Capítulo 6 #2
—Oh, vaya, muchas gracias —sonríe la cumpleañera cuando le entregan dos bolsas de regalo. Uno de ellos con el logo de una famosa joyería de la ciudad—. No nos quedemos aquí, vamos a unirnos a los otros invitados.
El grupo camina hacia el patio trasero, pasando por el salón en el que se encuentran a dos amigos de sus padres y se saludan con cortesía.
Hay un poco de barullo cuando llegan al fondo y unas treinta personas repartidas por el espacio que su madre ha preparado para la ocasión.
Hay mesas con canapés, bebidas y hasta una pequeña fuente de chocolate.
Hay camareros y suficiente personal como para que nadie tenga que preocuparse por algo más que no sea disfrutar.
—Hijas —la voz de Lucas Dalton emerge desde una esquina y ambas mujeres la sienten como la picadura de cien avispas africanas en el pecho—. Os echaba tanto de menos.
Lucas se acerca con los brazos abiertos y esa sonrisa cálida que a todo el mundo gusta.
Parece más mayor, tiene más canas y las arrugas alrededor de los ojos están algo más profundas.
Tiffany y Piper sienten el abrazo de su padre, cómo el hombre las estrecha contra él.
Las arcadas de la mayor de las dos son casi imposibles de contener.
—Lucas, cuánto tiempo sin verte —Jake le da un par de palmadas en la espalda y el hombre suelta a sus hijas para saludar a su viejo amigo.
Casi de forma automática, las hermanas dan un paso atrás y Kelsey entrelaza de inmediato la mano con la de su chica.
—Tranquila, Tiff —le susurra al oído y levanta la mirada para observar a la doctora, que está completamente pálida—. Llévate a tu hermana a coger algo de beber, creo que va a desmayarse en cualquier momento. Yo me quedo aquí.
Asiente como un autómata y tira de Piper para alejarla de su padre.
—Respira —le pide Tiffany.
—Joder —es lo que le contesta—. No puedo estar cerca de él. No puedo, Tiff.
—Tenemos que hacerlo por mamá —se detiene, sirve dos copas de vino blanco y se mueven hasta una esquina tranquila del patio—. Sé que es difícil, pero...
—¿Difícil? —Piper bufa y después se bebe la copa de vino del tirón—. Nuestro padre es un jodido violador y tenemos que sonreírle como si no supiéramos nada. Ha abusado de Olena, él... —se pinza la nariz con fuerza—, ha puesto sus sucias manos sobre ella y yo solo quiero matarlo.
Tiffany levanta las cejas y sus ojos se abren desorbitados. No había visto así a Piper jamás, con tanto odio en su voz, con la mirada envuelta en ira.
—Imagínate que se lo haya hecho a Kelsey —Piper lo suelta y niega con la cabeza—, joder, sé que no es lo mismo y perdona por meter esa imagen en tu cabeza, pero ver a Olena cada día, a Nazar y saber que nuestro padre ha sido capaz de golpearla y luego obligarla a hacer...
esas cosas. Me destroza y me llena de furia.
Tiffany traga saliva, el ejemplo ha sido horrible, pero concuerda con Piper, si Lucas Dalton hubiera abusado de su chica, ella no quisiera matarlo, lo haría directamente.
—Por favor, atención —dice un hombre trajeado de sonrisa amplia mientras golpea su copa con una cuchara—. Vamos a hacer un brindis por la cumpleañera, por una mujer maravillosa con la que llevo años haciendo negocios y que cada vez parece estar más joven. ¡Por Selene!
Todos los invitados levantan sus copas y sonríen a Selene que está al lado de su marido.
—Vamos, tenemos que estar con ella, es su día —esta vez es Piper quien lo propone y Tiffany la sigue.
La tarde pasa entre risas, charlas y música.
La gente lo está pasando bien, eso se nota, y Selene está contenta.
