Nosotras bajo la luna (Romances prohibidos 3) Capítulo 5
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Capítulo 5

E s sábado por la mañana, el día que se celebra el cumpleaños de la madre de Tiffany y Piper, y Kelsey lleva todo el camino observando a su chica sin decir una palabra.

Se han levantado temprano con la intención de ir un par de horas al garaje para adelantar un poco de trabajo porque con el aumento de pedidos y las visitas a los locales, están desbordadas.

Primero se ha duchado Tiffany y después ella, y cuando ha salido del baño y ha ido a la cocina a por café, la menor de las hermanas Dalton estaba ahí, con las manos apoyadas en el mármol, un trapo en una de ellas y una taza de café esparcida por encima que chorreaba hacia el suelo entre sus pies.

Tenía la cabeza baja, como si supiera lo que tenía que hacer y su cerebro no enviara la orden.

—Tiff —dijo desde la puerta.

Silencio.

—Tiffany —Kelsey levantó un poco la voz y Tiffany se irguió de golpe y empezó a limpiar el desastre.

Y ahora están volviendo del garaje donde apenas han estado una hora porque Tiffany no daba pie con bola.

Mientras Kelsey embalaba pedidos, ella iba de un lado a otro con un papel impreso en la mano mientras buscaba y cogía las mezclas que necesitaba para cada encargo, pero más que una mujer que sabía lo que tenía que hacer, parecía una novata en su primer día, cogiendo esencias, leyendo y dejando los frascos otra vez en su sitio porque no era capaz de concentrarse en lo que tenía en las manos.

—Lo siento —dice Tiffany en el ascensor, mientras suben al apartamento—, con todo el trabajo que tenemos y yo comportándome como una inútil. No sé qué demonios tengo en la cabeza.

Las puertas se abren y van directas a su puerta.

Kelsey sí que lo sabe, no necesita que su chica diga ni una sola palabra para saber que lo que la tiene así es la idea de tener que ver a su padre, de pasar el día con él sabiendo lo que sabe y tener que fingir que todo va bien porque las hermanas todavía están decidiendo cómo abordar el tema, y desde que ellas se mudaron a California, lo han tenido un poco de lado.

Ellas necesitaban instalarse después de la mudanza, organizar el taller y habituarse a las nuevas circunstancias porque todo fue muy precipitado y hubo muchos cambios que obviamente no habían previsto, como la empresa de transporte para los envíos, la que ellas utilizaban en Chicago no tiene servicio en California, así que Kelsey estuvo casi una semana sin poder hacer gran cosa en el garaje porque se pasó los días negociando condiciones con varias de la zona hasta que al fin eligió una.

Lo mismo les pasó con el proveedor de cajas para los envíos, era un distribuidor local en Chicago que, a pesar de tener muy buenos precios, hacía que el envío a California aumentara tanto los costes por caja que dejó de ser rentable, y esto les ha pasado con muchas cosas, por lo que el primer mes fue una locura y el siguiente lo pasaron trabajando hasta la extenuación para ponerse al día con los pedidos, y ahora que lo tienen todo bajo control, están con el tema de los locales para la tienda física, que Kelsey no se imaginaba que sería tan difícil.

Así que las hermanas tuvieron una charla sobre el asunto y Piper le dijo que primero se instalaran y cuando no tuviera la cabeza en mil cosas a la vez, entonces se sentarían de verdad para pensar el siguiente paso.

Eso ha hecho que las semanas pasen con las dos hermanas visitando a su madre lo justo y solo cuando estaban seguras de que no estaba su padre, pero el cumpleaños de Selene Dalton es algo que no pueden evitar, y que su padre esté allí, tampoco.

Kelsey es muy consciente de cuánto afecta esto a su chica porque incluso ella está nerviosa. Les espera una comida familiar que va a estar llena de tensión y lo peor es que no sabe lo que puede hacer para ayudar a Tiffany a llevar esto mejor, y eso la frustra.

