Capítulo 7
P iper se masajea la nuca mientras sube en el ascensor hacia el ático de su hermana.
Todavía lo nota rígido después de haber sobrevivido al que considera uno de los peores días de su vida.
Cuando Tiffany y Kelsey la dejaron en casa, Nazar ya debía estar dormido porque Olena estaba sola en el salón leyendo un libro en el sofá.
Piper sintió que le subía la bilis de nuevo en cuanto la miró, no porque ella le provocara ese malestar, sino porque lo único que deseó en ese momento fue acercarse a ella y abrazarla, dejar que la consolara entre sus brazos y probablemente robarle algún beso, y la idea de desear y pensar eso después de haber pasado medio día con su violador la hizo sentirse tan sucia que no pudo contener la arcada y apenas tuvo tiempo de llegar al baño antes de vomitar.
Olena saltó del sofá y la siguió, colocándose detrás de ella mientras Piper le suplicaba llorando que saliera y la dejara sola, pero Olena no hizo nada de lo que le pidió.
Tiró de la cadena cuando Piper dejó de convulsionar, mojó una toalla para limpiarle la boca y se sentó detrás de ella, apoyando la espalda en la pared de baldosas mientras Piper se tumbaba en el suelo en posición fetal, con la cabeza sobre sus piernas.
No hablaron de nada, pero pasaron más de una hora allí, con ella tumbada digiriendo un día para olvidar y Olena con las manos en su pelo, haciéndole un suave masaje en la cabeza que logró calmar los nervios de la doctora.
Cuando al fin se sintió con fuerzas para levantarse, le dolían todos los huesos y estaba entumecida.
—Date una ducha caliente, iré a ver cómo está Nazar y te traeré ropa interior limpia y el pijama.
Piper no dijo nada, esperó a que saliera para quitarse la ropa, abrió el grifo del agua caliente y cuando el vaho de la temperatura empezó a subir por las paredes de la ducha, se metió dentro.
Vio a través de la mampara cómo Olena entraba a dejarle la ropa y sintió que el cuerpo entero le hormigueaba durante los dos segundos que estuvo en el baño, con ella desnuda al otro lado del metacrilato.
Cuando salió, la encontró en la cocina, sentada a la mesa con dos tazas de manzanilla.
—Te sentará bien —dijo señalando el sitio frente a ella.
—Gracias.
Piper se sentó y dio un sorbo que le sentó mejor de lo que esperaba.
—¿Tan mal ha ido? —preguntó Olena.
La doctora puso las manos contra la porcelana de la taza y asintió.
—Me he sentido como si el monstruo fuera yo porque constantemente pensaba en hacerle daño —confesó sin alzar la vista—, quería estrangularlo con mis propias manos, Olena.
Entonces sí levantó la mirada y la clavó en los ojos claros de Olena, que solo pudo estirar una mano sobre la mesa para buscar la de Piper.
—Siento que estés pasando por esto —susurró cuando Piper estiró el brazo y dejó que Olena entrelazara los dedos con los suyos.
—Y yo siento lo que él te hizo pasar a ti. —La voz le salió teñida con una rabia que Piper sentía que la estaba envenenando por dentro.
—Hasta no hace mucho pensaba que solo había salido una cosa buena de todo aquello, Nazar, pero ahora son dos, él y tú.
A Piper se le cerró la garganta y se tapó la boca con la mano libre para contener la emoción, pero Olena pensó que iba a vomitar de nuevo y se levantó corriendo para ponerse a su lado.
Fue cuando le pasó la mano sobre los hombros cuando Piper se rompió y estuvo llorando abrazada a sus caderas hasta que no le quedó nada dentro.
Ahora le duele la cabeza. Se tomó un analgésico antes de acostarse, pero ni siquiera eso ha detenido el malestar que arrastra, aun así, a primera hora le ha enviado un mensaje a Tiffany para decirle que tenían que hablar del siguiente paso, que si lo seguían posponiendo se iba a volver completamente loca, y su hermana le ha dicho que se pasara por su apartamento cuando quisiera, que ella y Kelsey no iban a salir en todo el día.
