, eso es todo —explica Evelyn.

—Claro, vosotros destacáis por vuestra consideración y generosidad, sois dos filántropos de tomo y lomo —asiento, inclinándome ligeramente hacia adelante—.

Lo curioso, Evelyn, es que cuando renuncié, también renuncié a que siguierais usando mis historias inéditas.

Esas tramas que nunca se emitieron y que ahora aparecen mágicamente en los guiones de una película.

Ella me mira fijamente, y por primera vez, su sonrisa se tambalea.

—No tienes pruebas de eso —dice Kip, casi escupiendo las palabras.

—Oh, claro que las tengo —replico, con una sonrisa—. Tengo pruebas, testigos y lo que es mejor: amigos en la prensa a los que les encantaría redactar un gran artículo sobre sobornos, chantajes y amenazas en la industria cinematográfica.

Miradas de asombro, especialmente en Kip. Es un farol, claro, pero uno muy bueno. Da en la diana.

Kip mantiene la voz baja y entre dientes.

—No vayas por ahí, Galán. Estás jugando a un juego muy peligroso.

Se ha dirigido a mí por mi apellido. En su caso, es el equivalente al silbido de la olla. Más vale que Evelyn lo aparte del fuego o saldremos todos por los aires.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta ella sin apartar la mirada de mí.

—Si queréis que firme cualquier papel renunciando a mis derechos, vais a tener que pagarme lo que corresponde. Porque lo que estáis haciendo no es solo una mierda legal, sino también moral.

—Moral —repite Evelyn, riendo para sí—. No me hables de moral, Toni. Tú escribiste una serie sobre asesinatos y luego tres mujeres murieron por culpa de tus textos. El único que debería preocuparse por la moral aquí eres tú.

Su golpe da justo donde duele, pero ni siquiera pestañeo. Me esperaba ese ataque. He tenido tiempo de sobra para prepararme.

—Sí, murió gente inocente —respondo con calma—. Pero yo no vendí sus cuerpos al mejor postor en una campaña de marketing. Vosotros sí. Inspirada en hechos reales. Qué eslogan más conmovedor. Me da náuseas.

—Vuelvo a preguntar: ¿qué es lo que quieres?

—Lo que me corresponde. Un porcentaje justo de los derechos de autor. Nada más, nada menos.

—No podemos pagarte eso, y lo sabes.

—Pues entonces hemos acabado —respondo sin pestañear.

Kip me lanza una mirada que podría romper cristales.

—Acabaremos cuando lo digamos nosotros, imbécil.

—Eso ya me gusta más.

—Que te gusta más, ¿qué?

—Que estés empezando a insultarme. Por un momento he llegado a pensar que no estaba pidiendo bastante.

Vuelve a fulminarme con la mirada.

—Si crees que puedes ganar esta batalla, estás más enfermo de lo que pareces.

Entorno un poco los ojos. Él me mantiene la mirada. Enfermo . No ha escogido esa palabra porque sí, ambos lo sabemos.

—Lo que yo creo es que Hollywood es un sitio pequeño —respondo.

Ahora estoy mirando solo a Evelyn porque sé que Kip no soporta que lo ignoren.

¿Y quién sí?—. Los actores, directores y guionistas hablan entre ellos.

Y últimamente todos me conocen bastante bien.

Si la productora quiere que sus estrellas favoritas trabajen en El asesino de novias, la película , quizá no les convenga saber que su presidenta roba historias y aplasta a los escritores cuando ya no le sirven.

¿Quieres que empiece a contarle eso a la prensa, Evelyn?

Tengo un par de periodistas en marcación rápida.

Evelyn no dice nada durante unos segundos. Kip me mira como si estuviera decidiendo si será legal arrancarme los ojos con la punta de su pluma estilográfica. Finalmente, Evelyn suspira y se acomoda en su silla, tal vez intentando recuperar el control de la situación.

—Mirémoslo desde todas las perspectivas posibles, ¿de acuerdo?

Tú eres nuevo en esto, Toni. No eres más que un exguionista que está haciendo todo lo posible para introducirse en el mundillo de los investigadores, y yo te respeto por eso.

Renovarse a tu edad requiere cojones. —Oír esa palabra en boca de una mujer mayor me provoca un escalofrío—.

Eres un tipo tratando de hacerse un hueco en un mundo difícil. Mira, hasta te admiro, en serio.

Me muerdo la lengua. Odio que me traten con condescendencia.

—Si esto te sale mal —prosigue Evelyn—, podría hundir tu carrera.

¿Entiendes lo que quiero decir? Ahora eres una figura pública.

La gente te conoce, tu nombre ha salido en la tele y la prensa reacciona a tu nombre como tiburones ante la sangre fresca.

—Se interrumpe para posar la mano en la mesa.

Los anillos resuenan como huesos chocando entre sí.

Trago saliva—. Hay quien ya está opinando.

Dicen que esto no va contigo, que no sabrás cómo afrontar un caso complicado.

Yo no, claro. —Vuelve a reír. Es la sonrisa tierna y afable de una dulce abuelita, aunque sus ojos dicen otra cosa—.

Yo creo que eres un tipo muy listo. Muy astuto. Pero la forma en que te comportas…

Al decir eso, Evelyn niega con la cabeza. La abuelita acaba de transformarse en un profesor desilusionado ante un alumno prometedor.

Kip se inclina de nuevo contra la mesa y añade sin pestañear:

—¿Por qué no te haces un favor y firmas el contrato?

Coges el dinero y te olvidas de esa patraña de jugar a ser Colombo.

—Se humedece los labios y sonríe como si saborease algo muy dulce—.

Sigues yendo a tratamiento, ¿verdad? Uf, debe de costar una fortuna.

Nunca se me dieron muy bien las mates, pero con lo que hay aquí dentro —señala el maletín—, diría que te da para cubrir unos cuantos años en el hospital.

Si lo que tienes aquí montado no sale bien, sin embargo…

Resopla y tuerce el gesto. Es pura comedia. Está fingiendo que le importa mi situación, pero ambos sabemos que por dentro está disfrutando. Yo también tengo mis puntos débiles, y el cabrón de Kip acaba de clavar una estaca en uno de ellos.

Quiero mandarle a la mierda sin tapujos, y esta vez no pienso contenerme ni tirar de sarcasmo, pero no puedo hacerlo porque alguien llama a la puerta con los nudillos. Tres golpes secos.

—¿Sí? —grito, molesto, sin apartar la vista de Kip.

La puerta se entreabre y Hada asoma medio cuerpo por el hueco. Lleva puesta una blusa amarilla que produce un contraste demoledor con su cabello oscuro, sus ojos negros y esa piel bronceada que evoca lo más bonito de la vida.

—Una llamada, Toni —dice. Cuando se da cuenta con quién estoy reunido, tiene el impulso de retroceder, pero es solo un instante. Se queda en la puerta mirando a Evelyn y a Kip como si fueran dos cucarachas trepando por la mesa.