Capítulo 21
P iper sigue leyendo el cuento para Nazar mientras espera a que se duerma. Cuando han salido de la comisaría, han pasado por casa de Jake para recogerlo y, al volver, han ido con él a merendar al parque y han estado allí casi dos horas, sentadas en un banco viéndolo jugar, calladas pero juntas.
La doctora no podía dejar de darle vueltas a la conversación perturbadora que han tenido con su madre y cada vez que Olena le preguntaba qué le pasaba, ella le decía que nada, que todo estaba bien, pero nada está bien, porque cuanto más piensa en ello, más difícil le resulta aceptar la barbaridad que ha salido de la boca de una mujer a la que siente que ya ni siquiera conoce.
Cuando han vuelto a casa, ella se ha encargado de bañar a Nazar mientras Olena preparaba la cena.
Han cenado en el salón, unos burritos para ellas y un sándwich de pollo para Nazar, que se han comido mientras veían una película de dibujos y, al acabar, ella lo ha subido para acostarlo y Olena se ha ocupado de recoger sin decir nada, dejándole espacio para procesar lo que sea que tiene en la cabeza.
—Está dormido —susurra Olena, poniendo las manos sobre los hombros de Piper con suavidad.
Ella detiene la lectura y baja el cuento, viendo entonces que el niño está de lado, con los ojos cerrados y la boca medio abierta, tranquilo y seguro, algo que la llena de paz al saber que ella forma parte de eso.
—Vamos. —Olena le quita el cuento, lo cierra y lo guarda en la estantería, y después apaga la luz de la habitación y deja la puerta entornada cuando salen.
Bajan al salón y Olena se sienta en el sofá, pero Piper se queda de pie y empieza a caminar de un lado a otro hasta que al fin se detiene delante de la ucraniana y se muerde los labios negando con la cabeza.
No quería contárselo, pero si se lo sigue guardando, está segura de que le va a dar un ataque de nervios y no podrá dormir en toda la noche.
—¿Qué es, Piper? Suéltalo ya, por favor —suplica Olena, preocupada al verla así de estresada durante toda la tarde.
—¿Sabes lo que nos ha dicho cuando hemos salido?
—suelta mientras se descalza y mueve los dedos de los pies buscando el frío de las baldosas—.
Que hemos de buscar a esas dos mujeres y ofrecerles dinero igual que hice yo con Emily en su momento, cree que eso será suficiente para que se callen.
—Empieza a caminar de un lado a otro otra vez, resoplando—.
Mi madre quiere sobornar a dos mujeres que han sido violadas solo para que no declaren contra mi padre. Te juro que no la reconozco.
La ucraniana no contesta, se limita a seguirla con los ojos mientras Piper se mueve por el salón, dejando caer las manos contra los muslos con un golpe seco cada vez que da la vuelta.
—Y no es solo eso. —Levanta un dedo como si fuera a numerar varias cosas, y suelta un bufido—. Está convencida de que mienten, de que van a por el dinero de la familia y de que fueron ellas las que sedujeron a mi padre.
Los ojos empiezan a picarle por las ganas de llorar, pero se los frota y trata de respirar despacio porque lo que quiere no es llorar, sino romper cosas hasta quemar toda la ira que lleva por dentro.
—Piper. —La voz de Olena suena más cálida que nunca—. Siéntate aquí conmigo un momento, por favor.
—No puedo sentarme —dice girándose hacia ella—, si me siento me va a explotar la cabeza.
Olena no insiste, se queda donde está, con las manos reposando sobre las rodillas mientras Piper se sigue moviendo sin parar.
—Llevo toda mi vida pensando que mi madre era una mujer fuerte, ¿sabes?
Inteligente y con las ideas muy claras. —Se pasa la mano por el pelo y se lo aparta de la cara—.
Pero estos últimos días su comportamiento es…
—Niega con la cabeza—. No puedo entender que defienda a un violador solo porque es su marido y que no sea capaz de reaccionar ante todas las pruebas, ni siquiera que se lo diga la propia policía le hace abrir los ojos.
Se detiene frente a la ventana y apoya las palmas de las manos en el cristal. Le tiemblan los brazos y tiene la cara tan caliente que siente mucho alivio cuando apoya también la frente.
—Cariño, ven aquí, por favor. —Olena da una palmada en el sofá a su lado—. Te tienes que calmar.
—No me pidas que me calme —contesta Piper sin girarse, y se asusta de su propia brusquedad al hablar—. Perdona, no quería…
—No pasa nada —murmura Olena—. Estás agotada y nerviosa, es normal que estés irascible.
—Estoy furiosa —corrige la doctora—, que es distinto.
Se aparta de la ventana y vuelve a caminar por el salón. Le están sudando las palmas de las manos, tiene el estómago revuelto y cada vez que recuerda la solución que ha dado su madre, le sube la bilis por la garganta.
—¿Sabes lo que más me molesta? —continúa, sacándose una goma de pelo de la muñeca para hacerse una coleta—.
Que una parte de mí intenta entenderla, quiero pensar que está asustada y por eso reacciona así, porque esa es su forma de procesar todo esto, pero no puedo, no logro entenderla y ya no puedo justificarla después de lo que ha dicho hoy.
Olena se levanta y se acerca, le pone las manos en la cintura para detenerla y se quedan mirándose un momento hasta que Olena busca su mano, la coge y tira de ella.
—Ven, siéntate de una vez. —La guía hasta el sofá y Piper se rinde y se deja caer, y Olena, en lugar de sentarse a su lado, se sube a horcajadas encima de ella y se sienta sobre sus muslos, cogiéndole la cara con las manos—.