La puerta la abre Tiffany y las dos hermanas se miran un segundo antes de que la pequeña de las dos dé un paso y la abrace al recibirla.
—¿Cómo te encuentras? —susurra besándole el pelo mientras empuja la puerta con el pie—. Olena me dijo anoche que seguías descompuesta.
Piper levanta la mirada, sorprendida.
—¿Hablaste con ella?
—Pues claro. Me quedé preocupada, así que le escribí y le pedí que se pasara por tu casa si podía. Me respondió más tarde y me dijo que habías vomitado, pero que estabas mejor.
La doctora se separa de su hermana y se pinza el puente de la nariz cuando se da cuenta de que con todo el estrés de la situación, no le ha contado a Tiffany que Olena vive con ella.
—Hola. —Kelsey aparece desde la cocina y le besa la mejilla—. ¿Estás mejor?
—Sí, aunque me duele bastante la cabeza, así que agradezco un litro de café y un analgésico —dice suplicante.
—Claro, sentaos en la cocina y te lo sirvo ahora mismo, acabo de hacer una jarra.
Las dos hermanas la siguen y Piper se deja caer en la silla sintiendo que le duele cada hueso.
—Olena vive conmigo —suelta de sopetón, y Kelsey se queda con la taza en la mano mientras que Tiffany ladea la cabeza despacio, como si necesitara hacer ese gesto para entender lo que ha escuchado.
—¿Te refieres a tu casa? Es decir, ¿ya no está en la residencia? —pregunta tras cruzar una mirada rápida con Kelsey.
—No. La otra noche me invitó a cenar y joder, Tiff, tú sabes lo pequeños que son esos apartamentos, no era sitio para ellos, así que le propuse que se vinieran a mi casa. Es solo temporal, hasta que pueda ahorrar y buscarse algo.
Tiffany abre la boca, pero una mirada severa de su chica, que le deja claro que no es el momento, le hace cerrarla.
—De acuerdo, sí, supongo que es lo lógico.
Piper respira aliviada de que el tema muera ahí.
—He traído el acuerdo de confidencialidad que le hice firmar a aquella chica hace años. Gracias, Kelsey —dice cuando esta le llena la taza de café—. Joder, estaba tan segura de que mentía... Debe pensar que soy un monstruo, una zorra incapaz de ponerse en su pellejo y...
—No hagas eso —la corta Tiffany—, yo hubiera hecho lo mismo, Pi, pero ahora sabemos que sí que existe un monstruo, y no eres tú, es él.
—Dejad eso las dos —pide Kelsey—, necesitáis centraros en lo que vais a hacer ahora y la rabia va a asfixiaros a ambas. Tú vomitaste y tu hermana estuvo con migraña desde que llegamos. Si seguís así os vais a poner enfermas.
—¿Tuviste migraña? —pregunta Piper con el modo médica activado.
—Sí, pero ya estoy bien. Hagamos caso a Kels, ¿qué hacemos?
—Ir a buscarla, no lo pospongamos más —propone Piper—. En el acuerdo está su nombre y su dirección, con suerte seguirá viviendo ahí.
—¿Y si se ha mudado? —pregunta Tiffany.
—No sé, preguntamos a los vecinos o en los comercios cercanos, alguien sabrá algo de ella.
—O contratáis un detective —aporta Kelsey.
Tiffany asiente.
—Vale, ¿dónde vive?
—En Riverside, son unas tres horas en coche, podemos salir temprano y volver por la tarde.
—De acuerdo, ¿cuándo puedes ir? A mí me puede cubrir Kelsey, así que no tengo problema.
—¿Y Nazar? Olena necesita...
—Yo me ocupo, Piper, no te preocupes. Lo iré a recoger temprano y mi padre se queda con él. Vosotras centraros en lo vuestro —la corta Kelsey.
—De acuerdo, en ese caso, podríamos ir el martes. Déjame el lunes para organizarlo todo en la residencia y después podemos irnos.
—¿Qué le vamos a decir si la encontramos? —Tiffany se frota las manos sobre la mesa y Piper suelta el aire por la nariz.
—No lo sé, la verdad, supongo, ya veremos cuando estemos allí. Yo solo quiero acabar con esto de una vez, necesito dejar de sentirme así. Lo hemos pospuesto demasiado.
