No le entregues el lápiz Capítulo 3 PREGNANT
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Capítulo 3 PREGNANT

Antes de quedar embarazada, por primera vez en mucho tiempo, mi vida se sentía tranquila.Tenía dieciocho años.

Hacía años que no tenía un DKA.Tantos, que casi había olvidado cómo se sentía.

Estaba en la universidad estudiando mi asociado en enfermería. También trabajaba en un restaurante. Vivía con mi mamá y finalmente estaba disfrutando esa libertad que durante tantos años había querido.

También estaba enamorada.Tenía un novio que me amaba, me cuidaba y estaba pendiente de mí. Mi familia lo quería.A mis dieciocho años, sentía que estaba viviendo una de las mejores etapas de mi vida.

Entonces me dio una migraña.Nunca había tenido una.

Días antes había estado con mi papá y mi madrastra en un lugar de comida y el olor de la comida me había provocado náuseas.

Migraña.Náuseas.Algo hizo click.

Le pedí a una amiga que me comprara una prueba de embarazo.El detalle gracioso es que ella tenía ocho meses de embarazo.

Fui a su casa.Me hice la prueba.Y apareció una cruz azul.Hay símbolos que pueden cambiar una vida completa. Aquella cruz fue uno.No podía creerlo.

Llamé a Inelis, mi mejor amiga de diez años. Temblando y riéndome, le enseñé la prueba.

Pero todavía necesitaba otra.Una digital.Esperamos.Y finalmente apareció una palabra.PREGNANT.Ahí fue diferente.Sentí que todo se nubló.El papá de mi bebé estaba conmigo.

Me abrazó. Me besó. En ese momento, su apoyo era todo lo que necesitaba.

Yo estaba embarazada.No estaba planeado.Fue un oops.Pero ahí estaba.

Una palabra en una pequeña pantalla acababa de dividir mi vida en dos:antes de saberlo y después.Fui al hospital porque necesitaba saber que todo estaba bien.Era demasiado temprano para ver algo.

La prueba de orina confirmó el embarazo, pero mi presión estaba alta.

Pasaron alrededor de treinta minutos diciéndome que tenía que tranquilizarme.

¿Tranquilizarme cómo?Mi mamá todavía no sabía.Yo estaba en la universidad.

Apenas había conseguido la libertad que siempre había querido.Durante toda mi vida alguien había estado pendiente de mí.Mi mamá sabía cuándo mi azúcar estaba alta sin preguntarme.

Me habían acompañado a enfermerías.Me habían cuidado durante hipoglucemias.

Había médicos, familiares y amigos que sabían que Karla necesitaba estar pendiente de Karla.Y ahora Karla iba a tener que estar pendiente de alguien más.

¿Cómo una persona que toda la vida había sido protegida y cuidada iba ahora a proteger y cuidar a otra?

Apenas estaba aprendiendo a manejar mi propia vida.

Todavía me daba pena llamar por teléfono para hacer mis propias citas.Algunas veces apenas podía controlar mis prioridades.

Y dentro de mí estaba empezando una vida que dependería completamente de mí.

Después llamé a Souliany, una de aquellas amigas de infancia que años atrás caminaba conmigo hasta la enfermería.

Le enseñé la prueba.No podía creerlo.

En ese mismo momento, el papá de mi bebé le dijo que sería su madrina.

Aceptó.Todavía ni sabíamos quién estaba ahí dentro.Pero ya tenía madrina.

Creo que no comprendí verdaderamente lo que significaba estar embarazada y tener diabetes tipo 1 hasta mi primera cita de alto riesgo.

Citas semanales.Ultrasonidos.Más vigilancia.Más números.Más razones para preocuparme.

Al principio mis glucosas no estaban afectando demasiado el embarazo y eso me permitió pensar que quizás no sería tan complicado.

Aun así, durante nueve meses desarrollé un ritual que probablemente nadie veía.

Miraba mi ropa interior.Todos los días.Buscaba sangre.Cualquier dolor me asustaba.

Cualquier sensación diferente me hacía pensar que algo podía estar mal.Había soñado durante años con ser mamá, especialmente con tener una niña.

Pero también había escuchado desde mucho antes que una diabetes descontrolada podía complicar un futuro embarazo.

Ahora ese futuro estaba ocurriendo.Las citas comenzaron a sentirse como otra carrera universitaria.

