Nosotras bajo la luna (Romances prohibidos 3) Capítulo 18
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Capítulo 18

P iper Dalton intenta concentrarse mientras observa una solicitud que le ha hecho un ente gubernamental para una prueba piloto en su residencia sobre un programa que quieren instaurar.

Ha leído la carta unas diez veces y no logra entender la mitad de las palabras que hay escritas.

Suelta el papel con hastío sobre la mesa a la vez que se recuesta en su silla.

Hace cuatro días que Selene se presentó en su casa y durante todo ese tiempo no ha habido más que tensión en un hogar donde hasta ahora reinaba la paz.

Esa rutina tranquilizadora que había instaurado ha desaparecido por completo, dando paso a miradas largas, comentarios que cortan como un cuchillo afilado y momentos incómodos.

Ya no hay desayunos compartidos, Nazar parece sentir la energía del ambiente y apenas juega, y ella no ha podido acercarse a Olena como le gustaría.

Decide volver a su casa, Olena Boyko estará saliendo ahora mismo de casa de Harold y no le apetece que se encuentre con la mirada fría de su madre en casa.

Selene no ha salido ni a que le dé el aire en todos esos días, parece que ha montado guardia en el salón para observar por sí misma todo lo que ocurre en la propiedad de su hija mayor.

Piper está agotada física y mentalmente de la situación, no duerme bien y su cuerpo se mantiene en alerta las veinticuatro horas, no ve el momento en que todo este mal trago se pase.

—Hola, mamá —saluda la doctora en cuanto entra en su casa y ve a su madre sentada en el sofá como una vigilante de seguridad.

—Hija, ¿no es muy pronto para que estés aquí? —la pregunta de Selene tiene varias aristas que Piper capta de inmediato.

Su madre sabe que ella se va pronto a la residencia y no sale de allí hasta las seis de la tarde.

Que vuelve para comer alguna vez y poco más, que llegue al mediodía no es lo habitual, pero Piper le explicó —con una mentira bien elaborada— que últimamente se siente más cómoda trabajando en su despacho por las mañanas y desde su casa por las tardes.

Aun así, Selene le hace el mismo comentario cada día.

—No veo por qué —contesta Piper y avanza hasta la cocina para buscar un vaso de agua.

Ese tiempo también lo emplea para intentar tranquilizarse, la idea no es discutir con Selene, pero está tan irritada por su comportamiento que teme no ser capaz de controlarse.

—Había pensado en pedir algo de comer para las dos —le anuncia Selene cuando vuelve de la cocina y se sienta frente a ella—. ¿Qué te apetece?

Piper aprieta el vaso con demasiada fuerza y se lo lleva a los labios, buscando una calma que no siente. Su madre directamente ha excluido a Olena y a Nazar del plan cuando bien sabe que la ucraniana come en casa cada día y que el niño lo hace a veces cuando Jake o las chicas lo traen pronto.

—Pasta —contesta y mira a su madre a los ojos—. La de Nazar que sea solo con tomate, no le gusta si lleva algo más.

Selene Dalton tensa los hombros y una mueca de disgusto se dibuja en sus labios.

No le gusta Olena y eso se lo ha dejado bastante claro a su hija.

Al principio simplemente sintió rechazo, pero ahora que lleva días viviendo con ella, ha confirmado lo que sospechaba: la chica atrae a la gente como si fuera un faro lleno de luz que todos quieren mirar y está segura de que su marido se vio seducido por sus formas.

Además, Selene ha comprobado que la fijación con los Dalton no solo acaba en Lucas, ha visto cómo mira a su hija, cómo le sonríe y hace lo que sea por tenerla cerca. Sí, odia a esa mosquita muerta.

—Le das demasiado a esa gente —escupe como si tuviera ácido en la boca.

Piper deja el vaso en la mesa con mucho cuidado, la rabia le trepa por el cuello y se queda en su garganta amenazando con ahogarla.

Le ha dado muchas oportunidades a su madre desde que se presentó en su casa, ha sido paciente y tal como se lo ha pedido Olena, ha intentado entenderla, pero ya no puede hacerlo más.

—Esa gente, como tú la llamas, es la mujer de la que papá abusó y su hijo, es decir, mi hermano —a Piper mencionar a Nazar como lo que es le escuece porque ella lo mira como otra cosa… como si fuera también su hijo.

