No le entregues el lápiz Capítulo 4 Amelie Rose
45%

Capítulo 4 Amelie Rose

Amelie nació a las treinta y siete semanas.Me indujeron.Entré el primero de febrero.Pasó el primero.Pasó el segundo.Y Amelie seguía dentro de mí.

Dolor.Ejercicios.Contracciones.Esperar.

No me permitieron comer durante aquellos días. Solamente agua.

Curiosamente, ni siquiera tenía hambre.El dolor ocupaba demasiado espacio.

Por una vez, mis glucosas tampoco estaban peleando conmigo.

El hospital controlaba mi insulina y mi azúcar.No estaba alta.No estaba baja.

Mi diabetes, que había encontrado la manera de acompañarme y complicarme tantas etapas de mi vida, estaba tranquila.

Mi cuerpo estaba listo para recibir a mi hija.Yo no sabía si mi mente lo estaba.

Cerca de las once de la noche finalmente recibí la epidural.

Dormí.A las tres de la mañana comenzaron los dolores.

Y desde aproximadamente las tres hasta las 7:50 de la mañana estuve en labor activo.

Pujaba.Me quedaba dormida entre contracciones.Despertaba.Volvía a pujar.Mi mamá estaba conmigo.También estaba el papá de Amelie.

A pesar de todo lo que había ocurrido, decidí permitirle ver nacer a su primera hija.Entre el agotamiento y el dolor hubo momentos en los que genuinamente me pregunté:

¿Vamos a lograrlo?No yo.Nosotras.¿Vamos a salir las dos de esto?Entonces Amelie se quedó atrapada.Un minuto.Shoulder dystocia.Sesenta segundos pueden parecer nada.Hasta que tu bebé está atrapado durante ellos.

La bebé que supuestamente pesaba seis libras y cinco onzas no pesaba seis libras y cinco onzas.

Cuando finalmente nació, pesó:8 libras, 10 onzas.Salió moradita.No lloraba.Estaba flácida.Su papá ni siquiera pudo cortar el cordón umbilical. Yo estaba casi ida.Tenía oxígeno.

Estaba agotada y perdida intentando entender qué estaba pasando alrededor de mí.Después de meses revisando mi ropa interior buscando sangre.

Después de ultrasonidos.Después de citas de alto riesgo.Después de abandonar la universidad.Después de vómitos.Después de una separación.Después de números.

Después de aquel 300 que me llevó voluntariamente al hospital.

Había llegado hasta aquí.Y mi hija no estaba llorando.Entonces la escuché.Amelie lloró.La atendieron.La pesaron.Y finalmente la pusieron sobre mi pecho.Ahí estaba.La niña más hermosa que mis ojos habían visto.

Durante unos segundos desapareció todo.La diabetes.El abandono.Las citas.El miedo.Los vómitos.El dolor.Las agujas.Los números.Mi mamá estaba ahí.

Mi papá estaba pendiente a través de un teléfono, preparándose para viajar desde Pennsylvania hasta Florida para estar al día siguiente con la niña de sus ojos y conocer a aquella princesita sorprendentemente pesada.

Yo había entrado a aquel parto pensando, por momentos, que el mejor día de mi vida podía convertirse en el peor.

Pero allí estaba ella.Respirando.Sobre mí.Amelie todavía necesitó atención.

Nació con la glucosa baja, así que estuvieron pendientes de sus azúcares.También desarrolló hiperbilirrubinemia y necesitó fototerapia durante veinticuatro horas.Por primera vez yo estaba viendo a otra persona ser pinchada y vigilada.

Pero esta vez no era la niña.Era la mamá mirando.Y entonces entendí algo.

Durante años hubo momentos en los que sentí que no quería continuar.

Años de depresión.Ansiedad.Personas que se fueron.Amistades que terminaron.Un cuerpo que me agotaba.Una enfermedad que nunca se callaba.Pero cuando miré a mi hija, algo dentro de mí cambió. Entendí que de esto se trataba mi vida.Ella.Yo.

Y aquella diabetes que ahora tenía una razón nueva para aprender a manejar.

Quería durarle veinte mil años.Antes de Amelie, mi diabetes podía quedar de última.

Lo había hecho muchas veces.Primero el party.Primero mis amigas.Primero el novio.Primero sentirme normal.Primero ser feliz.Después bregaba con el número.La maternidad invirtió esa lista.Ahora mi diabetes tenía que quedar primera.No porque de repente la amara.

No porque mágicamente me convirtiera en la paciente perfecta.No porque nunca más fuera a tener un A1C alto. Tenía que quedar primera porque finalmente entendí algo:

para que bebé esté bien, mamá tiene que estar mejor. Cuidarme a mí también era cuidar a mi hija.Mi salud era maternidad.Mi insulina era maternidad.Mis citas eran maternidad.Comer era maternidad.Descansar era maternidad.Atender mi salud mental era maternidad.Mantenerme viva era maternidad.

Cuando Amelie tenía aproximadamente tres meses finalmente llegó mi Tandem t:slim X2.Me enamoré.Después de tantos años de agujas constantes, ahora podía cambiar mi site cada tres días.Podía dormir con otra tranquilidad.La tecnología podía ayudarme a responder cuando mi glucosa subía.

Mi bebé dormía.Y mamá también podía dormir un poco mejor. No había conseguido controlar la vida.Había conseguido ayuda para vivirla.

Y quizás esa sea una de las lecciones más importantes que me ha dado tanto la diabetes como la maternidad:

no tengo que controlarlo todo.La maternidad no es perfecta.La diabetes tampoco.Hay días buenos.Hay días horribles.Hay números que celebramos.Hay números que nos hacen llorar.Hay momentos en que tengo paciencia.Hay momentos en que estoy drenada.

Así que aprendí a reducir la vida a algo que pudiera manejar.

Un día a la vez.Una azúcar a la vez.Un carbohidrato a la vez.No siempre voy a tener control.No siempre voy a tener una mentalidad positiva.

Pero llevo demasiados años sobreviviendo, aprendiendo, llorando y suplicando para creer ahora que rendirme es una opción.

La diabetes no puede definirme.La depresión no puede definirme.La ansiedad no puede definirme.Mi tiroides no puede definirme.Soy más que números.Más que pensamientos.Más que lágrimas.Más que pinchazos en las puntas de mis dedos. Soy Karla Nicolle Negrón Flores.

Soy aquella niña diagnosticada con diabetes tipo 1 a los ocho o nueve años.Soy la adolescente que puso su diabetes de última porque solamente quería sentirse normal.Soy la mujer que aprendió que no puede controlar absolutamente todo.

Soy la mamá agotada.Soy la mamá diabética.Soy la mujer que ha sufrido.Soy la amiga que alguna vez se sintió menos importante. Soy también la amiga que ama con todo lo que tiene. Soy quien tú creas que soy.Pero, sobre todo, soy quien yo sé que soy.

Una mujer que ha crecido, amado, perdido, aprendido y vivido dentro de un cuerpo con una enfermedad autoinmune.Una mujer que ha conocido la depresión y la ansiedad.

Una mujer que está aprendiendo a ser mamá de la manera más amorosa que sabe.

No tengo todo bajo control.Ya no necesito tenerlo.Tengo a Amelie.Me tengo a mí.

Y mañana, cuando vuelva a sonar una alarma, volveré a intentarlo.