Nosotras bajo la luna (Romances prohibidos 3) Capítulo 6
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Capítulo 6

E l día para Piper Dalton está siendo una completa desgracia.

Desde que ha puesto los pies en el suelo esa mañana al salir de la cama todo ha ido bastante mal.

Se ha dado un golpe en la rodilla con la mesilla de noche, por alguna razón el agua caliente ha decidido subir su temperatura de golpe y asarle la espalda, el café que se preparó sabía rancio y dos abuelos de la residencia se han peleado por unas gachas de avena.

—El camión está en un atasco y no llegará antes de la hora de comer —le informa Nadia, una de las administrativas de Monterey House, refiriéndose a la empresa de catering que les sirve provisiones dos veces a la semana.

Piper apoya los codos en su escritorio y hunde la cabeza entre sus manos a la vez que suelta un suspiro nervioso.

—¿Saldrá algo bien hoy? —le pregunta a la nada porque la pobre administrativa no sabe qué responder a eso exactamente.

—No se preocupe, doctora Dalton, las chicas del comedor siempre tienen una reserva por si algo así ocurre —Piper levanta la mirada y una sonrisa pequeña se le forma en los labios. No todo está perdido—. A no ser que ya la hayan gastado. Mejor voy a comprobarlo.

Nadia sale a paso rápido del despacho de la jefa y Piper se queda sentada con gesto horrorizado. Lo único que le falta es que los familiares de sus pacientes la demanden por no darles de comer.

Comprueba la hora en su reloj y, en un día normal, los minutos hubieran pasado con una lentitud casi agobiante, pero hoy todo va demasiado deprisa haciendo que se acerque el inevitable momento en el que tenga que ir a casa de sus padres para la dichosa celebración del cumpleaños de Selene Dalton.

—Mierda —farfulla mientras coge el móvil y busca el número de su hermana.

Al tercer tono, Tiffany le contesta con una voz tan apagada como la que debe tener ella.

—Hola —responde la menor de las hermanas.

—Dime, por favor, que has comprado el regalo para mamá —se lo pregunta, cerrando los ojos con gesto dramático.

—Kelsey se ha encargado, no te preocupes. Yo lo había olvidado también.

Piper suelta todo el aire contenido. Ya están actuando lo suficientemente raro como para presentarse también en la casa familiar con las manos vacías.

—Bendita sea Kelsey —suelta y ambas se ríen, relajándose un poco—. Dile que le debo una buena botella de vino.

—Que sean dos. —Se escucha la voz de su cuñada del otro lado de la línea.

—Hecho —sonríe Piper, pero de inmediato, su gesto vuelve a ensombrecerse—. Nos vemos luego.

—Claro —la voz de Tiffany se oye como si se hubiera metido en un túnel.

Cuando la llamada finaliza, Piper se recuesta en su silla con un cansancio poco habitual.

Debería sentirse enérgica, estar preparando todo para la cena de esa noche —la que celebran cada semana las cuatro mujeres junto a Nazar— y cerrando la semana en la residencia.

Hoy, sin embargo, ha llegado el día del que ha estado huyendo porque volver a ver a Lucas, ese hombre que por lo visto no es tan bueno como ella creía, no solo la hace sentir vacía y rota, sino que hay una mezcla de asco y rabia que no puede controlar.

Piper lleva días sumergida en una espiral de pensamientos que no sabe realmente cómo afrontar.

Por un lado, está su moralidad, y aunque se trate de su padre, no ha dudado en ningún momento en hacer lo necesario para que pague por lo que ha hecho.

Ya cometió un error aquella vez con esa chica a la que le pagó veinte mil dólares por su silencio porque tenía la certeza de que ella mentía, el buen hombre que la crio era incapaz de hacer tal monstruosidad.

Luego están sus sentimientos, los que hacen que su cabeza gire como si fuera un tiovivo en una feria.

Tiene una necesidad acuciante de acercarse a Olena, las ganas de besarla cada vez son más intensas y no sabe cuánto tiempo podrá frenar esta sensación, pero a la vez, cuando ve a la ucraniana, algo se le revuelve en el estómago y entonces Piper Dalton se vuelve roja por dentro y Lucas ya no es su padre, es un hijo de puta al que ella quiere ver morir.

Cuando su cerebro le manda esos pensamientos, se rompe entera y, como le está ocurriendo en ese instante, las lágrimas brotan como si sus ojos fueran manantiales.

—Joder —alza la voz y se limpia el agua de la cara con rabia.

Decide que necesita irse, no puede concentrarse en el trabajo y le parece una pérdida de tiempo estar ahí mirando la pared blanca de su despacho.

Cuando llega a su casa, el silencio la hace suspirar, necesita estar sola durante un rato y, aunque sabe que Olena no tardará en llegar, para Piper es suficiente tiempo para despejarse.

Sube hasta su habitación y abre su armario para sacar el vestido que ha elegido para ese día.

No lo ha pensado demasiado, solo se ha decantado por algo que le ha parecido adecuado para la celebración y que vaya bien con el tiempo de mediados de verano en California.

También elige unos zapatos de tacón bajo, un collar con pendientes a juego y un bolso pequeño para llevar el carnet de conducir, las llaves y el móvil.