Selene chasquea la lengua y niega con la cabeza. Considera que su hija no es más que otra víctima de Olena Boyko.

—Nadie está negando que ese niño sea hijo de tu padre, pero ¿tan difícil es darle una oportunidad a Lucas y poner en tela de juicio lo que dice esa mujer?

—Selene se inclina hacia adelante en el sofá—.

Llevo toda una vida casada con tu padre y aunque me duele enterarme de que me ha sido infiel, eso no lo convierte en un violador.

Tú no lo conoces como yo, él sería incapaz de obligar a alguien a nada.

—¿Quieres decir que no solo Olena miente, sino que también lo hace Emily y las otras dos chicas del hotel? —Piper mastica la pregunta como si fueran vidrio triturado—. Todo el mundo miente, menos papá, ¿no?

Selene se remueve incómoda, no tiene la certeza de nada, pero de lo que sí está segura es de que las cosas no sucedieron como esas chicas dicen.

—No sé qué pasó entre ellos, Piper, pero forzar a una mujer es diferente a tener sexo con ella. No sé, quizá tu padre buscaba algo distinto fuera del matrimonio, más emocionante y…

—Para, mamá, para —Piper levanta una de las manos y Selene se queda con la boca abierta a mitad de una frase—.

Puedo comprender que lo defiendas, es horrible enterarse de que la persona a la que quieres se ha comportado de esa manera, pero asegurar que todo lo que hizo fue consentido y esto no es más que una infidelidad es exagerar.

Papá abusó de esas mujeres, no sé por qué lo hizo, pero es culpable. Punto.

Selene menea la cabeza de nuevo y su hija comprende que está en negación. Por su mente no pasa el hecho de que el hombre con el que lleva décadas sea un monstruo. Piper siente compasión, pero se esfuma cuando su madre vuelve a la carga.

—Esa mujer que has decidido meter en tu casa es una farsante, ¿no ves cómo te mira?

Te tiene embaucada, hija, y eso me preocupa —dice Selene con la voz rota—.

Estoy segura de que lo único que busca es dinero, no lo consiguió con tu padre, pero decidió ir por la más débil de la familia.

Ahora ya está en tu casa, ¿qué será lo siguiente? ¿Meterse en tu cama?

La doctora Dalton se pone de pie y sus ojos irradian tanta agresividad que Selene echa el cuerpo hacia atrás.

Piper no está segura de qué frase de todas las que ha soltado le jode más, aunque sin duda llamarla la más débil de la familia le molesta bastante.

Se da cuenta de que discutir con su madre no es una batalla que quiera luchar, Selene no entiende ninguna de las razones que le ha explicado y ahora que se le ha metido en la cabeza que la ucraniana no es más que una manipuladora que busca hacerse millonaria a costa de los Dalton, comprende que lo mejor es que su madre salga de su casa.

—Mamá…

La puerta de la casa se abre evitando que Piper diga algo de lo que pueda arrepentirse en el futuro. La presencia de Olena hace que de inmediato sienta algo de calma y pueda expulsar el aire que llevaba rato retenido en sus pulmones.

—Buenas tardes —saluda la ucraniana con educación. Selene ni siquiera la mira.

—Hola —contesta Piper y se acerca hasta ella—. Vamos, iremos a recoger a Nazar juntas.

Olena se queda quieta un instante, sabe que algo está pasando porque conducir hasta casa de Jake no es lo habitual.

Son Tiffany y Kelsey quienes se lo acercan normalmente porque de vuelta a Oceandrive apenas tienen que desviarse para dejar al niño en casa.

Además, ellas son las que insisten, Nazar se lo pasa muy bien allí y el padre de Kelsey está encantado con tenerlo cerca.

—Claro —contesta la ucraniana sin mirar a Selene, aunque siente los ojos de la mujer sobre ella.

Piper no se despide de su madre, abre la puerta de su casa e invita a Olena a salir. Caminan hasta el coche en un silencio pesado que ninguna de las dos quiere romper y ni siquiera cuando están dentro del vehículo hablan.

