Capítulo 20
—Tranquila, solo será un momento y podremos marcharnos.
Piper escucha a Olena mientras conduce con las manos engarrotadas sobre el volante y siente que ese momento del que habla la chica no será para nada agradable.
Van de camino a la comisaría, la sargento Allison Stewart las ha citado allí esa tarde porque tiene algo importante que comentarles.
Eso la ha puesto nerviosa, pero lo que la ha desquiciado es que cuando llamó a Tiffany para informarle, Selene Dalton ha escuchado la conversación y ha decidido ir con ellas.
La doctora ha intentado que su hermana la convenza de lo contrario, pero su madre, cuando toma una decisión, no hay quien la haga cambiar de opinión.
No han hablado desde ese sábado que se marchó al ático, han pasado tres días y ninguna de las dos ha hecho nada para retomar el contacto.
—Solo quiero que esto acabe de una vez —contesta Piper mientras gira en una esquina.
Olena le pasa la mano por el muslo, un gesto que se ha convertido en una caricia que tranquiliza mucho a Piper.
—Y acabará, solo tenemos que tener un poco más de paciencia. —Olena la mira y levanta la mano para tocarle la mejilla—. La sargento está muy involucrada y estoy segura de que, cuando menos lo esperemos, ya habrá pasado todo esto.
Piper suspira, sabe que Olena tiene razón, pero para ella hay más cosas que le preocupan porque si la policía logra tener lo necesario para acusar a su padre, después vendrá un juicio y todo lo que significa ese proceso.
Su madre estará rota, la empresa familiar no tendrá a su CEO y ella sigue sin saber cómo manejar los sentimientos que experimenta.
Pasó de amar incondicionalmente a su padre a repudiarlo y a tenerle asco a su madre mientras se enamora cada vez más de Olena Boyko.
¿Dónde la deja todo esto? ¿Es una mala hija?
—Nada de esto es tu culpa. —La ucraniana parece leer sus pensamientos—. Tú no...
—Sé que no fui yo quien abusó de ti ni de esas mujeres, pero es mi padre. —Piper tiene que apretar los labios para reprimir las ganas de llorar—. Y por su culpa mi familia se ha roto. Me jode, Olena, y en ocasiones no sé cómo manejarlo.
La otra mujer ladea un poco más el cuerpo para mirar a la doctora de frente.
—Esta misma tarde buscaremos a un terapeuta.
—Piper la mira de reojo, queriendo negarse, pero la voz firme de Olena la detiene—.
Esto te está pasando factura y si no buscas ayuda, te vas a hundir.
Da igual que yo esté aquí apoyándote, que tu hermana o Kelsey también lo hagan, necesitas que alguien te guíe y te dé las herramientas necesarias para superar esto.
Piper recuerda cuando trabajaba en el hospital y el servicio de psiquiatría acudía a ciertas consultas para apoyar a mujeres que lo necesitaban.
Veía como a algunas les ayudaba, pero también como a otras no, así que no está segura de que sea lo que ella tenga que hacer, pero hará el intento al menos una vez.
—Tengo algunos contactos, viejos compañeros buenos en lo suyo. Los contactaré —concluye la doctora y se gana la sonrisa radiante de Olena.
Media hora después aparcan cerca de la comisaría. Ninguna dice nada mientras se bajan del coche y llegan hasta la puerta. Tiffany, Kelsey y una Selene con los labios fruncidos las esperan.
—Hola —saluda Piper y no se acerca a ninguna de las mujeres para evitar tener contacto con su madre, que tiene la mirada clavada en cualquier sitio menos en ellas.
—Vamos, nos está esperando. —Tiffany también siente la incomodidad y quiere salir de este trámite rápido.
A Selene la mueca de desprecio se le acentúa cuando nota la sonrisa que su hija pequeña le regala a la ucraniana y cómo Kelsey la saluda pasando el brazo por sus hombros.
Ahora está segura de que esa mujer se ha metido en el bolsillo a su familia, logrando lo que ha venido a buscar; el dinero de los Dalton.
Por suerte, Allison sale apenas dos minutos después de que el grupo anuncie su llegada y las lleva hasta el despacho. Esta vez no está sola, la acompaña otra mujer más joven.