Cuando piensa que lo tiene todo preparado, decide darse una ducha y bajar a la cocina para hacerse un café además de sacar del congelador algunas de las comidas que ya tiene preparadas, aunque tenga el estómago cerrado.

Media hora después, la doctora Dalton está en la cocina sentada en uno de los taburetes con la mirada fija en su taza cuando escucha unos pasos acercarse a ella que la sobresaltan.

—Hola —saluda Olena, y la respuesta de Piper es dar un respingo que hace que el líquido negro manche la isla de la cocina—. Perdona, pensé que habías oído la puerta.

La ucraniana se mueve con rapidez por el espacio y en unos segundos, está pasando un paño por la superficie, eliminando cualquier rastro de lo que acaba de pasar.

—Estaba distraída. —Es la respuesta monocorde de Piper, que sigue mirando la taza como si allí se encontraran todas las respuestas a sus desgracias.

—¿Estás bien?

La voz suave de Olena hace que el pecho de la doctora se contraiga y, aunque no le gusta hablar del tema, la mujer es la protagonista de toda esta novela horrible que está viviendo y no tiene ganas de ocultarle lo que siente en ese momento.

—La verdad es que no —Piper cierra los ojos un segundo y siente cómo la ucraniana se acerca a ella—. Hoy tenemos que ir a casa por el cumpleaños de mi madre y... ya sabes, tenemos que ver a...

Corta la última frase, decir «mi padre» en voz alta es el equivalente a sentir el dolor de un potente ácido en la lengua.

—Lo sé. —Olena se atreve y pasa sus dedos por la espalda de Piper. Luego se retira y se sienta frente a ella—. Lamento que todo esto esté pasando.

—Tú no tienes la culpa, aquí la víctima eres tú.

Olena la observa antes de contestar, nota la expresión compungida, el dolor evidente y desearía tener un poder que haga que Piper dejara de sufrir.

—Si no te hubiera buscado, no sabrías nada de esto —hace un mohín con los labios—. Así que algo tengo que ver.

Hay un corto duelo de miradas en el que ninguna de las dos pestañea. No hay rivalidad en él, todo lo contrario, un apoyo mutuo que ninguna de las dos había esperado el día que Olena apareció en la puerta de Piper.

La ucraniana es la primera en desviar la mirada, su corazón ha empezado a hacer cosas poco soportables así que clava sus ojos azules en la taza de café de la otra mujer.

—¿Qué te parece si cambiamos esto por una tila? —señala el líquido oscuro y se pone de pie.

Piper asiente, todavía mareada por la intensidad de sensaciones que experimenta al lado de esta mujer.

Olena calienta el agua, coge una taza limpia y prepara la infusión.

—¿Estarás bien? —pregunta una vez le ha dejado la bebida sobre el mármol.

Piper abre la boca y durante un momento no tiene muy claro qué contestar. Luego parpadea y habla.

—Sí, no te preocupes.

Olena mueve la cabeza y sonríe.

—Vale, voy a ducharme. He quedado con el padre de Kelsey para dar un paseo con Nazar —la ucraniana comprueba la hora—. Se ha quedado con él porque las chicas han estado muy ocupadas.

—Jake le ha cogido mucho cariño, es muy fácil quererlo.

Como a ti . Es lo que viene de inmediato a la mente de Olena.

—Cuando vuelvas estaremos aquí esperándote.

Y esas palabras concretas, dichas con el tono de voz bajo y el brillo de los ojos azules de la ucraniana, hacen que Piper lo único que desee sea regresar esa noche del cumpleaños de su madre.

***

—¿Lista? —pregunta Tiffany cuando se encuentra con su hermana en la verja que da acceso a la casa de sus padres.

Las Dalton se miran como si en vez de a una celebración, estuvieran a punto de entrar a una cacería de cachorros. Detrás de ella, Kelsey y su padre conversan en voz baja.

—Cuando pueda, te contaré lo que pasa, ¿vale?, pero ahora necesito que mantengas a Lucas lo más alejado de sus hijas —Jake va asintiendo mientras su hija habla—. ¿Puedes hacerlo?

—Claro —le pone una mano en el hombro—. Sé que lo que está ocurriendo es delicado, hija, y no necesito saber qué es si no puedes contármelo. Haré lo que me pides sin preguntas.

Kelsey le sonríe a su padre, agradecida porque se preste a ayudar.

Pensó en traerlo porque conocía a los Dalton de toda la vida, pero también para que Lucas siempre estuviera haciendo algo y no tuviera demasiado tiempo de estar cerca de las chicas.

Tiffany lo está pasando bastante mal al igual que Piper, no necesitan que su padre las convierta en el foco de la fiesta.

—Vamos —pide la doctora y presiona el timbre para anunciar que han llegado.

La puerta la abre Selene porque el trabajo de anfitriona siempre lo ha hecho muy bien y eso incluye recibir a todos los invitados personalmente.

—Feliz cumpleaños, mamá —Tiffany es la primera en abrazarla y besarle la mejilla—. Estás estupenda.

Selene sonríe, radiante mientras cambia de brazos hacia los de su hija mayor. Al saludo se le unen Kelsey y Jake, también colmándola de buenas palabras.