Nosotras bajo la luna (Romances prohibidos 3) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

Piper se queda completamente congelada, no recordaba así a Emily; sin embargo, el parecido que tiene con Olena hace que una arcada le suba por la garganta. Es joven, con la melena recogida en un moño desordenado y unos potentes ojos azules.

—Hola, soy Tiffany Dalton. —Decide hablar la menor de las hermanas ante el mutismo de la otra—. Hace unos años la buscaste a ella para hablar sobre un tema... delicado. —Señala a una muy conmocionada Piper—. ¿Te acuerdas?

Emily frunce el ceño y clava los ojos en Piper. Durante un segundo parece estar haciendo memoria hasta que levanta mucho las cejas y da un paso hacia atrás.

—Tranquila. —Piper sale de su estado y levanta ambas manos—. Solo queremos hablar.

—Ya lo hicimos, no me creíste, me pagaste y firmamos un documento para jamás volver a hablar sobre ello. —La voz de Emily es dura—. No tengo nada más que decirte.

Cuando Emily empieza a cerrar la puerta, Piper siente que si no hablan con ella, perderán la oportunidad de saber por otra boca que no sea la de Olena lo que ha hecho su padre.

—Lo sé y lo siento —se apresura Piper a contestar—, pero al parecer no fuiste la única víctima y solo quiero que me confirmes si lo que me dijiste en aquel momento es cierto. Si no lo es, no pasa nada, de verdad, nos iremos y no volveremos a molestarte.

Emily la observa y durante un rato que parece eterno, no dice nada. Tiffany intenta de otra manera.

—Mira, queremos denunciar a nuestro padre, pero para eso tenemos que estar seguras de que de verdad hizo lo que dijiste. Para nosotras no es algo sencillo de asimilar, pero si abusó de ti, tiene que pagar.

La chica hace un gesto, imperceptible, pero las hermanas Dalton notan cómo su expresión afloja.

—Pasad. —Se hace a un lado—. Solo tengo unos minutos, he tenido un turno horrible y necesito descansar.

Las tres mujeres pasan al salón y se sientan alrededor de una mesa que tiene cuatro sillas. Emily se deja caer con un suspiro pesado. Se le ve realmente agotada.

—¿Qué necesitáis saber?

Piper es la que contesta.

—Todo lo que puedas contarnos.

Emily Tyson de repente parece más joven, como una chica asustadiza que tiene miedo de contar una verdad.

—Soy de un pueblo muy pequeño de Dakota del Norte y vine a California porque necesitaba salir de aquel lugar —empieza a explicar la chica—. Mi madre acababa de morir y no tenía más familia, así que cuando me llamaron de un hotel porque necesitaban personal, no dudé en aceptar.

Emily guarda silencio y por un momento se la ve perdida en los recuerdos.

—Llevaba apenas un par de meses trabajando, pero todo aquello se me daba bien, así que mi jefe me asignó al equipo de cocina. No trabajaba dentro, sino subiendo los pedidos que los clientes hacían al restaurante. —Emily mira con intensidad a Piper—. Así conocí a vuestro padre.

Las tres mujeres se quedan quietas en suspenso, como si estuvieran detrás de una puerta llena de monstruos y aun así tuvieran que abrirla. Las hermanas Dalton le dan tiempo a Emily para que siga hablando, no hacen preguntas, no la presionan.

—Estuvo tres noches en el hotel, lo recuerdo porque el primer día pidió que le subieran una hamburguesa. Las patatas con pepinillos por encima.

Piper se tensa dando un salto sobre su asiento. Lucas Dalton tiene debilidad por los pepinillos, sobre todo cuando los mezcla con patatas fritas.

—Ese día fue muy amable, me contó un chiste, me dio una buena propina y me preguntó de dónde era.

—Emily se aparta de la cara los mechones rebeldes que se le han salido del moño—.

Me di cuenta tarde de que solo se estaba asegurando de elegir bien a su presa, una chica que no era de California, que no tenía familia ni amigos.

—La segunda noche me dijo que una chica tan inteligente como yo no debería estar haciendo tantas horas en un hotel para ganarse la vida, así que haría un par de llamadas y al día siguiente quizá me consiguiera algunas entrevistas.

Emily frena su discurso justo en el momento en el que su voz empieza a temblar. Piper tiene miedo a que no les diga nada y aunque ella, en el fondo, no quiere saberlo, lo necesita. Por Olena, por Emily y por todas esas chicas que Lucas atacó.

—No puedo imaginarme lo que sientes al recordar lo que pasó, pero para nosotras es importante saber el resto de la historia —consigue decir la doctora, que está muy nerviosa.

La chica deja clavados sus ojos azules en el rostro pálido de Piper con una mezcla de vergüenza y rencor que le está abriendo un agujero en el pecho.

Sin embargo, decide continuar porque esa mujer que un día no le creyó, ahora da la impresión de que va a desmayarse en cualquier momento.

No debe ser fácil enterarte de que tu padre es un violador.

—Pidió lo mismo la última noche y me aseguré de llevárselo a la hora en punto.

No quería hacerle esperar y, por supuesto, estaba impaciente por saber si me había conseguido las entrevistas.

Cuando llegué a su puerta, me abrió con el móvil pegado a la oreja, me sonrió y señaló el aparato como diciendo que esa llamada era por mí.

—Emily niega con la cabeza, recordando lo tonta que fue—.

Me dijo que pasara y que esperara un momento.

Lo hice, pero una vez estuvimos dentro los dos, el golpe llegó sin avisar.

—¿Te pegó? —quiere saber Tiffany. Olena les contó lo mismo.

—Aquí. —Se señala la zona de la mejilla—.

Lo suficientemente fuerte como para desorientarme, pero no tanto como para herirme.

Luego vino lo que intenté contarte hace años.

—Esta vez desvía la mirada hacia Piper—.

Me atacó en su cama, todo pasó muy rápido y cuando terminó me amenazó.

Ya sabéis, una chica sola, una simple trabajadora de hotel, ¿quién iba a creerme?

—Lo lamento tanto —habla Piper y su voz suena tan rota que Emily niega con la cabeza—. Nada de lo que ocurrió es culpa vuestra.

—No te escuché aquella vez —dice la doctora.

—Y eso no te hace culpable —responde Emily de inmediato—. Te odié por mucho tiempo, estaba sola, perdida y no sabía qué hacer. El rechazo no lo llevé bien, pero por tu reacción, siempre supe que no estabas encubriendo a tu padre. De verdad creías que no era capaz de hacer lo que yo te conté.

Piper se lleva los dedos a la boca y se aprieta los labios con fuerza. La mandíbula le tiembla y el estómago se le ha cerrado. Tiffany se da cuenta de su estado y decide que ya es suficiente.

—Agradecemos mucho que te hayas abierto con nosotras, Emily. —Se pone de pie y le tiende una mano a su hermana—. Te dejamos descansar.

Piper todavía no está lista para marcharse.

—¿Estarías dispuesta a declarar si es necesario? —pregunta con una exhalación—. Vamos a tomar cartas en el asunto, iremos a la policía y estoy segura de que tu testimonio será necesario.

La chica arruga las cejas con confusión.

—¿Y qué pasa con el acuerdo de confidencialidad que firmé?

Piper niega con la cabeza.

—Lo dejamos sin efecto. Para hacer que esto funcione, vamos a necesitar de ti.

Emily lo piensa durante unos segundos, haciendo que los nervios de Piper vayan a peor.

—De acuerdo —dice al fin la chica—. Si creéis que puedo ayudar en algo, contad conmigo.