Pack Toni Galán (libros 1-3) 36
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Dos días más tarde. Oficinas de la productora. Día.

El eco de mis pasos resuena en las desiertas oficinas de la productora. Todavía no he superado lo sucedido con Peter. Mi mente está en un torbellino de pensamientos, pero el mensaje de Evelyn Crowe a primera hora era claro: debía presentarme hoy, sin falta.

Camino directamente hacia el despacho de la jefa cuando paso junto a la puerta de Hada, que permanece cerrada. No es habitual. A través de la madera oigo que alguien se sorbe la nariz, y me detengo.

Llamo tímidamente con los nudillos.

—¿Hada? Soy yo, Toni. ¿Puedo pasar?

No hace falta que lo haga, porque es ella quien me abre la puerta.

La imagen me detiene en seco. Hada tiene la cara hinchada, el surco nasolabial húmedo y los ojos enrojecidos.

Sujeta una caja de madera de la que asoman artículos de escritorio de diferente naturaleza: una fotografía enmarcada, un par de cuadernos, un bote con bolígrafos y la planta carnívora que alimenta desde el primer día.

—Hada… —susurro, acercándome lentamente. Ella levanta la vista. Me mira con una mezcla de tristeza y vergüenza.

—Toni… —responde, intentando sonreír, pero el esfuerzo es en vano. Las lágrimas siguen cayendo por sus mejillas.

—¿Qué ha pasado? —pregunto, con el corazón dolido por verla así. Tomo su mano entre las mías.

—Me han despedido. —Vuelve a sorberse la nariz. Yo saco un paquete de pañuelos del bolsillo y le ofrezco uno.

—¿Que te han qué?

—Despedido.

—¿Evelyn te ha echado? ¿Por qué?

—Porque estoy aquí para ser su secretaria, no para ayudar a otros empleados a conspirar contra los actores. Dice que me involucré demasiado en la trama de Jeremy Haskins… Que ayudándote, comprometí la confidencialidad y los intereses de la productora.

Con actores se refiere a Ethan Pierce y la noticia de su recién conocida homosexualidad.

Cuando Chase y yo nos interpusimos en los negocios sucios de Haskins, sabíamos que la historia secreta sobre la muerte de Tom Sanders, así como la homosexualidad de Pierce, saldrían a la luz.

Pero no esperaba que se dieran tanta prisa.

Ayer a primera hora, la imagen de Ethan Pierce ya copaba la primera plana de revistas, periódicos y programas de prensa rosa de todo el país.

Mierda. Siento una punzada de ira. Hada solo trató de ayudarme a descubrir la verdad y salvar vidas.

Es tan heroína como yo, y es injusto que pague el precio por eso.

—¿Eso ha dicho? —pregunto, más enfadado de lo que quiero mostrar delante de ella.

—En realidad, ha sido Dolan quien me lo ha comunicado.

—No me jodas. ¿Kip?

Aprieto los puños. Apuesto a que esa ameba mononeuronal no habría echado a Hada si ella fuera una norteamericana de melena rubia y largas piernas blancas.

—Hada, lo siento tanto… esto no es justo.

—La abrazo, y ella apoya su cabeza en mi hombro, dejando que las lágrimas sigan fluyendo.

Ninguna de las que ha derramado esa mañana ha sido por mí, pero tal vez las de ahora sí lo sean.

En cierto modo, me siento responsable. Acaban de despedir a Hada por ayudarme con la investigación.

Que gracias a ella se haya descubierto que Jeremy Haskins era quien difundía material en secreto y que se haya capturado al asesino de novias parece no significar nada para el dúo formado por Evelyn Crowe y Kip Dolan.

—¿Qué vas a hacer ahora? —le pregunto suavemente.

Ella se encoge de hombros.

—No lo sé, Toni. Ahora mismo todo parece tan… incierto.

Le doy un apretón en la mano, tratando de transmitirle algo de consuelo.

—Encontraremos una solución.

—No pasa nada —me dice, dándose la vuelta hacia su mesa. Finge seguir vaciando el despacho, pero la conozco y sé que no quiere que la siga viendo llorar.

Respeto su deseo de estar a solas y me despido:

—Te llamaré luego y nos tomamos algo.

—Kombucha no, por favor —bromea entre sollozos.

Es la mejor, haciendo bromas hasta en un momento como este. Sonrío.

—Eso solo para mí. A ti te sacaré un whisky escocés.

Me toma la palabra antes de que vuelva a cerrar su puerta. Casi al instante, oigo abrirse la puerta contigua. Una figura alta y delgada aparece frente a mí, poniéndome los pelos de punta:

—Evelyn está esperándolo. —La voz de Kip Dolan es tan impersonal como siempre. Asiento y me dispongo a entrar en el despacho de la jefa, pero es ella quien sale primero.

—¡Toni! ¡Ya estás aquí!

Evelyn Crowe será pequeña de talla, pero tiene el paso largo y la voz potente. Me recibe avasallando.

—Hola, Evelyn —digo, seco, sin poder apartar de mi mente la imagen de Hada llorando en la sala de al lado.

—¡Qué alegría ver que estás bien! —Evelyn me coge de los dos antebrazos y aprieta fuerte. Siento la punta de sus uñas clavándose en mi piel. Entonces baja repentinamente la voz hasta llegar al susurro—: Hablemos en privado.

Los tres entramos en su despacho. Creí que nunca más tendría que pisar este sitio que me provoca escalofríos, pero aquí estoy. Kip cierra la puerta desde dentro.