—¿Tenéis algo más? —quiere saber Piper nada más sentarse y la sargento asiente.
—Esta es mi compañera, la agente Taylor —señala a la uniformada de rasgos finos—. Es quien ha hecho labores de campo junto con mi equipo.
La agente saluda con un discreto movimiento de cabeza y se queda de pie junto a Allison, que toma asiento.
—Como ya os había explicado, teníamos algunos testimonios adicionales, pero que no nos servirían para un juicio —todas asienten menos Selene, que apenas se mueve—. No encontrábamos nada más, así que decidimos hacerlo a la inversa.
La sargento señala a la uniformada, dándole la palabra.
—Hicimos un seguimiento del señor Dalton y pudimos recoger una muestra de ADN de un vaso de café para llevar que había pedido en una cafetería cercana a su despacho. —La agente revisa sus notas antes de seguir, pero cuando abre la boca, Selene la interrumpe.
—¿Eso es legal?
Allison la mira un instante, casi fulminándola.
—Es legal —confirma la sargento con tono frío—. Podemos obtener ADN de un investigado sin necesitar una orden judicial siempre y cuando las circunstancias sean las correctas. En este caso, su marido ha desechado el vaso en un sitio público y nosotros lo hemos cogido.
Selene se remueve incómoda en su asiento y cruza los brazos sobre su pecho en una clara señal de rechazo.
La agente Taylor —inteligente, pero novata— pierde el hilo de lo que estaba diciendo. Su superior se da cuenta y continúa ella.
—Entregamos la muestra para que se analizara y una vez metida en el sistema, saltaron dos coincidencias con unas denuncias hechas hace un año.
—A Tiffany se le corta la respiración y Piper se lleva una mano a la frente, intentando contener el dolor de cabeza que empieza a formarse—.
Lucas Dalton ha cambiado lo que hasta ahora había sido su forma de actuar, dejando los hoteles a un lado y usando aplicaciones de citas.
—¿Cómo que aplicaciones de citas? —Selene se pone de pie, molesta por la acusación.
Allison se recuesta en la silla y la mira.
—Señora Dalton, si quiere estar presente, tiene que dejar que acabe con la explicación. No estoy obligada a contarles nada, lo estoy haciendo por mera cortesía profesional, así que no haga que me levante y la invite a marcharse.
El tono de voz de la sargento de policía no es amigable, es directo y filoso. Selene le devuelve la mirada, retadora.
—Mamá, siéntate o espera fuera —dice Tiffany con firmeza, haciendo que su madre obedezca—. Perdone, sargento. Puede continuar.
—Atacó a las dos mujeres en el lapso de una semana.
Con ambas había ligado, haciéndose pasar por un hombre de treinta y cinco años, atlético y dueño de dos restaurantes y un spa.
—Allison lee con detenimiento un documento que tenía sobre la mesa—.
Lo hizo bien, usó apartamentos en zonas poco vigiladas.
Sin cámaras y en un sitio donde la gente no se fija en los demás.
Las mujeres denunciaron y las muestras encontradas no devolvieron resultados porque él no estaba fichado.
—Hasta ahora. —El comentario sale de la boca de Olena y Allison tiene que reprimir una sonrisa de victoria.
—Hasta ahora —confirma la sargento, repitiendo la frase—. Por lo que hemos presentado el caso a la fiscalía y solo estamos esperando que nos aprueben la orden para detenerlo.
El despacho cae en un silencio difícil de descifrar porque es diferente para cada una de las mujeres presentes. Para Olena es de alegría, el de las hermanas Dalton de ansiedad y el de Selene de rabia y dolor a partes iguales.
—¿Y después? —pregunta Piper—. ¿Qué pasará una vez que lo detengan?
—Se le tomará otra prueba de ADN, volveremos a compararla y si hay confirmación, comenzaremos con el interrogatorio —Allison levanta ambas cejas—. A partir de ahí dependerá de lo que él diga.
