Capítulo 15
—Deberíamos irnos ya o vamos a llegar tarde —dice Tiffany, terminando de poner las mechas en las velas que tiene sobre la mesa.
Kelsey acaba de embalar uno de los pedidos que lleva preparando toda la tarde y mira la hora.
—Joder, tienes razón.
Las dos se mueven con rapidez, recogen, echan un último vistazo y apagan la luz antes de salir del garaje y entrar en la casa de Jake.
—Papá, nos vamos ya —Kelsey le besa la mejilla con prisa y las dos salen por la puerta antes de que el hombre, que estaba medio dormido en el sillón, pueda procesar lo que le ha dicho.
Tiffany se pone al volante y conducen en silencio los primeros minutos, pero cuando esta ve que la pierna de Kelsey no para de moverse, estira la mano y se la pone sobre el muslo.
—¿Por qué estás tan nerviosa?
Kelsey la mira con los ojos muy abiertos.
—¿Tú no lo estás? —pregunta sorprendida.
Tiffany se ríe al mismo tiempo que niega con la cabeza.
—No, la verdad es que yo solo estoy ansiosa por terminar y que nos den las llaves.
Van de camino a la agencia inmobiliaria para firmar el contrato de alquiler del local que al fin han decidido quedarse.
Han sido varios meses de visitas, de descartar uno tras otro por diferentes motivos o de llevarse el disgusto de haber perdido uno que les encajaba porque en el último momento el dueño se echó atrás, pero este es perfecto.
Lo vieron hace un par de días y enseguida supieron que debía ser ahí.
Hace esquina y tiene dos escaparates pequeños, uno en cada calle.
La zona de la tienda tiene el tamaño suficiente para poner varias estanterías y en la parte trasera tiene dos salas más pequeñas que servirán de almacén y archivo.
Necesita una limpieza profunda y una mano de pintura, pero en general está muy bien y el precio les encaja.
—Yo también, pero no puedo evitar pensar en que algo salga mal, y yo ya tengo visualizados hasta los colores para pintar las paredes.
—Nada va a salir mal, tranquila —Tiffany le da un apretón en la pierna y se vuelven a quedar calladas hasta que llegan.
Y en efecto, Tiffany no se ha equivocado. El agente inmobiliario las estaba esperando con toda la documentación preparada, así que apenas han estado veinte minutos con él y ahora acaban de salir con el contrato firmado y las llaves en la mano.
—Joder, no me lo creo —Kelsey sacude el llavero entre sus dedos frente a Tiffany antes de que las dos se abracen y después se queden quietas frente a la puerta sin saber qué hacer.
—¿Vamos a verlo otra vez? —propone Tiffany.
La siguiente hora la pasan dentro del local, Tiffany con una libreta en la mano mientras traza líneas para dibujar todo lo que Kelsey propone.
—En esta de aquí, dos estanterías con un pequeño espacio entre ambas donde podemos poner una mesita con un jarrón de flores altas y un par de velas a los lados.
En esta pared no pondría nada o se verá todo demasiado cargado y dará sensación de agobio al entrar.
Centraría la mayor exposición en los escaparates, podemos decorarlos con una guirnalda de luces blancas donde se reflejen los colores de las velas —dice sin apenas respirar.
—Frena un poco, Kels, todavía estoy dibujando el jarrón —pide Tiffany.
Kelsey se gira hacia ella con una sonrisa torcida.
—No tienes que dibujar nada, solo apuntar.
—Ya sabes que me gusta reflejar mi arte —bromea, concluyendo que el jarrón parece un cilindro en lugar de un elemento de decoración.
Kelsey aparece a su lado, le rodea la cintura y le quita la libreta de las manos.
—Dejemos esto por hoy, ahora podríamos ir a cenar para celebrarlo —le da un beso en el cuello y Tiffany se gira hacia ella, colgándose de su cuello.
—Me apetece comida grasienta y poco saludable, una hamburguesa doble con un montón de patatas y ketchup.
—Tengo que recordar avisar a Olena de que nunca deje a Nazar a solas con su tía o lo acostumbrarás a comer comida basura.
Tiffany se ríe y ambas acaban en un local cercano con una hamburguesa enorme entre las manos.
—Umm, Piper me ha dicho que le escribiera para decirle cómo había ido y se me ha olvidado por completo —dice Tiffany, limpiándose las manos antes de buscar el teléfono en su bolso.
—Hablando de Piper, ¿te ha dicho algo sobre ella y Olena?
—¿Algo como qué? —pregunta Tiffany.
—Sobre si tienen algo. El otro día cuando íbamos hacia la comisaría tuve la sensación de que estaban muy pendientes la una de la otra, casi se devoraban con los ojos.
Tiffany la mira asintiendo.
—Se me olvidó contarte que cuando estábamos dentro con la sargento Stewart, hubo un momento en que mi hermana se puso nerviosa y Olena le cogió la mano, y ya no se soltaron, pero no, no me ha dicho nada.
—¿Crees que podrían estar liadas y no decirlo? Sería raro, porque tu hermana y tú tenéis mucha confianza.
—Sí, pero ya sabes cómo lleva esto Piper.
Se le ha metido en la cabeza que para ella Olena es algo prohibido, algo que no está bien, y la verdad es que me preocupa mucho porque si se han liado, debe tener la cabeza a toda máquina, sintiéndose que hace algo mal, o no sé, realmente no tengo claro cómo lo gestiona.
