Pack Toni Galán (libros 1-3) 11 #2
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—Estos son los números de ayer, después del segundo asesinato —retoma Evelyn con una sonrisa casi insolente.

Habla con voz tranquila y sus ojos grises brillan triunfales—.

Eso es más del doble de nuestra audiencia inicial.

Este es el tipo de drama que atrapa a los espectadores, señores, el que los trae de vuelta.

Y, según me comentan, esta mañana los espectadores siguen creciendo.

Necesitamos mantener este impulso. Los números demuestran que la gente se muere por ver la serie en la que se basa el asesino para perpetrar sus crímenes. ¡Caballeros, nos ha tocado la lotería!

El murmullo crece. Alguno, hasta aplaude como un borrego.

—¿Lotería? —interrumpo el éxtasis colectivo. Siento varias miradas sobre mí—. ¡Está muriendo gente con esto!

—Y yo estoy conteniendo las lágrimas, ¿es que no lo ves? —repone ella, llevándose una mano al pecho con una mueca teatral. Su ironía me enerva.

—Estamos cometiendo un error, Evelyn —insisto, con un tono más elevado—. Nos estamos manchando las manos de sangre por un poco más de audiencia. —Y en voz baja, solo para mí—: Es repugnante…

Evelyn me mira de nuevo y resopla, dejando claro que estoy acabando con su paciencia.

—Hablas como si el asesino estuviese en esta sala, entre nosotros.

No somos culpables de nada, Toni. Tú tampoco, si es lo que te preocupa.

Solo escribiste un buen guion y un fanático loco, que se cree el mismísimo Derek Cross, se ha puesto a matar mujeres casadas.

¿Eso nos convierte en asesinos? —No me deja responder—.

No, Toni, no lo somos. ¿Acaso es culpable el creador de un videojuego violento de las reacciones exageradas de aquellos que lo juegan?

Me doy cuenta de que es la segunda vez que repite lo del fanático. Parpadeo.

—Ya que lo mencionas, hubo en España un caso muy sonado de un videojuego en el que el protagonista era un joven armado con una katana samurái —explico—.

Muchos chicos, desde distintos puntos del país y que nada tenían que ver unos con otros, empezaron a asesinar a sus padres y hermanos en un caso criminal sin precedentes.

La policía detuvo a algunos de esos chicos, pero no pudo capturar a todos.

Al final, tuvieron que eliminar el juego del mercado.

La historia no es cierta, me la acabo de inventar, pero podría serlo, y a veces con eso basta.

—No cancelaremos la serie salvo que las autoridades nos obliguen.

El asunto está cerrado —zanja ella, autoritaria.

Me fijo que, en torno a la mesa, unos cuantos hombres trajeados asienten con la cabeza, y de pronto comprendo que son el resto de abogados de la productora; el equipo de Kip Dolan al completo.

Evelyn se ha preocupado de estar muy bien rodeada—.

Dejemos que la policía haga su trabajo y nosotros centrémonos en el nuestro.

Ya estamos viendo un aumento en las discusiones en línea y en las suscripciones a nuestras redes sociales.

La serie está en boca de todos, debemos aprovechar el momento.

Solo le falta relamerse.

—Las autoridades cancelarán la serie, Evelyn —insisto—. Es cuestión de tiempo.

—Que lo intenten —repone arrogante, casi insolente, y abre los brazos como si quisiera abarcar la sala—. Para eso tengo a todos estos hombres tan apuestos que hoy nos acompañan.

Muchos de esos hombres apuestos sonríen orgullosos. Alguno hasta se ruboriza. Es patético.

—¿Cómo planeamos capitalizar este aumento súbito? —pregunta Kip, haciendo gala de su don innato para lamer traseros, aunque todos los presentes sabemos que la facturación y la publicidad no son su competencia—. ¿Algún cambio en la estrategia de promoción?

—Me alegro de que saques el tema, Kip. Esta mañana he recibido algunas llamadas de compañías que se mueren por patrocinarnos.

Ya hablaremos de esto en el foro adecuado, pero vamos a tener que estudiar la manera de incluir a Starbucks, Apple y Adidas en los próximos capítulos.

—Mira a Quincy, que escucha impertérrito—.

Si hay que regrabar alguna escena, lo haremos.

También sugiero una colaboración con influencers que puedan hablar sobre los episodios y generar así más expectación.

—Excelente idea. Coordinémonos con marketing y pongámoslo en marcha inmediatamente —aplaude Kip.

Evelyn sonríe mientras los ejecutivos comienzan a hablar entre ellos con renovado entusiasmo.

Miro a mi alrededor sin dar crédito. Donde todos ven el símbolo del dólar, yo solo veo sangre. Es por eso que mis labios vuelven a tomar la iniciativa.

—Si vamos a regrabar escenas, propongo volver a montar el tercer episodio.

—¿Pero es que usted nunca cierra el pico? —Kip ajusta el nudo de su corbata mientras me atraviesa con su mirada aguileña—. El tercer episodio se emite en pocos días.

—Precisamente por eso. —Me dan ganas de acabar la frase con un «idiota», pero logro contenerme—. Ese tipo está esperando a que se emita el capítulo para replicar el tercer crimen, y todos sabéis lo terrible que es. Mucho más grotesco y sangriento que los dos anteriores.

—¿Ese es el del velo de novia? —pregunta uno.

—Uff, sí, ya me acuerdo —comenta otro—. No apto para estómagos sensibles.

Evelyn solo sonríe, seguramente pensando en nuevas cifras de audiencia.

Consciente de que, si en esta sala se está hablando de lo terrible que es el próximo capítulo, ahí afuera los espectadores tienen que estar convirtiendo el asunto en algo viral.

Agito la cabeza como si lo viera: hashtag VOLVERÁAMATAR, o algún tipo de ocurrencia insensible que un perdedor con los dedos manchados de Doritos se ha inventado de repente, convirtiendo su día en glorioso.

Kip sigue mirándome como si fuera el hilo suelto de una camisa: se muere por eliminarme. En cuanto a Quincy Jones, me fijo en que cada vez tiene el rictus más ceñudo. Resulta difícil discernir si lo que hay tras su espesa barba es una sonrisa o una mueca grotesca.

—No hay tiempo para modificaciones —zanja Evelyn, aunque todos sabemos que sí lo hay—.

El episodio se emitirá tal y como está, y esperamos cosechar grandes cotas de audiencia.

En cuanto a lo otro, repito, no es asunto nuestro.

Que sean las autoridades quienes atrapen al asesino. Y no quiero hablar más del tema.

Voy a protestar, pero hay algo en los ojos de Evelyn Crowe que me convence de lo contrario.

—Gracias a todos por vuestro trabajo duro y dedicación. Vamos a convertir esto en nuestro mayor éxito. Ahora, si nos disculpáis, me gustaría quedarme a solas con Kip y el equipo de abogados.

Es una manera elegante de deshacerse de la escoria. Soy el primero en levantarme, y lo hago arrastrando la silla a propósito para dejar claro mi descontento.

Mientras la puerta se cierra a mis espaldas, oigo a Evelyn decir con voz burlona: ¡está muriendo gente!, y estallar en carcajadas.

—¿Dónde está Hada? —pregunto a la mujer que se sienta en el puesto justo enfrente de su despacho.

—Creo que en los estudios. Le ha surgido un recado.

Me llevo la mano al rostro. Otra vez ese sitio…