Capítulo 5 Veintinueve
Una mañana decidí descansar con mi niña.Eso era todo.Necesitaba un respiro.
Acababa de tomar una decisión difícil: terminar definitivamente mi relación amorosa con el papá de Amelie.
Durante años había puesto muchísimas cosas antes que a mí.
Había puesto amistades primero.Novios primero.Diversión primero.
Había puesto hasta mi deseo de sentirme normal antes que mi diabetes.Después nació Amelie y ella pasó a ocupar el centro de todo.
Pero aquella mañana no puse primero la diabetes. Tampoco puse primero a Amelie.
Por primera vez en diecinueve años decidí ponerme a mí primero.
Quería dormir.Me acosté con mi bebé.Y no desperté.
Esta parte de mi historia no puedo contarla desde mis propios recuerdos.
Porque yo no estaba ahí.Mi cuerpo sí.Yo no.Así que esta parte pertenece a los recuerdos de mi mamá. Amelie comenzó a llorar.Tenía apenas un mes.
Mi mamá escuchó el llanto y algo comenzó a parecerle extraño.
Yo no salía del cuarto.No me levantaba a prepararle su botella.No respondía.Así que entró.Y encontró a sus dos niñas.Una llorando.Y la otra completamente ida.Yo estaba acostada con los ojos abiertos.Blancos.Mi cuerpo estaba rígido.No reaccionaba.No hablaba.
Mi mamá estaba viendo a su hija, pero su hija no estaba respondiendo.
Buscó el glucómetro.Me chequeó.29.Veintinueve.¿Cómo que 29?
Durante todos aquellos años de diabetes nunca habíamos visto un número así.
¿Cuánto tiempo llevaba así?¿Cuánto más podía bajar?¿Cuánto tiempo tenía Karla antes de no despertar? ¿Esto era todo?¿Después de absolutamente todo, así terminaba?
¿Con una bebé de un mes llorando en otro lado mientras su mamá no podía levantarse?
No.Imposible.Me montaron en un carro.Me llevaron a emergencias.Glucosa por vena.Y en algún momento regresé.Abrí los ojos.¿Qué pasó?¿Dónde estoy?¿Dónde está mi bebé?
Es extraño despertar por segunda vez en tu vida y descubrir que la diabetes hizo algo mientras tú no estabas consciente para verlo.
La primera vez era una niña.Me montaron en un carro.Mi memoria desapareció.Desperté en un hospital.Y ya era diabética tipo 1.
Esta vez era mamá.Otra vez hubo un carro.Otra vez mi memoria desapareció.Otra vez desperté en un hospital.Solo que ahora mi primera preocupación no era yo.
¿Dónde está mi hija?¿Qué hice mal?Todo estaba bien.Sí, tenía el corazón roto.
¿Y qué?A esas alturas ya sabía sobrevivir a un corazón roto.
Pero esto era diferente.Yo se suponía que estuviera en mi casa.Con mi bebé.Se suponía que estuviéramos juntas.Ella y yo.Así era como lo quería.
¿Cuántos días faltaban para volver con ella?
¿Dos?¿Tres?¿Por qué la diabetes volvía a joder mis planes?
¿Por qué no podía simplemente ser normal?
¿Por qué también quería tener control sobre mi maternidad?Durante años le había permitido entrar en casi todos los espacios de mi vida.
En mi escuela.En mis amistades.En mis fiestas.En mis relaciones.En mi comida.En mis dedos.En mis noches.En mis hospitales.En mi embarazo.Ahora también quería entrar aquí.¿Con qué permiso?Tienes acceso a mi cuerpo desde que tengo memoria.
¿También quieres decidir cuánto tiempo puedo ser mamá?
No.Eso no.Se supone que yo esté aquí para disfrutar a mi hija.
Por siempre y para siempre.Ella y yo.Junto al dolor.Junto a la diabetes.Juntas hasta que Dios lo permita.No hasta que lo permita la diabetes.Cinco días después volví a casa.Y ahí estaba ella.El amor de mi vida.Mi niña preciosa.Mi gordita.La niña de ojos bonitos y sonrisa preciosa.Amelie.Solamente ella y yo en esta vida y en la que sigue.
La persona que, sin saber hablar todavía, acababa de darme el título más importante que he tenido.
