15
Estoy peinándome el cabello húmedo hacia atrás, cuando suena el teléfono en el dormitorio.
Es Hada. Me he olvidado de ella por completo.
—Ya creía que Peter te había raptado —dice, nada más acepto la llamada.
Su voz hace que me olvide del sombrío recuerdo de Patricia y de mi primer gran brote la noche de la cena fallida con su jefe.
—Se ha ido hace un rato. Estaba en la ducha.
—Dime que no estás desnudo mientras hablas conmigo.
Miro el espejo. La toalla firmemente anudada en mi cintura. En mi pecho, a la altura del corazón, un lema se vislumbra entre el vaho:
No le pidas a la vida menos problemas; pídele hombros más anchos para poder gestionarlos.
Acudí al salón de tatuajes al día siguiente de recibir el mazazo del diagnóstico.
—No del todo, puedes relajarte.
—No seas fantasma, Toni.
Sonrío.
—¿Qué querías, Hada?
—Saber cómo te fue ayer con Chase Donovan. Si es por ti, ya puedo esperar sentada a que me llames.
—Eres injusta.
—Soy realista. Venga, cuenta. ¿Cómo fue?
Le resumo mi encuentro con Donovan, la conversación que mantuvimos y cómo se escabulló antes de que pudiera sonsacarle nada.
—Si escapó, es que algo oculta —observa.
—Eso pienso yo. ¿Podrías conseguirme su dirección actual?
Oigo un gemidito agudo, como el de una ardilla juguetona.
—¿Qué pasa? —pregunto.
—Ya la he conseguido.
—¿De verdad?
—Intuía que tarde o temprano me la pedirías.
Me la dicta. Yo la apunto con un dedo en el vaho del cristal.
—Eres la mejor, Hada.
—Me debes una más —dice.
Estoy a punto de proponerle una cena informal, cuando llaman al timbre.
—Tengo que dejarte, están llamando a la puerta —me disculpo con ella—. Hablamos luego.
Nada más colgar, lanzo una foto al espejo con el móvil y acudo a abrir. Antes de que cruce el apartamento, insisten, esta vez con una llamada más prolongada.
—¡Ya va! —grito.
Abro la puerta y trago saliva.
Es la policía.