Capítulo 19
P iper está en la cocina, pasando el trapo por la encimera a pesar de que ya está limpia, pero necesita hacer algo con las manos o siente que se va a volver loca.
Detrás de ella, sentada a la mesa de la cocina, está Olena leyendo un libro en lugar de estar en el sofá, cómoda, con las piernas recogidas a un lado o estiradas con los pies sobre la mesa baja, pero está ahí, sentada en una silla de madera porque en el salón está su madre, y Olena, aunque nunca se queja, hace todo lo posible para no estar en el mismo espacio que una mujer que la mira cada vez con más desprecio.
Es sábado y Nazar está con Jake, que lo ha venido a buscar esta mañana —ante la mirada estupefacta de Selene— para llevarlo al parque de bolas que han inaugurado cerca del centro.
Mira la hora con hartazgo y ve que solo son las once.
Tiffany le dijo que vendría sobre las seis de la tarde a buscar a su madre y ella no ve el momento de que se marche, no solo por la incomodidad que le está generando su presencia y lo mal que la hace sentir cuando trata a Olena como si fuera alguien insignificante que ha osado meterse en su matrimonio, sino porque desde el día que se acostaron, no han podido repetir, ni siquiera tener un momento más íntimo que robarse un beso rápido cuando su madre va al baño, y Piper tiene demasiadas ganas acumuladas.
—Eh, ¿estás bien? —susurra Olena desde la mesa, dejando el libro sobre la madera.
Piper se gira hacia ella y le dedica una sonrisa, solo que parece más cansada que feliz.
—Sí, claro. ¿Quieres que te prepare algo? Otro café, un té...
—No, tranquila, estoy bien, gracias —contesta Olena con una sonrisa, una de esas que solo tiene para ella y que hacen suspirar a Piper.
De pronto, se escuchan pasos que se acercan desde el salón y Olena vuelve a su libro de inmediato para no tener que cruzar la mirada con Selene.
—Voy a la farmacia —anuncia la mujer desde la puerta, y Piper levanta las cejas sorprendida porque su madre no ha salido de su casa ni una sola vez desde que llegó—. Necesito mis pastillas para dormir, se me están acabando.
—De acuerdo —dice Piper, y ese es todo el intercambio que hacen antes de que su madre se dé la vuelta.
En cuanto se escucha la puerta principal cerrarse, Olena levanta la cabeza y se quedan mirándose unos segundos antes de que Piper suelte el maldito trapo y ella cierre el libro.
—Ven —exige Piper, estirando el brazo hacia una Olena que no duda en levantarse y cogerle la mano.
Tira de ella para salir de la cocina y la lleva directamente al baño de la planta baja, donde cierra la puerta al entrar.
—Sé que no es el sitio más cómodo, pero me da miedo que vuelva y no la escuchemos, aquí estaremos más seguras.
—Es un buen sitio —murmura Olena, atrapando sus labios.
Piper le pone las manos en la cintura y la hace retroceder hasta que su espalda se pega a las baldosas.
—Te echaba de menos —jadea Piper contra su boca, y la ucraniana responde profundizando el beso mientras mete las manos por debajo de la camiseta de la doctora.
—Y yo a ti, cinco días sin tocarte han sido el peor de los castigos.
Piper le coge la melena con la mano y le echa la cabeza hacia atrás para besarle el cuello, y Olena suelta un jadeo tan necesitado que Piper siente un temblor en los muslos como si le hubieran dado una descarga de corriente.
—No creo que tengamos mucho tiempo, y yo... —empieza Olena, pero sus palabras se cortan cuando Piper le levanta una pierna para que la pase detrás de su cuerpo y mete la mano por dentro de su pantalón.
—¿Tú qué? —pregunta, deslizando sus dedos entre toda esa humedad abundante que encuentra entre sus piernas.
—Yo... Te necesito, joder, no pares —pide temblando de deseo.
—No lo haré. —Piper la penetra despacio, hundiendo dos dedos dentro de ella mientras observa su reacción, y cuando ve que Olena exhala de puro placer y echa la cadera hacia delante buscando más profundidad, empieza a moverse despacio al principio, acariciando también su clítoris con el pulgar mientras disfruta la sensación de sentir sus dedos apretados y el calor abrasador de sus paredes vaginales.
—¿Así voy bien? —pregunta temerosa de hacerle daño.
Olena asiente con insistencia y abre los ojos para mirarla.
—Más rápido, estoy a punto —jadea, echando la cabeza hacia atrás hasta que toca con la pared.
Piper obedece y la besa hasta que la espalda de Olena se arquea de golpe y sus uñas se le clavan en la espalda cuando se corre y ahoga los gemidos contra su cuello. Apenas se toma tiempo para recuperarse cuando asume el control de la situación y gira a Piper para intercambiar su posición.