Durante media hora, Allison Stewart les explica algunos procedimientos a la vez que reitera la importancia de dejarlos trabajar. A menudo las familias creen que pueden ayudar de alguna manera y terminan entorpeciendo el camino de la investigación.
Cuando ninguna tiene más preguntas que hacer, salen de la comisaría en silencio y cuando van a despedirse para que cada una se suba en su coche, Selene llama a sus hijas para hablar lejos de Olena y Kelsey.
—La chica esa a la que le pagaste —comienza la madre de las Dalton cuando ya están a unos metros de las otras mujeres—. ¿Cuánto le diste?
Piper frunce el entrecejo.
—Veinte mil dólares.
Selene asiente.
—Hay que encontrar a esas dos mujeres, las de la aplicación —deja claro a quién se refiere—. Si les damos la misma suma a cada una, creo que será suficiente para que...
—¿Te estás escuchando? —Piper levanta la voz y Selene da un paso atrás—. ¿Pretendes pagar a esas mujeres que han sido violadas para que se callen, para que no declaren?
Selene levanta la barbilla.
—Tú ya lo hiciste y...
—Pensé que Emily mentía, por eso le pagué. —Piper se aprieta el puente de la nariz—. Creí que simplemente papá te había sido infiel y no quería que sufrieras, pero ahora sabemos que esa chica decía la verdad y que ha seguido violando con impunidad.
La madre de las dos mujeres niega con la cabeza.
—Tu padre no es así, él... él se ha acostado con ellas, sí, pero todas esas chicas mienten, solo quieren su dinero.
Selene Dalton tiembla y sus hijas ven la desesperación en su mirada, pero lo que ellas no saben es que su madre se siente herida y engañada por su marido.
Le ha dado su vida entera, ha cuidado de una casa y de unas niñas mientras hacía malabares para seguir viéndose joven, atractiva a sus ojos.
Recuerda cada gramo de carbohidratos que rechazó por no engordar, los entrenamientos a las seis de la mañana para tener un cuerpo que Lucas Dalton deseara y todo eso no ha servido de nada, su marido ha acabado en la cama con otras.
Tampoco puede señalarlo del todo, zorras como esa Olena, tan guapas, tan sexys, seduciéndolos y él sin poder hacer otra cosa que sucumbir.
—Mamá, tienes que parar —esta vez es Tiffany quien intenta mediar—. Hay denuncias de por medio, incluso tiene un hijo y no sabemos si existen más. Es culpable y tendrá que pagar por lo que ha hecho.
Selene está disgustada, sus propias hijas le dan la espalda.
—No sabes lo que dices —escupe, rabiosa—. No tenéis ni idea.
La mujer saca el móvil, marca un número y hace una llamada. Está pidiendo un taxi ante la mirada impactada de sus hijas.
—Necesito pensar y seguramente ir a casa para hacer otra maleta —dice y se da la vuelta alejándose hacia una cafetería que está al lado de la comisaría.
Tiffany y Piper la dejan marcharse sin decir nada más. Selene no va a entrar en razón, conocen bien a su madre porque necesita tiempo para procesar todo esto.
—Vamos —Tiffany coge a su hermana del brazo—. Intentar que cambie de opinión ahora mismo es imposible. Lo más seguro es que se vaya a casa de la tía Hilary.
—¿Cómo lo sabes?
—Durante estos días hemos estado hablando del tema y sé que ella ha hablado con Hilary por teléfono sobre ir a verla unas semanas. —Se detienen antes de llegar a donde Olena y Kelsey las esperan—. ¿Estás bien?
Piper niega y exhala despacio.
—Todo esto... —Mueve la cabeza y cierra los ojos—. Me supera, Tiff. Olena me dijo que buscara ayuda y creo que le haré caso. No tengo la cabeza donde debería y tengo miedo.
Tiffany abraza a su hermana mayor con fuerza. Ella lo está pasando mal, pero a Piper se le suma lo que siente por Olena, una víctima de su padre que además le ha dado un hijo.
—Estamos juntas en esto, Pi, no te dejaré caer.
Las dos se miran y sonríen. Aunque ahora se hayan convertido en las hijas de un monstruo, tienen la certeza de que ellas siempre se tendrán la una a la otra.