Olena se limita a poner su mano sobre el muslo de la doctora, que empieza a conducir sin apartar la mirada de la calle. Cuando han pasado varios minutos y un semáforo en rojo las obliga a detenerse, Piper se gira, le coge la cara con las dos manos y la besa con ganas.

—Echaba mucho de menos esto —dice Piper pegada a sus labios, y vuelve a besarla.

Mientras Selene ha estado en casa, las interacciones con Olena han sido casi nulas porque su madre siempre parecía estar en todas partes y ellas querían evitar que la mujer se llevara un disgusto mayor.

—Yo también lo echaba de menos —la rubia le pasa el pulgar por los labios—. ¿Estás bien?

Piper suspira con pesadez, mueve la palanca del coche y conduce.

—Mi madre no acepta que mi padre haya abusado de ti y otras mujeres —explica Piper con la voz cansada—. Se niega a verlo y ahora ha empezado a crear teorías disparatadas en su cabeza.

—¿Cómo cuáles?

—Tonterías que convierten a mi padre en una víctima —Olena levanta las cejas—. Se ha convencido de que todo esto es una especie de trampa que lo hace ver culpable y que su error solo ha sido ser infiel.

Olena vuelve a ponerle la mano en el muslo a Piper y esta vez se la aprieta mostrando su apoyo. Ella ya ha superado lo que le pasó y le da igual lo que pueda pensar Selene, pero Piper está cada vez más afectada y supone que esperaba que su madre estuviera de este lado y no del de su marido.

El trayecto que queda lo hacen en silencio y al cabo de un rato, están aparcando frente al garaje que hace de taller de Pacific Wick. Se bajan del coche y atraviesan el jardín, tienen la puerta semiabierta y se escucha la risa de Nazar.

—Mamá —grita el niño con alegría cuando ve a Olena, y sale corriendo hacia ella.

La ucraniana se agacha para abrazar a su hijo, Piper le deja una caricia en la cabeza al niño y camina hasta la mesa que ocupa su hermana.

—¿Ha pasado algo? —Tiffany se pone de pie con gesto preocupado.

—No, no, tranquila —saluda a su hermana con un abrazo—. Solo quería hablar algo contigo y hemos aprovechado para venir juntas a recoger a Nazar.

La doctora saluda también a su cuñada, que nota en su cara el desasosiego. Intuyen que la conversación es delicada, así que invita a Olena a tomar un café dentro de la casa y se llevan a Nazar con ellas.

—¿Qué quieres decirme? —Tiffany le señala un taburete y Piper se sienta frente a ella.

—Necesito que te lleves a mamá de casa, no puedo tenerla allí con Olena.

Piper le cuenta con detalles cómo han sido los días desde que Selene llegó. Tiffany tenía una vaga idea porque su hermana no había sido del todo explícita, pero ahora que escucha cada cosa que ha hecho su madre, es inevitable sorprenderse.

—Joder, Pi, no me lo puedo creer —Tiffany se muerde los labios al mismo tiempo que sacude la cabeza—. ¿Cómo es posible que crea que papá solo la engañó?

—Imagino que es la forma en que su mente está encajando todo esto y ver a Nazar correr por casa no le ayuda —Piper cierra los ojos durante un segundo—.

Tienes que ver cómo mira a Olena, es una mezcla de rabia, envidia y no sé, quizás dudas porque habrá momentos que pensará que ella miente y otros que dice la verdad.

Tiffany se levanta y se acerca a su hermana.

—Mañana por la tarde iré a recogerla —le asegura—. Me la llevaré al ático y que se quede con nosotras.

—No quiero que te incomode a ti o a Kelsey.

Tiffany niega con la cabeza.

—Tendrá que adaptarse y si no, que se vaya a casa de la tía Hilary unos días —le pone una mano en el hombro a Piper—. Hablaré con ella, me preocupa que con esa nueva forma de pensar, quiera hablar con papá.

—No creo que lo haga, sigue enfadada con él, pero no sé hasta cuánto le durará. Solo quiero que esto acabe, Tiff.

Tiffany abraza a su hermana con fuerza, nota su desesperación y le duele horrores verla así porque ella sufre el doble; por su padre y por Olena.

—Acabará, te lo prometo —afirma Tiffany sin saber cuánta verdad hay en sus palabras.