Escúchame bien —susurra Olena, mirándola fijamente—.
Nada de lo que pasa es culpa tuya, ni lo que hizo tu padre ni la reacción de tu madre.
—Ya lo sé, pero…
—Déjame terminar. —Piper suspira y guarda silencio—.
Cada persona piensa de forma distinta, Piper.
Tu madre tiene la suya, igual que tu padre, y no vas a poder cambiarla por mucho que te enfades, llores o grites.
—Le pasa los pulgares por los pómulos y Piper se da cuenta de que le está recogiendo las lágrimas que ni siquiera había notado que estaban cayendo—.
Lo que importa es lo que pienses tú. —Le aparta el pelo de la frente y le sonríe—.
Y tú eres buena persona, Piper, solo hay que ver todo lo que has hecho por nosotros independientemente de lo que después ha pasado entre tú y yo.
—No me siento así —murmura la doctora, con la voz estrangulada.
—Lo sé, estás demasiado abrumada por todo y entiendo que estés decepcionada con tu madre, yo también lo estaría. —Le besa la barbilla y Piper apoya la frente contra la suya—. Pero lo que ella haga o diga es cosa suya, tú no has de cargar con eso.
—Pero es mi madre —dice Piper, con la voz tan baja que apenas se le oye.
—Lo sé, y por eso duele tanto, pero no voy a permitir que te pases la noche dando vueltas por el salón y te sigas culpando por algo que no te corresponde. No es culpa tuya, Piper, necesito que lo entiendas.
Se quedan en silencio, con las frentes juntas, y Piper cierra los ojos y se deja contagiar por la energía tranquila que siempre le transmite Olena Boyko.
La tensión del cuello se le va aliviando poco a poco y las manos, con las que se aferraba a la cintura de Olena con demasiada fuerza, empiezan a soltar su agarre y las sube por su cuerpo sin pensarlo, y cuando abre los ojos, los de la ucraniana la están observando sin rastro de compasión o pena, solo con esa determinación que Piper necesita ahora más que nunca.
Le mira la boca y le agarra la camiseta, tirando hacia ella para besarla.
Olena responde de inmediato y se besan de forma torpe porque Olena va más lenta y Piper demasiado deprisa, y el resultado es una risa tonta que se les escapa a ambas, pero al final logran acompasarse y ladean las cabezas hasta encajar a la perfección.
Cuando se separan, a Piper le cuesta respirar y nota que le tiemblan las manos, pero ya no siente tanta rabia en su interior, como si a través de ese beso hubiera descargado esa sobrecarga de energía que tenía dentro.
—No te vayas nunca —susurra de pronto, agarrando las manos de Olena.
—¿A dónde voy a ir? —responde ella con una risa nerviosa, pasándole los dedos por el pelo.
—No lo sé. —Piper le pone las manos en los muslos—. Pero no quiero que te vayas, no quiero que busques otro sitio donde vivir, quiero que te quedes aquí conmigo, y con Nazar, por supuesto. —Sonríe sonrojada.
—¿Hablas en serio?
—Sí, muy en serio. Sé que llevamos poco tiempo, de hecho, ni siquiera sé lo que es esto, pero sí sé que os quiero aquí conmigo.
Olena no contesta con palabras, le coge las manos, se las lleva a los labios y le besa los nudillos uno por uno antes de volver a inclinarse para besarla en la boca con más intensidad que antes.
Piper la rodea con los brazos y la aprieta contra su cuerpo cuando rompen el beso, y cuando la ucraniana entierra el rostro en el hueco de su cuello, es cuando comprende que simplemente no puede ni quiere vivir sin esta mujer.
Su vida ha cambiado mucho desde que Olena llegó a ella y Piper no cambiaría ni una coma de todo lo que ha pasado en ese tiempo.
No quiere volver a casa y encontrarla en silencio como antes, sin el ruido de Nazar jugando.
Tampoco quiere dejar de escuchar la voz de Olena, ni el trajín en la cocina ni sentir su mano sobre el muslo mientras conduce, porque ha pasado de vivir sola en una casa demasiado grande a necesitar que las dos personas que la habitan con ella estén ahí cada noche y, aunque la idea de necesitar a alguien de esta manera le da miedo, está dispuesta a hacer todo lo posible para que funcione.
—Me haces feliz, los dos me hacéis feliz —confiesa suspirando.
—Tú a mí también, y Nazar está encantado con su nueva familia.
—Olena se queda mirándola, sonriendo con ternura hasta que repara en los ojos hinchados de Piper y las ojeras que de nuevo tiene debajo—.
Necesitas descansar, has tenido un día muy intenso.
Venga, vámonos a la cama. —Intenta levantarse, pero Piper se abraza a ella y apoya la cabeza en su pecho.
—Cinco minutos más —suplica y la estrecha con fuerza—, quiero salir fuera, hay luna llena y el cielo está precioso esta noche.
Olena se ríe, le besa la cabeza y también rodea su cuerpo y se permite cerrar los ojos y disfrutar de este momento antes de levantarse, cogerle la mano y salir con ella al porche.
Las dos miran al cielo, que está completamente despejado y deja ver las estrellas rodeando una luna inmensa que las deja absortas . Piper se coloca detrás de Olena y le rodea la cintura con las manos, apoyando la barbilla en su hombro, y así se quedan durante varios minutos, en silencio, juntas.
—Nosotras bajo la luna —murmura Olena al cabo de un rato.
—Nosotras bajo la luna —repite Piper, besándole el cuello.