Y yo ya estaba estudiando una.Llegó un punto en que no podía con ambas cosas. La universidad.Alto riesgo.Diabetes.Embarazo.Miedo.Mi propia cabeza.

Así que tomé una de las decisiones más difíciles que había tomado hasta ese momento.

Dejé la universidad.No porque hubiera dejado de importarme.No porque hubiera dejado de tener metas.

Lo hice por mi salud mental y por el bebé que estaba creciendo dentro de mí.Mirándolo ahora, creo que esa fue una de mis primeras decisiones como mamá.

Antes de conocer a mi bebé, ya estaba escogiendo qué podía sacrificar para protegerlo.El 10 de agosto de 2021 tuve un ultrasonido que todavía puedo ver en mi cabeza.

Ella brincaba dentro de mí.La vi moverse.Y lloré.Hasta ese momento yo sabía que estaba embarazada.

Las pruebas lo habían dicho.Los médicos lo habían dicho.Mi cuerpo lo estaba diciendo.Pero verla fue diferente.Wow.

Verdaderamente estoy embarazada.Había alguien ahí.El 28 de agosto supimos que era niña.

Hicimos un gender reveal rodeados de amistades y familia.La niña que toda mi vida había querido estaba realmente ahí.

Su nombre llegó con ayuda de mi madrina Rebecca. Encontramos Amelie.

Y Rose vino de mi abuela Rosa, transformado del español al inglés.

Amelie Rose.Ya no era “el bebé”.Tenía nombre.

Durante gran parte del embarazo su crecimiento parecía normal.

Mi cuerpo, en cambio, se hizo pequeñito.Vomité muchísimo.Bajé de peso.Se me veía en la cara.

A los seis meses todavía tenía una barriga relativamente pequeña y me encantaba.

Me miraba al espejo.Me acariciaba la barriga.

Después de tantos años mirando mi cuerpo y encontrando cosas que criticar, durante el embarazo podía mirarlo y admirar lo que estaba haciendo.

Mi cuerpo diabético.El cuerpo al que tantas veces había culpado.El cuerpo que tantas veces sentí que me había fallado. Estaba creando a mi hija.El 22 de noviembre de 2021, el papá de Amelie me dejó. Estaba embarazada.

La persona que más quería tener a mi lado durante ese proceso terminó siendo la última en estarlo.No voy a convertir esa parte de mi historia en la historia de él.

Lo importante es quiénes sí estuvieron.Mi mamá.Mi familia.Las pocas amistades que permanecieron.Ellos me salvaron.Y no utilizo esa palabra a la ligera.No sé si estaría aquí sin ellos.Seguí embarazada.Seguí levantándome.Seguí cuidando mis números.Seguí viendo crecer aquella barriga.Seguí.

Porque ahora rendirme significaba algo completamente diferente.

Alrededor de las treinta y cuatro o treinta y cinco semanas ocurrió algo que finalmente me asustó de verdad.

Mi azúcar no quería bajar de 300.

Años atrás yo había podido mirar 501 y decirle a mis amigas 105 porque no quería que la diabetes arruinara mi noche.

Esta vez no.Esta vez había una niña dentro de mí.Y tuve miedo.Mucho miedo.Así que me llevé al hospital.Yo misma.No esperé a ver qué pasaba.No puse mi felicidad primero.No puse mis planes primero.No puse la diabetes de última.Fui.Y lloré.

Porque por primera vez aquel número no significaba solamente lo que podía pasarme a mí.

Significaba lo que yo temía que pudiera pasarle a ella. Me pusieron sueros.Entré al hospital con una barriga pequeña.Salí, prácticamente, con una barriga de nueve meses. El cambio fue tan absurdo que hasta ahora me da risa. Pero algo había cambiado.

En mi última evaluación de alto riesgo, alrededor de las treinta y cuatro semanas, Amelie había sido estimada en seis libras y cinco onzas.

Ese número quedó escrito.6 lb 5 oz.Todavía no sabíamos cuánto nos estábamos equivocando. Faltaban solamente unas semanas para conocerla.

Y faltaba muy poco para que yo entendiera algo que la Karla adolescente jamás había entendido:mi diabetes ya no podía quedar de última.Porque yo ya no estaba viviendo solamente para mí.