—Quiero sentirte antes de que llegue —susurra todavía con la respiración entrecortada, desabrochando el pantalón de la doctora antes de meter la mano por dentro de la ropa interior y encontrarla tan preparada como lo estaba ella.
—Dios. —Piper se muerde el interior de la mejilla para no gritar de puro placer cuando siente los dedos de Olena en su abertura, deslizándose entre sus pliegues y acariciando su clítoris con destreza.
La ucraniana la masturba mientras Piper sube las manos a sus pechos y los aprieta por encima de la ropa unos segundos antes de soltarlos y abrazarse al cuerpo de Olena porque siente que las rodillas se le van a doblar.
—Así vas muy bien —jadea temblorosa hasta que se le tensan los muslos y se le escapa un gemido largo y ronco que trata de sofocar contra el cuello de Olena.
—Joder —exhala Olena—, necesitaba tanto esto, no sabes la de veces que he pensado en colarme en tu habitación por la noche.
Piper se ríe y sus hombros se mueven antes de que levante la mirada, ponga las dos manos en la cara de Olena y la bese.
—Yo también lo he pensado, pero con ella aquí es mejor que no corramos riesgos.
—Lo entiendo, tranquila. Estás muy roja, ¿sabes? Después de correrte te suben mucho los colores, me encanta —dice, mirándola con adoración.
Piper la mira con una sonrisa y de repente le asaltan unas ganas absurdas de llorar de alivio porque durante estos días se ha sentido sola en su propia casa y ahora que tiene a Olena aquí, pegada a ella con las mejillas tan rojas que parece que viene de correr, siente que no necesita nada más.
Se escucha el ruido de la puerta de la entrada y el sonido congela la sangre de Piper, que se aparta de golpe.
—No puede haber vuelto tan pronto —dice nerviosa, abriendo el grifo para lavarse las manos.
Con torpeza y tan alterada como ella, Olena también mete las manos debajo del grifo y se apresura a lavarse.
Piper es la primera en salir, maldiciéndose por haber sido tan torpe, debería haber subido a la planta de arriba, eso al menos le habría dado privacidad para salir de una en una, pero al abrir la puerta del baño, lo primero que ve es a su madre dejando el bolso a un lado antes de levantar la cabeza y clavar la mirada en ella.
Olena sale detrás, balbucea algo y desaparece escaleras arriba y, aunque no las hubiera visto salir juntas del baño, Selene lo habría sabido de todas formas por la cara de sofoco de ambas y la expresión desconcertada de su hija, la misma cara que ponía de niña cuando había hecho algo mal y su madre la pillaba.
—Has vuelto muy rápido —dice Piper al fin.
Selene tarda unos instantes en responder, todavía impactada por lo que acaba de descubrir.
—Me había dejado el monedero.
Se quedan en silencio, mirándose, y Piper ve cómo poco a poco la expresión de su madre se va demudando hacia el asco, un asco profundo y visceral que le aprieta los labios y le arruga el entrecejo hasta convertir su expresión en algo demoledor para Piper, porque su madre nunca la había mirado así.
Piper traga saliva, tiene la boca seca y el corazón tan acelerado que le está empezando a doler la cabeza. Se pasa las manos por el pelo para peinarse y aprovecha esos segundos para pensar algo que decir, pero no se le ocurre nada.
—¿Cómo has podido? —espeta Selene—. ¿Qué clase de mente enferma tienes? —la voz le tiembla de pura rabia y sus ojos se oscurecen de un modo que hace que Piper sienta miedo por unos segundos, pero se lo traga con rapidez porque no piensa consentir que la siga intimidando.
—Olena y yo estamos juntas —anuncia, y da un paso hacia delante para dejarle claro que ni le tiene miedo ni siente vergüenza.
—¿Juntas? ¿Juntas como qué? ¿Como una pareja, eso es lo que dices? ¿Es que te has vuelto loca?
—Sí, me he vuelto loca por ella.
Selene cierra los ojos y sacude la cabeza negando.
—Madre mía, ¿desde cuándo, Piper?
—Eso no importa, mamá, lo que importa es que...
—¿Desde cuándo? —insiste su madre, a la que se le marcan las venas del cuello.
—Hace poco, aunque hace mucho que me gusta —admite sin inmutarse—. No quería que te enterases así, entiendo que puede parecer, no sé, extraño...
—¿Extraño? ¿Tú eres consciente de quién es esa mujer? ¿Te has parado un solo momento para pensarlo? Se acostó con tu padre, Piper, por Dios, esto es tan retorcido que ni siquiera puedo imaginarlo.
Piper se acerca otro paso hacia ella.
