Pack Toni Galán (libros 1-3) 17 #2
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17 #2

Mientras el silencio se instala como un huésped más en la celda, mis pensamientos empiezan a desbordarse como un río en época de lluvias.

Recuerdo el rostro de Lucy O’Brien y Barbara Cole, dos mujeres cuyas vidas se han apagado bajo circunstancias horrendas, circunstancias que, de alguna manera, hay quien cree que yo he propiciado con palabras tejidas en un guion.

¿Acaso las palabras pueden ser tan poderosas, tan fatales?

Es absurdo.

«Un guionista escribe tramas, no destinos», me repito. Pero, en la fría soledad de esta celda, la línea entre ficción y realidad se vuelve dolorosamente borrosa.

Permanezco varios minutos sentado, respirando profundamente y procurando serenarme.

Estudié técnicas de relajación y autoconocimiento durante las sesiones con el psicólogo de la fundación después de ser diagnosticado.

La meditación era parte importante de lo que aprendí, y, sin embargo, nunca acabé de entender los principios básicos.

Mi mente tendía a perderse en divagaciones.

Ahora, encerrado en mi celda, trato de poner en práctica las reglas más elementales.

Cierro los ojos. Aspiro despacio por la nariz, haciendo bajar el aire de modo que solo el vientre se dilate.

Suelto el aire por la boca, más despacio aún, vaciando los pulmones.

«Muy bien —me digo—. Una vez se lleve a cabo el tercer asesinato y me dejen libre, ¿cuál será el próximo paso?»

La primera respuesta que emerge a la superficie es la más elemental: rendirme.

«Abandona aunque te cueste, Toni. Empieza de cero en otra parte.

Todo esto te supera. Y no solo por las muertes de esas chicas; el ambiente de la productora no es para ti.

En realidad, nunca quisiste trabajar para una serie de televisión.

¡Tú eres escritor! Te has metido donde no debías y ahora, han matado a dos mujeres inocentes, si no a más, y les han cercenado un dedo.

Aprende la lección y abandona en cuanto puedas».

¿Y luego qué? ¿Dejar el trabajo de guionista? ¿Abandonar la serie? De haberlo hecho así desde el principio, de no haber aceptado este trabajo, Lucy O’Brien y Barbara Cole seguirían vivas.

Esta idea hace que algo se desmorone en mi fuero interno. Abro los ojos. El corazón empieza a martillear de nuevo. Ya no hay marcha atrás. Lo hecho, hecho está.

Me pongo de pie, tratando aún de mantener la calma.

Debo ser frío y analítico. Tengo que descubrir alguna pista en los últimos acontecimientos.

Olvidar el horror, aunque sea por un instante.

Olvidar el hecho de que quizá todo esto es por mi culpa.

Autoconvencerme de que mi guion es solo una especie de manual de usuario del terror, y no el causante de todo el mal cometido.

Me obligo a pensar en los indicios.

Primer indicio: Barbara Cole murió antes de la emisión del segundo episodio, su autopsia lo evidencia.

Eso confirma algo que ya sospechaba: el asesino de Cole, que supuestamente también es el de O’Brien, no solo es un depravado, sino que también conocía los detalles de la trama antes de su emisión.

Conclusión: es alguien que trabaja (o trabajó) en la serie.

Hasta aquí perfecto. ¿Qué más?

Segundo indicio: el hecho de que las dos víctimas fueran pelirrojas, lo cual no concuerda con los acontecimientos de la serie.

¿Guarda este dato alguna relevancia, o es una mera coincidencia?

Los agentes Trent y Booker usaron ese dato en mi contra, aludiendo al color del pelo de Patricia, que también era pelirroja.

Este dato, ¿lo conoce también el asesino?

Y, de ser así, ¿lo estará utilizando para martirizarme? Sin embargo, ¿cómo podría saberlo?

Es una hipótesis tan interesante como inquietante, pero no puedo confirmarla hasta que hable con el asesino, lo cual es imposible.

Estoy en un callejón sin salida, al menos por el momento.

Tercer indicio, que se relaciona con el primero: el asesino es alguien que trabaja (o trabajó) en la serie.

Vale, ese matiz temporal es importante. Una vez confirmado esto gracias a la autopsia, el nombre de Chase Donovan vuelve a surgir en mi cabeza con más brillo que nunca.

Cumple con la condición de haber trabajado para la serie, y además fue despedido de manera poco convencional y por motivos que se desconocen, de modo que cuenta con un móvil para vengarse de la productora.

Por otro lado, respondió con evasivas cuando empecé a hacerle preguntas al respecto y salió corriendo en cuanto tuvo la oportunidad.

¿Por qué huiría, si no tenía nada que ocultar?

¿Acaso se comportaría así alguien inocente?

Pienso en las motivaciones del asesino (Donovan, o quien sea) para perpetrar los asesinatos.

Hemos dicho que se sustentan en la venganza contra la productora, personificada en Evelyn Crowe.

Por otra parte, quizá las muertes hayan tenido el efecto contrario.

Ya lo adelantaba Evelyn el otro día: las cifras de audiencia están subiendo como la espuma.

Quizá este hecho haga que el asesino entre en pánico y rectifique, interrumpiendo la cadena de muertes al ver que su macabro plan está obteniendo los resultados inversos.

O tal vez esté al corriente del plan de la policía al retenerme en esta celda, lo cual podría llevarlo igualmente a detener las muertes.

Siento como si se me licuaran las entrañas. La incertidumbre de la espera rasga cualquier intento de calma que la meditación pueda ofrecerme.

En cualquiera de los dos casos, si el asesino deja de matar y no se encuentra un tercer cadáver esta noche…

Rememoro las palabras de Norman Fisk:

«Entonces me temo que dará comienzo un largo proceso judicial».