Pack Toni Galán (libros 1-3) 21
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Día después de la emisión del tercer episodio. Apartamento de Chase Donovan. Día.

Chase Donovan vive en lo alto de una calle en cuesta, a unas pocas manzanas del Gilmore, en Sherman Oaks.

Su puerta es la última de una serie de adosados de tres alturas, de esos tan estrechos que parecen pilas de libros en una estantería.

No es hasta que asciendo las tres escaleras y llamo al timbre cuando me doy cuenta de que estoy tocando a la puerta de un sospechoso por triple asesinato.

Si llevara encima una pistola, me llevaría la mano a la culata.

«Si supieras manejar una —me digo— tal vez la llevarías encima».

Vuelvo a llamar, esta vez con más insistencia. No se aprecia movimiento tras esas paredes, tampoco tras las cortinas de las ventanas. Acerco la oreja a la madera, pero sigo sin captar sonido alguno.

—¡Blake Harrison! ¡Qué sorpresa!

La voz cargada de guasa proviene de la carretera.

Chase Donovan me está sonriendo con la respiración apurada mientras se acerca a mí balanceando los brazos.

Aunque lo justo sería decir que se dirige a su casa, y yo simplemente estoy en medio de su camino.

Lleva puesta una camiseta de tirantes Nike que deja ver sus bíceps, ahora brillantes por el sudor, pantalones cortos y deportivas de la misma marca.

Es evidente que viene de correr. Presiona un botón de su reloj inteligente (fin del entrenamiento) y vuelve a centrarse en mí.

Parece tan desahogado y satisfecho que hasta da rabia.

A medida que lo tengo más encima, siento cómo el pánico recorre mi cuerpo. Involuntariamente, doy un paso atrás. Mi espalda choca con la puerta.

—Buenos días, señor Galán —saluda de muy buen humor—. Ya veo que te han soltado.

Sin esperar respuesta, saca del bolsillo un manojo con dos llaves y acerca una a la cerradura.

Tengo que apartarme para que no me arrolle.

Donovan gira la llave mientras mi cerebro se pregunta todo tipo de cosas: «¿y ahora qué?

, ¿entro?, ¿me invitará a pasar?, ¿será una trampa sin salida?

». Mi cara debe de ser un poema, porque Donovan se detiene a la mitad y me observa divertido.

—Has sido rápido.

—¿Qué?

—Me refiero a que me siento halagado, pero la próxima vez espera unos días antes de venir a verme. Te hace parecer desesperado.

—Ya, es que estoy un poco desesperado. Dime por qué saliste corriendo el otro día o llamo ahora mismo a la policía.

—Antes, comamos —dice con voz sosegada.

—¿Qué?

No comprendo el cambio de actitud en él. La otra noche se mostró evasivo y reticente a contestar a mis preguntas; hasta salió corriendo en cuanto tuvo la menor oportunidad. Hoy, sin embargo, me trata con el sosiego y la confianza de un amigo.

—¿Tienes hambre? —pregunta.

—¿Cómo?

—Aún no he comido. ¿Me acompañas? Acabo de tener un antojo.

Permanezco callado junto a la puerta. La respuesta fácil sería explicar que acabo de picar algo en compañía de Mia Clarke, pero algo me dice que no me conviene dar tantos detalles.

—¿Te va la comida india? —insiste mientras vuelve a guardar las llaves en el bolsillo del pantalón. Apesta a sudor. Me fijo en que tiene las sienes empapadas. Es normal. Si yo saliera a correr con esta humedad ambiental, me bastaría con cinco minutos para romper a sudar—. Conozco un sitio…

—¡Detente!

Me doy cuenta de que estoy gritando y bajo la voz.

—¿Por qué huiste de mí el otro día en el Gilmore?

Chase Donovan, que de nuevo está bajando las escaleras de acceso, se detiene, vuelve la cabeza y me mira. Su voz es seria al responder:

—Me mentiste. Dijiste ser otra persona para sonsacarme información. No vuelvas a hacerlo, no trato con embusteros.

Voy a responder, pero antes de que pueda articular una excusa convincente, él vuelve a darme la espalda y agita el brazo.

—Vamos, que me muero de hambre. Invitas tú y estamos en paz. Te contaré por qué me despidió Evelyn Crowe. Y tal vez pueda ayudarte con el tema que te está jodiendo la vida.

Me encanta la comida india. La sola idea de un plato de curry de pollo con arroz se presenta apetecible. Apenas he comido nada durante mi charla con Mia, y la verdad es que, tras la noche en el calabozo, mi estómago empieza a rugir.

Chase ya ha cruzado la carretera y procede a descender la calle a paso rápido.

—¡Vamos, Blake —ironiza—, no todos los días se come tikka masala con un sospechoso de asesinato! ¿O acaso prefieres pasar otra noche revisando papeles viejos y preguntándote qué diablos está pasando ahí fuera?

Respiro hondo, dejando que la ironía de la situación se asiente.

No puedo evitar una sonrisa ante su descaro.

Me doy cuenta de que, pese a todo, este hombre me intriga más de lo que me gustaría admitir.

No las tengo todas conmigo, pero me resuena la frase de Maquiavelo, que en mi cabeza siempre suena con la voz de Marlon Brando en El padrino : «Ten cerca a tus amigos pero más cerca aún a tus enemigos».

«De acuerdo, veamos adónde nos lleva todo esto».

No sin cierta vacilación, voy detrás de él.