—No pasa nada, es normal que estés nerviosa, Tiff —Kelsey le pasa la mano por la espalda antes de introducir la llave en la cerradura—. ¿Quieres que te prepare una infusión?

—No, no me apetece.

Tiffany deja el móvil sobre la mesa, se queda mirando la madera unos segundos como si necesitara tiempo para decidir su siguiente movimiento y al fin se gira y se va por el pasillo hasta la habitación.

Kelsey la sigue y cuando entra la encuentra sentada a su lado de la cama, con las manos en las rodillas y la mirada fija en el armario.

—¿Y si le decimos que te encuentras mal? Puedo llamar a tu madre, sabes que me creerá, y yo voy en tu lugar para no dejar a tu hermana sola.

—Me encantaría decirte que sí —dice con una sonrisa amarga—, pero no puedo hacerle eso a Piper. Solo necesito procesarlo —hace un gesto con la mano señalando su cabeza—, o prepararme mentalmente.

Kelsey la mira, ha tenido varios días para hacerlo y no lo ha logrado, así que no espera que lo consiga en las próximas tres horas.

—Cada vez que pienso en que va a abrazarme me dan arcadas, Kels —suelta, levantando la cabeza—. Es mi padre y se supone que…

—Eh… —Kelsey se agacha frente a ella y le coge las dos manos—.

Escúchame, es normal que te sientas así, si me hubiera pasado a mí, si mi padre hubiera hecho lo que ha hecho el tuyo, yo no sé, creo que me volvería loca.

Deberíamos buscar una terapeuta, Tiff, una profesional que te ayude a transitar por esto, porque todavía os queda lo peor por hacer y me empieza a preocupar mucho cómo puede afectarte.

—No sé si eso es buena idea, Kels, al menos por ahora.

—¿Por qué no?

—Porque tendría que explicarle que mi padre ha violado a dos mujeres y no sé exactamente a qué la obliga su ética profesional. Además, ¿qué pensará de mí si le digo lo que sé y que todavía no he tomado medidas?

Kelsey parpadea.

—Juzgarte no es su trabajo, es ayudarte, y no estáis haciendo nada mal, cariño.

Lo que habéis descubierto haría que le volara la cabeza a cualquiera, es normal que os toméis el tiempo necesario para hacer esto bien.

No hay ningún jodido manual que te prepare para gestionar que tu padre es un monstruo.

—Ya… En cualquier caso, prefiero dejarlo para más adelante. No es un no, creo que me vendrá bien, y a Piper, pero necesito estar lista para eso.

—De acuerdo. ¿Qué te parece si hablamos de otra cosa que te distraiga?

—¿Cómo qué?

—No sé —se hace la interesante, apoyándose en el armario con el hombro cuando se incorpora—. Como que Rick me envió un mensaje anoche, lo he visto esta mañana.

Las cejas de Tiffany se levantan y sus labios se estiran de inmediato porque desde que están aquí, siguen manteniendo el contacto con sus antiguos maridos, dos hombres que deberían estar destrozados porque sus mujeres los dejaran de repente, pero que parecen encantados con la idea de volver a estar solteros.

Mantienen con ellos algo parecido a una amistad, y ya sea uno u otro, suelen escribirles con preguntas sobre dónde están ciertas cosas en sus respectivas casas porque no tienen ni idea, les mandan fotos cuando se compran material nuevo de pesca o les cuentan cosas de sus fines de semana en la cabaña.

—¿Qué quería esta vez? No me digas que has tenido que explicarle de nuevo dónde están sus calzoncillos.

Kelsey suelta una carcajada.

—No. Me envió una foto con dos trajes idénticos, la única diferencia era el color de las camisas. Quería saber si esos tonos pegaban con las corbatas que habían elegido. Al parecer un proveedor amigo suyo se casa y los ha invitado a la boda.

—¿Y hacían juego con las camisas?

—Eran corbatas de cuadros blancos y negros, como si llevaran un tablero de damas colgado del cuello, Tiff.

Su chica suelta una carcajada.

—¿Y qué le has dicho?