—La verdad es que tiene que ser muy complicado —comenta Kelsey—.
Yo la puedo llegar a entender, ¿sabes? Se ha enamorado de una mujer que fue abusada por su propio padre, a mí me costaría mucho sacármelo de la cabeza, cada vez que me acercara a ella, pensaría en lo que ha hecho él y la rabia me cegaría.
—Pero Piper no es responsable de lo que pasó —dice Tiffany—, pero sí que es verdad que todo afecta, porque por ejemplo está el tema de Nazar.
Es nuestro hermano y si ella tiene algo con Olena, ¿en qué posición la deja eso?
Ahora el niño es pequeño, pero ¿qué pasa cuando crezca si ellas están juntas? ¿Qué le contarán cuando pregunte?
Kelsey niega con la cabeza y tuerce los labios en una mueca.
—La verdad es que no me gustaría estar en su posición.
—Ni a mí, pero la apoyaré en lo que decida, cualquier cosa que necesite que haga, la haré.
—Lo sé —Kelsey le coge la mano—, y es una de las razones por las que te quiero tanto.
Kelsey se inclina hacia ella, le pone una mano en la mejilla y la besa, haciendo que Tiffany sonría contra su boca.
—Yo también te quiero.
—Vaya... —escuchan a su lado.
Cuando se giran, ven a una pareja en el pasillo que se ha detenido y las mira con cara de asombro.
—¿Aidan? —pregunta Tiffany entornando la mirada.
Aidan era un compañero de la universidad que tuvo mucho contacto con Rick y con Mick durante el tiempo que estudiaron aquí, no es que fueran los mejores amigos, pero se llevaban bien y solían pasar tiempo juntos por el campus.
Entonces era un chico espigado que todos temían que saliera volando con alguna ventolera fuerte, tenía el pelo completamente negro y abundante, pero ahora le clarea, tiene entradas pronunciadas y ha engordado tanto que cuesta reconocer sus facciones en ese rostro tan hinchado.
—El mismo —dice él sin dejar de mirarlas.
—Vaya, estás cambiado —no puede evitar Kelsey—, pero se te ve genial.
—Sí —sonríe él—, esta es mi mujer Clarice y vosotras... —Aidan las mira a una y a otra, incómodo—. ¿Dónde están Rick y Mick?
—En Chicago —dice Tiffany con sequedad cuando ve la sonrisa cínica de Aidan.
—Pero entonces, es decir, vosotras... —Las señala con la cabeza con cierto aire despectivo—. Es que me ha parecido ver que os estabais besando y no entiendo...
Se queda callado y por un momento ellas valoran dejarlo así para que saque sus propias conclusiones, pero enseguida empiezan a imaginarse el tipo de comentarios que hará con sus amigos porque a Aidan siempre le gustó cotillear y están seguras de que no tardará nada en buscar a otros compañeros de aquella época en cuanto salga de aquí para contarles que las mujeres de los gemelos están liadas entre ellas.
—Nos divorciamos el año pasado —dice Kelsey.
—¿Porque estabais liadas? —interviene la mujer con los ojos abiertos como platos.
—Porque descubrimos que nos queríamos, sí —responde Tiffany, cogiendo la mano de Kelsey.
—¿Y cómo se lo tomaron Rick y Mick? —pregunta Aidan—. Menudo palo, no sé qué haría si Clarice me dijera que está enamorada de mi cuñada, todo eso es muy raro, ¿sabéis?
—Pues no, no lo sabemos —la sequedad de Kelsey hace que Clarice parpadee—.
Fuimos sinceras con ellos cuando comprendimos de verdad lo que pasaba entre nosotras, y ellos se lo tomaron muy bien, de hecho, mantenemos una buena relación y sabemos que podemos contar con ellos para cualquier cosa, igual que ellos con nosotras.
—Joder, eso es más raro todavía —dice Aidan—. Algo tuvieron que hacer mal con vosotras, si no, no se entiende esto que...
—Aidan, ¿no tienes nada mejor que hacer? —lo corta Tiffany, harta del interrogatorio y del desprecio en su mirada.
Él carraspea, incómodo.
—Eh, sí, claro. Vamos a sentarnos por ahí, me ha alegrado veros, dadles recuerdos a vuestros...
—Adiós, Aidan —escupe Kelsey.
—Joder, menudo gilipollas —murmura Tiffany cuando la pareja se aleja.
—Bueno, sabíamos que esto nos podía pasar. Todos nuestros conocidos de la facultad nos recuerdan siempre pegadas a Rick y Mick, entiendo que para ellos debe ser chocante encontrarse con nosotras y descubrir que no solo nos hemos divorciado, sino que estamos juntas.
—Aun así, podría disimular mejor y no poner esa cara de imbécil.
—Es un machista, y parece que también un homófobo, en su cabeza seguramente la razón por la que nosotras nos hemos desviado es porque ellos no supieron follarnos bien.
Tiffany hace una mueca y se gira hacia atrás, donde la pareja se ha sentado unas mesas más allá.
—Ya le gustaría a él ser la mitad de hombre que son Rick y Mick, aunque tengan sus manías.
—Olvídate de él —Kelsey vuelve a cogerle la mano—. Hemos venido aquí a celebrar que ya tenemos un local y que en unos pocos meses tendremos la tienda abierta. Lo que él piense de nosotras no nos interesa.
—Tienes razón, Pacific Wick pronto estará escrito en un cartel precioso encima de nuestra tienda.