Piper se encuentra en el punto contrario, cada minuto que pasa se siente más asfixiada sobre todo porque desde hace una hora, ha seguido a su padre con la mirada y le cuesta creer que ese hombre de aspecto afable no sea más que un violador.
Lo ve sonreírle a los invitados, contar chistes o incluso hacer el tonto.
La gente lo mira embelesada y Piper solo puede recordar al hombre que la crio, que aunque estaba siempre muy ocupado sacaba tiempo para estar con sus hijas, llevarlas al colegio y celebrar cada logro, como cuando se graduó de médica y Lucas la invitó a un hotel de cinco estrellas en Las Bahamas en el que pasaron tres días increíbles.
Ahora ese bonito recuerdo se ve empañado por la duda de que si su padre pudo haber atacado a alguien mientras estaban allí.
—Hija, vamos a tomarnos la foto familiar antes de que sea más tarde —Selene se la lleva al centro del patio donde un fotógrafo espera configurando su cámara—. Primero los cuatro y después que se una Kelsey y Jake.
El flash le molesta a Piper y cada disparo de la cámara se siente como una sacudida.
Todos muestran su mejor sonrisa y ella de verdad lo intenta.
Todo va bien hasta que Lucas cambia de posición y se coloca en el medio de las dos hermanas.
Pasa los brazos por encima de sus hombros y las pega a su cuerpo.
La bilis le sube a la doctora por la garganta y antes de que pueda vomitar en medio de la celebración, se libera de las que considera unas garras y corre hacia el interior de la casa.
Escucha voces llamándola, pero ella no se detiene.
Sube las escaleras y entra a la habitación que ocupaba cuando vivía allí.
Por suerte controla las arcadas y se sienta en la cama antes de que sus piernas cedan.
Todo empieza a darle vueltas, los dedos de las manos se le duermen y el corazón le late demasiado rápido.
Está teniendo un ataque de ansiedad, lo reconoce de inmediato y justo cuando siente que está a punto de morirse, la puerta se abre y su hermana se acerca a ella.
—¿Qué te pasa? —pregunta preocupada—. ¿Necesitas que llame a emergencias?
Piper traga como puede y niega con la cabeza.
—Es ansiedad, se me pasará —contesta mientras la mano de Tiffany se aferra a la de ella.
—Mamá está por aparecer, ya lo sabes y...
—¿Qué pasa? —Selene entra con una voz atronadora—. Y no me digáis que nada, porque lleváis mucho tiempo comportándoos de forma extraña.
Tiffany levanta la mirada y toma el control de la situación.
—Tiene mucho estrés, han estado pasando algunas cosas en la residencia y apenas está descansando —miente como una profesional—. Hoy ha estado todo el día con dolor de cabeza y náuseas, pero era tu cumpleaños y no quería perdérselo.
Parece que a Selene la explicación le parece coherente y se acerca a su hija mientras le acaricia la espalda.
—¿Por qué no te vas a casa a descansar? —pregunta con cariño—. Preferiría que estuvieras aquí en tu habitación, pero con el ruido no vas a poder dormir.
A Piper se le llenan los ojos de lágrimas y se muerde los labios para no llorar.
—Venga, te llevo —dice Tiffany—. Le diré a Kelsey que nos siga en nuestro coche hasta tu casa y nos vamos a la nuestra desde allí.
A la doctora solo le apetece gritar, se siente tan mal que cree que en cualquier momento su cuerpo va a colapsar, pero necesita irse de allí. Huir.
—Sí, será lo mejor —dice con la voz pastosa—. Lo siento, mamá, espero que sigas disfrutando de tu día. Despídeme de... todos.
Selene le besa la frente a su hija como cuando era una niña y tenía fiebre.
—No te preocupes, en un par de horas todo el mundo estará en casa. Llámame mañana.
Piper asiente y se levanta con la ayuda de su hermana, deseando en ese instante tener un transportador que la lleve directamente a su casa, a esas cuatro paredes donde está la mujer que está haciendo que su corazón se mantenga acelerado.