—Sí, tienes razón, pero Pi...
—¿Qué?
—Antes de que comencemos con todo esto, necesito saber si vas a estar bien. Y no me refiero a lo de papá, eso ya sabemos que es un infierno para las dos, me refiero a lo de Olena.
Piper desvía los ojos de golpe y frunce el ceño.
—No sé a qué te refieres exactamente.
—Venga, Piper, no somos tontas —dice mirando a Kelsey de reojo—.
Te cambia la cara cuando Olena está delante, y ayer, cuando te dio el ataque de ansiedad, no hablabas como una hija que está descubriendo que su padre es el diablo, hablabas como una mujer que siente que han profanado lo más sagrado que tiene.
—Tiff, no...
—No pasa nada, no te estoy pidiendo explicaciones.
Lo entiendo, ¿vale? Olena es un encanto y una chica preciosa, tú te has volcado con ella desde el principio y el roce hace el cariño y toda esa mierda.
—Tiffany estira la mano para coger la de su hermana—.
Pero ahora vamos a meternos en algo que va a ser muy duro, y tú vas a estar viviendo con ella, viéndola a diario y engordando esa ira que sientes.
Necesito asegurarme de que vas a poder con esto antes de que empecemos a tirar del hilo.
—Estaré bien, Tiff, por mí no te preocupes, aunque me sentiré mucho mejor con él en la cárcel.
—Entonces, ¿tú y Olena...?
La mirada de Piper parece congelarse.
—No —niega rotunda—, no ha pasado nada ni pasará jamás —Piper habla más rápido, como si necesitara soltarlo todo de golpe antes de arrepentirse—.
Me gusta, me gusta mucho y creo que me estoy enamorando de ella.
—Los ojos le empiezan a brillar—. Pero no va a pasar nada.
Olena es la mujer a la que nuestro padre agredió.
Estuvo con él, aunque ella no quisiera, estuvo ahí en...
Se le quiebra la voz y se levanta, poniéndose la mano en la frente.
—No puedo mirarla sin acordarme de eso, ¿cómo voy a hacer nada con ella sabiendo lo que sé? No se me ocurre nada más retorcido.
Tiffany se está mordiendo el labio porque solo quiere gritar y llorar de pura frustración cuando comprende que su padre ha destruido a Piper de dos maneras diferentes.
—Estaré bien —sigue la doctora—. Voy a cuidar de Nazar porque es mi hermano y lo quiero, y voy a ayudar a Olena porque eso es lo correcto, igual que hacer lo necesario para que papá pague por todo lo que le ha hecho...
a ella y a quien sea, pero ella y yo, eso simplemente no puede suceder, está prohibido.
—Te entiendo, Pi, es... ni siquiera puedo pensar en cómo debes sentirte, pero tú no eres él y no es justo que entierres tus sentimientos por eso.
—No quiero hablar más de esto, Tiff, no es negociable. El martes te paso a recoger a las ocho y media, así aprovecho y te traigo a Nazar para que no tengas que ir a buscarlo —le dice a Kelsey.
—Claro, eso sería genial.
—Bien, pues me voy a casa, necesito tumbarme un rato y descansar, esta noche apenas he pegado ojo.
—Oye, Piper —dice Kelsey levantándose—. Ayer le comenté a Tiffany que a ambas os iría bien hablar de esto con un terapeuta, y creo que tú lo necesitas más que ella, deberías planteártelo.
Piper se queda muy quieta y niega con la cabeza.
—Tal vez más adelante, ahora no podría hablar de esto con ningún desconocido.
—Por supuesto, solo cuando estés lista.
La doctora asiente y se despide de ambas, y cuando la puerta se cierra, Tiffany y Kelsey se quedan en silencio hasta que escuchan que el ascensor se pone en marcha.
—Esto va a acabar con ella, Kels, ese maldito hijo de puta la está destrozando —dice, hundiendo la cabeza entre las manos.
—Piper es fuerte, Tiff, solo necesita tiempo para procesarlo, ahora mismo se le está mezclando todo, pero saldrá de esta, te lo prometo, nosotras estaremos ahí para todo lo que haga falta.