Porque para ella yo no era diabética.No era un A1C.No era una glucosa de 29.No era aquella niña a la que llamaron gorda.No era la amiga que podían dejar para último. No era la fea.No era la que tenía que ir a la enfermería.No era la paciente difícil.
No era ninguna de las cosas que alguna vez utilizaron para describirme ni ninguna de las cosas que alguna vez utilicé para describirme a mí misma.
Para ella yo era una sola cosa.Mamá.Lo único que ella conocía de mí.Mamá.Amelie nunca fue una bebé difícil.Dormía toda la noche.Nunca tuvimos grandes problemas con su leche.
Y yo tampoco vi venir la depresión posparto.
¿Cómo iba a verla?¿Con qué tiempo?Tenía una bebé que cuidar.Tenía diabetes.Tenía un futuro que resolver.Tenía un corazón que intentar reconstruir.
Y tenía una cabeza suficientemente ocupada como para pensar que mientras siguiera moviéndome, todo estaba bien.
Una cabeza ocupada no siempre piensa.A veces solamente funciona.Biberón.Pañal.Insulina.Dexcom.Dormir.Despertar.Biberón.Azúcar.Pañal.Insulina.Repetir.No había espacio para preguntarme:Karla, ¿cómo estás?Había cosas que hacer.Así que las hacía.
Después de convertirme en mamá, conocí otro nivel de agotamiento.
Ya no era solamente diabetes.Era diabetes y Amelie.Diabetes y mi futuro.Diabetes y dinero.Diabetes y decisiones.Diabetes y maternidad.
Antes podía tirarme a llorar y pensar que mañana resolvería.
Ahora sentía que tenía que hacer algo.Algo de verdad.Porque mis decisiones ya no terminaban en mí.
Seis meses después de que nació Amelie, hice exactamente eso.
Me puse a estudiar.Y a trabajar.
Mis días empezaban aproximadamente a las seis de la mañana y terminaban cerca de las once de la noche.
Trabajaba ocho horas.Cinco días a la semana.Salía temprano.Trabajaba.Después estudiaba.Llegaba a mi casa alrededor de las once.Amelie ya estaba dormida.Yo comía.Me bañaba.Dormía.Y al día siguiente lo volvía a hacer.Durante cinco días.Una y otra vez.Sacrifiqué tiempo con mi hija.Y eso duele admitirlo.
Porque una mamá siempre puede encontrar algo por lo cual sentirse culpable.Si trabaja demasiado, no estuvo suficiente.Si no trabaja, quizás siente que no está construyendo suficiente.
Si estudia, pierde horas.Si no estudia, se pregunta qué futuro está creando.
Yo escogí perder algunas horas entonces esperando ganar algo para nosotras después.Y la Karla que soy hoy mira hacia atrás y le da las gracias a aquella muchacha.
Gracias por levantarte a las cinco.Gracias por trabajar.Gracias por ir a estudiar cansada.Gracias por llegar a las once.Gracias por comer.Gracias por acordarte de la insulina.Gracias por dormir unas horas.Gracias por volver a hacerlo.
Gracias por no abandonar el futuro porque el presente dolía.
Hoy soy Medical Assistant y Scribe.Tengo mi Jeep Grand Cherokee 2020.Tengo lo que necesito.Mi hija tiene lo que necesita.Y todavía me faltan sueños.Muchísimos.Eso es lo bonito.No terminé.
Soy la muchacha que un día imaginó muchas de las cosas que hoy tiene.Y también soy la mujer que sigue imaginando lo próximo. Pero ninguna de esas cosas apareció porque después de convertirme en mamá mágicamente dejé de sufrir.
No ocurrió así.Yo pensaba que estaba sobreviviendo.Pensaba que mantenerme ocupada significaba estar bien.
Pensaba que no tener tiempo para derrumbarme significaba que no me estaba derrumbando.
Todavía no sabía que algunas cosas pueden esperar. La depresión puede esperar.La ansiedad puede esperar.El duelo puede esperar.El cuerpo puede aguantar.Hasta que un día deja de hacerlo.
Y mientras yo construía una vida para mi hija, había una parte de mí que todavía necesitaba que alguien preguntara:
¿Y quién está cuidando a mamá?