Obscena Capítulo 24
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Capítulo 24

Danielle espera junto a la puerta de su hermana mientras la escucha decir algo desde dentro, una especie de grito histérico y un lamento hasta que al fin gira el pomo y abre intentando enderezarse del todo, con una mano en la cintura y una mueca cansada.

—¿Qué te pasa en la espalda? —pregunta Danielle con preocupación.

—A George le ha dado por intentar levantarse cuando gatea y me paso el día agachada detrás de él, me está destrozando la espalda.

—Vaya, sí que crece rápido —dice sorprendida.

—O a lo mejor es que tú tardas mucho en venir por aquí —dispara Layla, y Danielle saca su arsenal de defensa, levantando una bolsa del centro comercial, donde ha comprado unos juguetes, un conjunto para verano, dos paquetes de pañales y una caja de dónuts que son los favoritos de su hermana, con los que intenta compensar el abandono que ha tenido con su familia las últimas semanas.

—¿Intentas chantajearme?

—Qué va, es solo un detalle, bueno, a lo mejor un poco sí. Siento no haber venido tan a menudo, pero es que he estado muy liada.

—¿Acostándote con esa mujer? —Layla entorna los ojos y asiente sabiendo que tiene razón—. Estás radiante, solo el sexo puede conseguir que te brille la cara de esa manera. Vamos a la cocina, iba a prepararme un café. ¿Tú has desayunado?

—Me he comido un dónut de camino, estaba muerta de hambre. ¿George está dormido?

—Sí, y te prohíbo despertarlo.

Layla prepara los cafés y se deja caer en la silla como si el cuerpo le pesara toneladas.

Danielle se siente mal por no venir más a menudo y por no ser esa tía que pasa horas con su sobrino para que su hermana descanse, pero en su defensa debe decir que los niños no se le dan bien y que probablemente sería contraproducente que lo intentara.

—Bueno, ¿cómo va todo en el trabajo? —pregunta Layla—. ¿Sigues obsesionada con ese sitio?

«Con su dueña», piensa Danielle mientras le burbujea el vientre, pero se lo calla.

—En realidad, tengo noticias sobre el trabajo. ¿Has leído los dos últimos artículos que he publicado?

—Por supuesto, sabes que no me pierdo nada de lo que escribes, fueron geniales. ¿Tienes una nueva fuente? ¿De dónde has sacado todo eso? Menudo personaje ese tal Hunter, espero que lo investiguen y lo metan en un agujero profundo.

—Sí, yo también.

Danielle se queda pensando. Desea llamar a Elizabeth y preguntarle.

Todavía tiene un revoltijo de nervios en el estómago esperando que salte la noticia por algún sitio que demuestre que su fuente no es fiable, pero después recuerda la determinación de Elizabeth cuando le dijo que podía confiar en lo que le estaba entregando, básicamente fue una forma de decirle que se había asegurado de proteger su carrera, y Danielle empieza a tener una fe ciega en esa mujer.

—Ayer me llamaron de mi antiguo periódico —explica mientras Layla se deleita con un dónut glaseado lleno de virutas de colores.

—¿Para qué? ¿Qué querían esos cerdos?

Danielle sonríe complacida, le encanta que su hermana también los odie.

—Devolverme mi antiguo puesto, la columna, ya sabes.

Layla se congela.

—¿De verdad?

—Sí, al parecer han leído los artículos y a mi antiguo editor jefe le parecieron impresionantes, quieren devolverme mi puesto y proporcionarme todos los medios necesarios para mis investigaciones.

—Joder, eso es genial. Son una panda de hipócritas, pero si te devuelven tu sitio, no me voy a quejar.

—Les he dicho que no.

Su hermana la mira, primero perpleja, después suelta una carcajada y se tapa la boca de inmediato porque no quiere que su risa despierte a George.

—¿En serio? Joder, me alegro. Es decir, no es que no quiera que salgas de esa columna terrible, pero volver con ellos, no sé... No se merecen tu talento después de lo que hicieron.

—Eso pensé yo. Entiendo lo que pasó, Christopher Martín la cagó y yo debí haber comprobado mejor el material.

Esa responsabilidad es mía y la asumo. —Hace una pausa para coger aire—.

Pero lo que vino después, eso no me lo esperaba.

El editor jefe fue el primero en lavarse las manos, no me defendió ni me apoyó, me dejó con el culo al aire a la primera de cambio y todos mis compañeros, la gente con la que había trabajado horas incontables, me dieron la espalda como si fuera una apestada y ninguno de ellos hubiera metido la pata antes.

Nadie me llamó cuando me despidieron, ninguno me preguntó si estaba bien, simplemente hicieron ver que no existía.

Danielle se sorprende al decir todo esto en voz alta con tanta tranquilidad.

Hubo una época en la que hablar de esto le provocaba ansiedad y un nudo en la garganta que permanecía ahí durante días, pero ahora aquella rabia se ha convertido en otra cosa que todavía no sabe cómo definir, pero sí sabe que no quiere volver a saber nada de aquella gente.

¿Cómo sería ahora? Risas falsas por todas partes, le entran arcadas solo de pensarlo.

—Además, ni siquiera se disculpó, no mencionó nada de aquello, solo me ofreció de nuevo la columna como si me estuviera haciendo un favor —Danielle niega con la cabeza—, en fin, no pienso volver a un sitio en el que me dejaron tirada cuando más los necesitaba.

Su hermana asiente con orgullo y le coge la mano por encima de la mesa.

—Estoy orgullosa de ti, ya verás como sale algo pronto.

—Bueno. —La sonrisa de Danielle se dibuja en su rostro, amplia y hasta los ojos—.

No he terminado de darte toda la noticia.

Cuando llegué a The Empire nadie mencionó todo aquello, aunque todos lo sabían, simplemente era la periodista que escribía sobre triglicéridos y colesterol, en definitiva, la mujer a la que el editor le daba lo que nadie quería, aun así, nunca me han tratado mal, nadie se ha burlado de mí ni he escuchado ningún tipo de comentario.

No me querían en ningún sitio y ellos me abrieron la puerta, me dieron un sueldo y la oportunidad de seguir escribiendo, aunque fuera esa horrible columna.

—Es cierto —asiente su hermana.

—Cuando le llevé estos dos artículos al editor, podría habérselos quedado o dárselos a alguien que no tuviera la reputación por los suelos, pero me dejó publicarlos.

A través del escuchabebés se oye toser a George, después gorjea y hace un ruido con la boca, y Layla y Danielle se quedan en silencio para ver si oyen algo más, pero el niño deja de gimotear y sigue durmiendo para alivio de Layla.

—Continúa, por favor —dice Layla.

—Mi editor me ha sacado de la columna definitivamente.

—A Danielle le brillan los ojos cuando lo dice y su hermana se tapa la boca con la mano para ahogar el grito de alegría que iba a soltar—.

Tengo mi propio espacio para publicar artículos de investigación, algo serio, como lo que hacía antes pero con la libertad de elegir sobre qué escribo, lo cual es mejor.

—Dios mío, Dani... —dice emocionada.

Danielle se ríe y asiente al mismo tiempo.

—Estoy trabajando en otro artículo que será tan bueno como los anteriores, y creo que no me va a faltar material para seguir haciéndolo.

Layla se queda mirándola con una expresión que baila entre el orgullo y el alivio de una hermana que lleva años viendo como la otra se arrastraba por el barro.

—Me alegro mucho, Dani, de verdad. Te merecías que alguien te diera otra oportunidad.

Danielle baja la mirada porque la garganta se le ha cerrado de emoción, y piensa en Elizabeth Kensington en ese momento, porque sabe que todo esto solo ha sido posible gracias a ella.

Al final, su obsesión por Obscena ha servido para algo bueno, o un par de cosas. Sonríe con alivio y coge otro dónut.

—Bueno, ahora que ya me has dado la buena noticia, hablemos de esa mujer del club con la que te acuestas.

A Danielle se le seca la boca solo de pensar en ella.

—¿Qué quieres saber?

—Pues no lo sé, la única información que tengo es que te acostaste con ella y te pareció increíble —dice con burla.

Danielle suelta una carcajada.

—Y lo sigue siendo.

—Entonces, ¿estáis saliendo?

—No, solo nos estamos conociendo, pero si te soy sincera, estoy bien así, no tengo prisa por ponerle nombre a esto, me gusta este rol que tenemos. Ella tiene su espacio y yo el mío y las cosas simplemente van avanzando solas.

—Vale, no le ponéis nombre, pero tú quieres estar con ella.

Danielle abre la boca y la cierra, y entonces se recuerda a sí misma diciéndole a Elizabeth que era solo suya.

Se le escapa una risita y se le enciende el pecho.

Todavía le cuesta reconocerse, nunca se había sentido así con ninguna persona.

La empresaria no es una mujer fácil de definir si lo piensa y lo que hay entre ellas tampoco lo es.

Hay sexo y hay poder, y al mismo tiempo hay confianza y respeto, y también cosas que no puede contarle a nadie, ni siquiera a su hermana, pero está cómoda y tranquila con lo que tiene.

—¿Te fías de ella? —Layla se pone seria—. Hace unos meses estabas deseando destapar lo que había en ese club, yo misma he escuchado comentarios de ese sitio por ahí y me preocupa que esté contigo solo para que dejes de investigar.

Danielle levanta las cejas, esa sería una estrategia que probablemente Elizabeth usaría si le hiciera falta para algo, pero ella no está preocupada, ha visto cómo la mira cuando están en su casa y sabe de sobra que la empresaria la puede quitar del medio si le estorba, algo así fue lo que insinuó y, aun así, le está pasando información que ha sacado su carrera de la mierda y la deja destrozarle el cuerpo cuando están en la cama.

Danielle no sabe explicar en qué punto nace la confianza y la fe ciega que tiene en esta mujer, pero sabe que lo que pasa entre ellas es auténtico y recíproco.

—Sí, me fío de ella por completo.

—¿Y el club? ¿Has decidido dejar de investigar?

—No. En absoluto, sigo queriendo saber qué es lo que pasa ahí, pero no tengo prisa, sé que tarde o temprano acabaré descubriéndolo.

—¿Y qué pasa si lo que encuentras no te gusta? Si descubres que todos los rumores son ciertos. Ahora tienes algo parecido a una relación con la dueña y si publicas lo que descubras la estarías perjudicando.

Danielle se queda callada porque no había pensado en esa parte, pero una vez más, confía en Elizabeth.

No sabe lo que pasa en el mundo de Obscena todavía, no sabe qué pasa cuando a la empresaria le suena el teléfono a primera hora de la mañana ni lo que se habla en esas reuniones que convoca, y cuando lo sepa, entonces decidirá lo que hace, pero de momento se conforma con que la dueña del club esté en su vida.