—No se acostó con mi padre, él la forzó —le recuerda con la voz contenida.
—Es la madre de ese bastardo que corre por tu casa con tu misma sangre, ¿qué demonios te pasa?
—No lo llames así, te guste o no, es mi hermano.
—Llamo las cosas por su nombre, Piper. —Selene está roja de rabia—.
¿Qué pasa? ¿Es que quieres ser como tu padre acostándote con las mismas mujeres que él?
Porque eso es exactamente lo que estás haciendo, meterte en la cama con una de esas que va por la vida buscando alguien que la mantenga, no me puedo creer que seas tan ingenua.
Piper se queda con la boca abierta un momento porque su mente no es capaz de procesar lo que le está diciendo su propia madre.
No esperaba que entendiera lo que ella siente ni poder explicarle que ella no buscó enamorarse de Olena, pero por encima de todo, lo que no esperaba era que su madre reaccionara de esta forma y fuera tan dura con sus palabras, sin tener en cuenta siquiera el daño que le pueden hacer.
Aprieta los puños hasta que las uñas se le clavan en las manos y trata de contener la rabia que le sube por el cuello y amenaza con estallar en su boca con palabras más hirientes que las de su propia madre, porque eso es lo que le apetece ahora, herirla sin rastro de compasión como ha hecho ella.
—Esa chica sedujo a tu padre y ahora te ha seducido a ti —sigue Selene—. Eso es lo que hacen las mujeres como ella, se meten en la cama de quien les conviene y tú has sido tan estúpida como para caer.
Piper esboza una sonrisa triste.
—Te lo voy a explicar una vez más. Papá la violó. —Piper la mira fijamente—. La forzó, mamá, no la sedujo ni fue consentido, fue una violación y que tú sigas negándolo después de todo lo que sabes me da más asco del que tú puedas sentir ahora mismo hacia mí.
—No me hables así, soy...
—Te hablo como te mereces. —Piper avanza un paso más hacia su madre y esta echa el cuerpo hacia atrás—. Has comparado lo que yo siento con lo que hizo ese monstruo y no voy a seguir discutiendo contigo. Haz tu maleta, Tiffany vendrá a buscarte esta tarde, te quedarás en su casa a partir de ahora.
—¿Me estás echando?
—Sí, no quiero aquí a alguien que no me respeta, pero sobre todo, no quiero tener cerca a alguien que insulta a una persona a la que quiero y desprecia a un niño solo porque no le gusta saber de dónde procede, y que ese alguien sea mi madre duele mucho.
—Ya veo, prefieres a esa mujer antes que a tu propia madre, esto es...
—Cállate ya —la corta Piper, sintiendo que le va a explotar la cabeza—. No vamos a continuar esta conversación porque tú nunca vas a aceptar que Olena y Nazar ahora forman parte de mi vida, así que se acabó, recoge tus cosas, voy a ir a buscar a Nazar y no volveré hasta que te hayas marchado.
Piper se da la vuelta y cuando pone un pie en el escalón para ir a buscar a Olena, la ve de pie en el descansillo, con los ojos húmedos y los brazos cruzados sobre el pecho, abrazándose.
—Piper...
—Vámonos. —La doctora hace un gesto con la cabeza y se vuelve para coger las llaves de su coche.
Olena baja el tramo y mira un momento a Selene antes de salir y seguir a Piper hasta el coche. La doctora lo pone en marcha y conduce durante unos minutos, pero acumula tanta tensión en el cuerpo que apenas puede sujetar el volante sin que las manos le tiemblen.
—Para ahí —pide Olena, señalando unos aparcamientos vacíos junto a la calzada.
Piper obedece sin protestar, aparca el coche apagando el motor y se mete las manos entre las piernas, cerrando los ojos cuando nota una punzada de dolor en la cabeza.
—No sé qué decir, Piper —susurra Olena, pasándole la mano sobre los hombros para atraerla hacia ella.
—No hay nada que decir, creo que ya está bastante clara la opinión de mi madre —dice la doctora, agarrándose a su cintura para aceptar un abrazo que necesita.
—Siento que tengas que pasar por esto. —Olena se pasa los dedos por los párpados para limpiar las lágrimas de impotencia que se han formado en ellos.
No le importa lo que piense Selene, ni que la acuse de seducir a su marido o de ser una buscavidas, lo único que le importa es que esa mujer ha hecho mucho daño a su hija con sus palabras, a una hija que ya sufría por otras cosas, y Olena tiene claro que jamás podrá perdonar a esa mujer.
—¿Te importa si nos quedamos un rato aquí? —susurra Piper.
Olena la aprieta contra su cuerpo y empieza a acariciarle el pelo con su mano libre.
—Claro que no, podemos estar aquí todo lo que necesites.