—Estuve a punto de decir que sí —dice con una sonrisa maliciosa—, pero después le dije que se pusieran las pajaritas negras y quedó encantado.

Tiffany niega con la cabeza. Le tiene mucho cariño a su exmarido, pero es un jodido desastre, por lo que espera que encuentre a una buena mujer muy pronto porque no quiere saber con qué tipo de ropa se está vistiendo últimamente.

Se levanta y se acerca a su chica, que lleva una camisa blanca arremangada hasta los codos.

—A ti también te quedaría bien una pajarita —dice, pasándole el dedo por la garganta.

Kelsey traga saliva.

—¿Ah, sí?

—Ajá, solo la pajarita, sin nada más.

Kelsey la besa cuando se da cuenta de que sí que hay algo que puede hacer para distraer a su chica —eso y que el comentario la ha puesto como una moto—, y Tiffany parece estar encantada con la idea porque de inmediato sus manos se van a los botones de la camisa y empieza a desabrocharlos hasta que se le abre.

Kelsey le desabrocha el pantalón y se lo baja junto a las bragas, empujándola sobre la cama para terminar de quitárselo.

—No sabes lo sexy que estás así, con la camisa abierta y el pelo suelto —dice Tiffany, mirándola desde abajo.

—Pues siento privarte de esta visión tan encantadora, pero el pelo me molesta para lo que quiero y necesito hacer —dice Kelsey, sacándose una goma de la muñeca para hacerse una coleta.

—Así también estás jodidamente sexy —murmura Tiffany sin dejar de mirarla.

Su chica le sonríe y se inclina sobre ella para besarla mientras una de sus manos se cuela por debajo de su camiseta y le cubre un pecho un segundo antes de tirar de la copa del sujetador hacia abajo y apretarle el pezón entre los dedos.

Tiffany suelta un suspiro ronco y su cadera se eleva de inmediato en busca de presión o un poco de roce, pero lo que se encuentra es la mano de Kelsey, que desciende por su vientre y se mete entre sus piernas.

—Me encanta lo rápido que te mojas para mí —susurra contra su boca, y el vientre de Tiffany tiembla cuando la acaricia con toda la mano de forma suave, cubriendo todo su sexo antes de dejar que uno solo de sus dedos se deslice dentro de ella.

—Mete otro, Kels —jadea Tiffany, desesperada.

Kelsey lo saca y se lo lleva a la boca sin apartar la mirada. Se lo chupa lentamente y después se lo pasa por el labio inferior, dejándole un rastro de humedad que hace que Tiffany sienta una descarga que le baja desde la boca hasta la entrepierna.

—Eres deliciosa, y no sabes el hambre que tengo de ti.

Kelsey se desliza hacia atrás, se arrodilla en el suelo y se inclina hacia delante para devorarla.

Tiffany cierra los ojos y suelta un gemido de puro placer, agarrándose a las sábanas y arqueando la espalda conforme la lengua de Kelsey, que sabe muy bien todo lo que le gusta, la tortura de forma exquisita.

—Voy a correrme, Kels —susurra con la voz entrecortada al cabo de un momento.

La aludida sube la mano y le mete dos dedos sin dejar de usar la boca, y cuando los curva, el cuerpo de Tiffany convulsiona y se deshace contra su boca.

Kelsey no se detiene hasta que sus espasmos se calman, y entonces se incorpora y se tumba a su lado, apoyando la cabeza en el codo y la otra mano sobre el vientre de Tiffany, que todavía tiembla ligeramente.

—Gracias —susurra Tiffany.

—Ha sido un placer —el tono juguetón de Kelsey la hace reír.

—No sé qué haría sin ti.

—Ni yo sin ti, así que estamos igual —le da un beso en la frente y vuelve a su posición—. ¿Por qué no te das un baño relajante? Tenemos tiempo de sobra.

—Solo si te metes en la bañera conmigo.

—Si me meto contigo, se nos echará el tiempo encima y después estarás nerviosa porque llegamos tarde.

Le besa el cuello y se levanta, ofreciéndole la mano.