En lugar de sentarse en su silla, al otro lado de la mesa, Evelyn apoya las manos en el borde y se queda de pie con los tobillos cruzados.

—Bueno, antes que nada, ¿qué tal estás? ¿Recuperado del gran susto?

Casi se me saltan las lágrimas ante tal muestra de consideración.

—Sobreviviendo —respondo. Estoy a punto de empezar una discusión sobre por qué acaban de echar a Hada. Total, a mí ya no pueden despedirme. Pero ella se me adelanta.

—Resulta que, al final, la policía se apresuró deteniendo a Mia, porque ella no tenía nada que ver.

Yo no albergaba dudas de eso, pobrecita mía, con lo buena persona que es.

—«Falsa, falsa redomada»—. Así que me alegro de que al final el asesino fuese su ex, así no tenemos que vivir con la congoja de saber que hemos estado trabajando a diario con un criminal —dice, aunque los tres sabemos que en realidad lo que está pasando por su cabeza es que la productora se ha librado de la mala propaganda.

A nadie le gusta ser la empresa que tenía entre sus filas a un asesino en serie.

—Sí, Peter ya está en prisión preventiva a la espera del juicio —explico.

—Lo sabemos, Toni. ¡Increíble que tu fisioterapeuta acabara siendo el asesino! ¿No te parece? —Kip sonríe—. Claro que eso explica que tuviera acceso a los guiones.

—Sí. Tremendamente increíble —contesto.

Evelyn hace un aspaviento con las manos.

—En fin, cambiando de tema, creo que tenemos que agradecerte el hecho de que Jeremy Haskins haya sido desenmascarado —dice, y ladea un poco la cabeza.

Junto a ella, sobre la mesa, hay una revista. No me había percatado de ella hasta ahora, pero el titular captura mi atención:

EL DIRECTOR DE MONTAJE JEREMY HASKINS, QUE MANTENÍA EN SECRETO UN ROMANCE CON EL ACTOR ETHAN PIERCE, ACUSADO DE LA MUERTE DEL TAMBIÉN ACTOR, TOM SANDERS.

En una esquina de la portada, un robado de Pierce en bañador mientras sale de darse un baño en el Mediterráneo. «No son buenos tiempos para Derek Cross, ni en la realidad ni en la ficción», pienso con cierto placer.

—Buen trabajo, Toni —insiste ella.

—Gracias. —Mi voz sale seca. No hay lugar para cumplidos vacíos en mi estado de ánimo actual—. No lo habría conseguido sin la ayuda de Hada García —añado, deliberadamente mordaz.

Detecto un cambio en la expresión de Evelyn. Kip baja la mirada.

—Hada no tiene nada que ver con este tema, Toni —dice ella, volviendo a sonreír. Tengo que hacer un esfuerzo por no soltarle un improperio.

—¿Qué será de Clarke? —quiero saber.

—Vamos a conceder a Mia unos días libres.

Fue muy duro para ella ser detenida. Por suerte, todo resultó ser un malentendido y la policía la soltó al día siguiente.

Sabemos que le están lloviendo ofertas de muchísimos programas de televisión.

Al parecer están deseando entrevistarla y que cuente su dramática historia de amor con el asesino de novias.

Abro mucho los ojos. El cinismo de algunos seres humanos nunca dejará de sorprenderme.

—Pero las ha rechazado —sigue Evelyn—. Ya sabes cómo es Mia, tan suya, tan hermética.

«Sí, ya lo sé». Asiento con la cabeza. Hablar de Mia hace que algo se reblandezca dentro de mí. He pensado en llamarla muchas veces en estas últimas horas, pero por algún motivo no me he atrevido a dar el paso.

—Hoy es su último día de trabajo hasta la semana que viene, que se reincorporará al rodaje —dice, frotándose las manos como diciendo: «Un asunto menos del que preocuparse».

—Así que volvéis a rodar —comento.

—Sí, ahora que el asesino de novias ha sido detenido, Kip y su equipo han conseguido una orden del juez para volver a emitir la serie.

Kip se pasa la mano por la corbata y sonríe como un memo. Apuesto a que el comentario ha hecho que se le ponga un poco dura por debajo del pantalón.

—Pues felicidades —me limito a decir.

—¡No, Toni, felicidades también a ti! —Evelyn vuelve a pincharme con sus uñas, esta vez en los bíceps.

No puedo más que arquear las cejas.

—Ahora que se ha aclarado todo, vuelves a ser nuestro guionista principal —declara, sus ojos muy abiertos y fijos en los míos—. Y no tenemos un segundo que perder; la gente ya da por hecho que habrá una segunda temporada.

La propuesta cae sobre mí como una losa. Cualquiera habría saltado de alegría, pero yo solo siento una creciente sensación de amargura. Miro a Evelyn y después a Kip, que me sonríe con la mandíbula prieta. «Esto no te hace ni pizca de gracia, ¿a que no, cabrón?» Exhalo un bufido y digo sin rodeos:

—Gracias, pero no.

Evelyn y Kip se miran, sorprendidos.

—¿No?

—No —repito.

Percibo de soslayo que Kip vuelve a palparse la corbata, pero ya no sonríe.

—Pero, Toni, aún tienes contrato aquí —replica la jefa, en un tono que no tengo claro si se trata de una orden o una súplica—. Necesitamos que escribas el guion de la siguiente temporada.

Pienso en las lágrimas de Hada. Esa visión es lo que me hace responder: