Capítulo 8 #2
Se mueven en silencio mientras superan uno a uno los peldaños hasta llegar a otro espacio amplio que tiene una baranda en la que hay varias personas teniendo una conversación.
—Desde aquí tendremos una mejor vista. —Elizabeth abre ambas manos—. El salón principal es donde estábamos ahora y solemos usarlo como zona general. Ahora mismo es pronto y nuestras socias pasan el tiempo poniéndose al día con otras mientras toman una copa.
La periodista escanea todo lo que puede e intenta guardar en su cabeza la distribución.
—¿Y qué se hace después? —Danielle gira el cuello y conecta sus ojos con los de Elizabeth. A ambas se les corta la respiración por un instante—. Quiero decir, me dices que es pronto y por eso hay esta tranquilidad.
Elizabeth eleva una ceja y se lame los labios. Su cuerpo le está gritando que ha reconocido a una de las suyas, la presa perfecta.
—Depende de la noche —explica y vuelve a mirar al frente—, pero la mayoría de estas fiestas funciona como cualquier otra. Un grupo de mujeres que busca divertirse en un lugar tan seguro como exclusivo. Buscan la privacidad que en ciertos entornos no pueden encontrar.
Elizabeth desvía sus ojos hacia una esquina donde dos socias bailan pegadas de forma sensual mientras una de ellas le besa el cuello a la otra con calma. Ese tipo de escenas son bastante habituales y no impresionan a nadie.
Danielle sigue la mirada de la mujer que tiene a su lado y cuando detiene sus ojos verdes en la esquina, un espasmo le atraviesa el vientre y un jadeo involuntario escapa de su boca.
Tiene que carraspear para disimular, no es la primera vez que ve a dos mujeres besarse, así que no entiende su reacción.
Lo achaca al ambiente turbio que hay en esas cuatro paredes.
—Todas las que están aquí evitan colocarse en el ojo del huracán, son directivas de empresas importantes, miembros de familias conservadoras, ya sabes, ¿quizá como tú? —indaga la mayor de las dos.
La periodista tiene solo un momento para entrar en su personaje.
—Me gusta la privacidad, sobre todo valoro mucho que mi familia no se sienta avergonzada de mí. —Se pasa una mano por el cuello—. No pedí ser la heredera del negocio, pero aquí estoy.
—Hay cosas que son inevitables. —La dueña del club entrecierra los ojos—. Déjame adivinar, ¿banqueros?
Danielle exhala una risa falsa mientras niega.
—Mármol. —La periodista se bebe el contenido de su copa de un tirón—. ¿Continuamos?
—Sí, claro. Vamos por aquí.
La empresaria le enseña los dos salones de esa planta y le explica que sirven para eventos temáticos o reuniones privadas que algunas de las socias solicitan con otras.
Pasan hacia la zona de los baños y Elizabeth le dice que hay dos más abajo.
Se mueven hacia la zona del fondo en la que hay una oficina de tamaño mediano con una mesa y ocho sillas.
—No me esperaba encontrar esto en un club —suelta Danielle sin poder mantener atada su hambre periodística.
—¿Un despacho? —interroga Elizabeth, y se apoya en el marco de la puerta.
—Sí, he estado en muchos alrededor del mundo. —Danielle está convencida de que una heredera ha viajado lo suficiente para saber del tema—. Y una mesa frente a una pizarra no es precisamente lo que he visto.
—Ahora siento curiosidad. —La empresaria inclina la cabeza hacia un lado—. ¿A cuántos como estos has ido? Yo estuve en uno en Sídney increíble. Reconozco que al volver quise traer algo de aquello a Obscena.
Danielle esboza una sonrisa tensa, ha sido una mala idea, ahora se da cuenta, pero intenta escapar de la mejor manera.
—Hay muy pocos en el mundo como este. —Sale del despacho en el que están—. El tuyo es fascinante.
Elizabeth endurece el gesto mientras mira la espalda de Danielle Sutton sintiendo cómo el calor le sube por el cuello y el monstruo insaciable que lleva dentro le enseña las garras.
—¿Qué hay allí detrás? —pregunta Danielle cuando ve a una mujer morena salir de una zona que no parece estar abierta a todo el mundo.
Elizabeth observa a Sandra moverse entre la gente mientras camina hacia una de las barras.
—Las oficinas del personal —responde colocándose a su lado—.
Obscena no es solo lo que ves, también hacemos subastas, participamos en obras benéficas…
hay muchas personas que trabajan aquí. —Elizabeth revisa su móvil y hace una mueca de fastidio—.
Te acompaño abajo, tengo que atender una llamada de última hora.
La periodista siente la decepción acuchillándola, esperaba sacar algo más de esa visita, pero antes de que pueda decir algo, Elizabeth hace un comentario que la deja completamente fría.
—Estamos haciendo una pequeña reforma en una de mis oficinas y el personal solo puede trabajar de noche cuando el edificio está vacío.
No paran de llamarme como si yo fuera la experta.
—Bajan las escaleras despacio—. ¿Es verdad que cortar el mármol a contraveta puede ser un error?
Perdona que te pregunte esto cuando estás en un lugar para divertirte, pero quiero tenerlo claro antes de tomar una decisión.
Danielle se agarra fuerte a la barandilla con la mano izquierda, la espalda se le humedece de golpe y la piel empieza a hormiguearle.
No tiene ni puta idea de lo que habla esa mujer, no se interesó por nada de esto porque jamás pensó que alguien le preguntaría algo así.
Su cerebro se mueve, rápido, buscando una respuesta inteligente o puede darse por jodida.
—Ser la heredera no me hace una experta, lo siento —mueve un poco los hombros—. De momento estoy enfocada en la parte financiera de la empresa, espero algún día llegar hasta allí. Sin duda te recordaré cuando sea capaz de saber la respuesta.
Aguanta la respiración porque Elizabeth se ha detenido en medio de la escalera y la mira con el azul completamente oscurecido. El aire cambia de un momento a otro, pero también vuelve a la normalidad con rapidez.
—Te deseo suerte, entender cómo funciona tu mundo no es tarea fácil —dice por fin la empresaria reanudando el paso—. Que disfrutes de la noche, Grace.
Elizabeth se gira y desaparece por un pasillo a la derecha.
Danielle empieza a respirar con tranquilidad pensando —tontamente, claro— que ha podido jugársela a la dueña del club.
Que sigue teniendo ese don de meterse en todos sitios con sigilo.
Sonríe, la noche comienza y ella tiene mucho que descubrir.