No abras la puerta Capítulo 25
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Capítulo 25

—Caja veintitrés —dijo, a modo de saludo—. De treinta y una. A las tres y diez de la madrugada.

Marta Ibarra los esperaba en la sala de reuniones del despacho, una habitación con estanterías de madera oscura llenas de tomos de jurisprudencia encuadernados en piel granate y una mesa ovalada en la que cabían doce personas.

La inspectora Beltrán ya estaba sentada a un lado, con la parka colgada en el respaldo de la silla, un café de máquina en un vaso de papel y su cuaderno de espiral abierto.

—Antes de empezar —dijo Marta, sin sentarse, mirando a Inés—. Anoche me escribió Nuria Soler.

Inés notó que se le encendía la cara.

—¿Qué te dijo?

—Que quería hablar conmigo. Que tú le habías dicho que mirara el membrete de un informe. —Marta se cruzó de brazos—. Te dije ni una palabra.

—Ya lo sé.

—¿Y?

Inés sostuvo la mirada.

—Y me preguntó por segunda vez si había algo.

Y es la abogada de una empresa que ha comprado un piso en ese edificio con un documento falso dentro del expediente.

Y Roberto le está diciendo a todo el mundo que Sara es una chantajista y que yo estoy trastornada.

—Hizo una pausa—. No le conté nada. Le dije dónde mirar.

Marta la miró durante unos segundos. Luego descruzó los brazos.

—Ha mirado. Y ha encontrado el logo. Y ha buscado en sus correos y ha encontrado otra cosa. —Se sentó a la cabecera—. Ya hablaremos de ella. Mateo, por favor.

Mateo dejó el archivador sobre la mesa y lo abrió.

No era un archivador ordenado como el de Fermín.

Era el archivador de un técnico con prisa, con los papeles metidos por fechas pero sin separadores, algunos con clips oxidados, otros doblados por la mitad, notas manuscritas en pósits amarillos que habían perdido el pegamento hacía años.

Mateo pasó las hojas con los dedos hasta encontrar un taco grapado y lo sacó.

Lo puso en el centro de la mesa.

En la esquina superior izquierda, un escudo azul sin línea. Debajo, en letras verdes, PREVENZIA ARAGÓN S.L. · Servicio de Prevención Ajeno .

Informe de visita a obra — Coordinación de actividades preventivas — N.º 2017/1143 — Fecha: 20/10/2017 — Obra: Renovación cuadro general y centralización de contadores, C/ Olmo, 17 — Técnico: Mateo Prieto.

Cuatro páginas, a una cara, en letra de ordenador pequeña y apretada, con apartados numerados. Y detrás, grapadas, otras tres hojas de papel fotográfico satinado, ya un poco curvado por los bordes, con dos fotos en cada una y un pie de foto escrito a mano debajo de cada imagen.

Sara se inclinó sobre la mesa. No tocó nada.

Inés buscó el apartado cuarto, porque Mateo le había dicho el domingo cómo eran sus informes y sabía dónde estaría.

4. Vías de evacuación. Se constata que la puerta de acceso al patio trasero, única salida alternativa a la del portal, se encuentra clausurada mediante cadena de acero y candado, cuya llave no está a disposición de los ocupantes.

Las vías de evacuación del inmueble NO se encuentran expeditas.

Se advierte verbalmente al administrador de la finca, D.

Roberto Mena, que manifiesta que la medida es temporal y que obedece a la protección del material de obra.

5. Protección contra incendios. Se constata que el sistema de evacuación de humos de la caja de escalera (exutorio) se encuentra desconectado en el cuadro provisional de obra, con el automático en posición de apagado y una indicación manuscrita de «NO TOCAR».

Según el electricista de la contrata, por indicación del administrador, debido a disparos intempestivos del detector por el polvo de la obra.

6. Conclusiones. La combinación de ambas circunstancias supone un riesgo grave para la evacuación de los ocupantes del inmueble en caso de emergencia.

Se requiere: (a) retirada inmediata del cierre con cadena y sustitución, en su caso, por sistema de apertura desde el interior sin llave; (b) reconexión inmediata del sistema de evacuación de humos y protección provisional del detector únicamente durante las horas de trabajo, con retirada al finalizar cada jornada. Se recomienda informar a los ocupantes.

Abajo, la firma. Una M angulosa, como una sierra, seguida de una raya larga y plana que no se levantaba del papel, y una p minúscula colgando de ella como un anzuelo.

Nadie dijo nada.

Inés pasó, sin tocarlas, a las hojas de fotos. Mateo le hizo un gesto con la cabeza: adelante . Las fue levantando por la esquina, una a una.

La primera foto mostraba la verja desde el pasillo, de frente, desde un ángulo un poco más bajo que la de Vera.

La cadena, las dos vueltas, el candado plateado.

Debajo, a mano: Foto 1. Salida a patio clausurada con cadena y candado.

En la esquina inferior derecha de la imagen, impresa por la propia cámara en números naranjas, la fecha: 20 10 2017 .

La segunda foto era un detalle del pestillo, con la cadena pasando por encima. Foto 2. Pestillo interior inoperante por cadena.

La tercera, el cuadro eléctrico provisional, una caja gris con hileras de interruptores, uno de ellos bajado y cruzado por un trozo de cinta americana gris con letras de rotulador negro: NO TOCAR . Foto 3. Automático del exutorio en OFF.

La cuarta, el pasillo trasero lleno de sacos, rollos de cable y cajas apiladas contra la pared de la cenefa verde y blanca.

La quinta, el portal desde la puerta de la calle, con la puerta del cuarto de contadores abierta y calzada con un taco de madera.

La sexta, la caja roja del accionamiento manual del exutorio en el portal, con una hoja de papel pegada encima del cristal: Fuera de servicio por obras .

Sara se había llevado una mano a la boca. No lloraba. Miraba la foto número uno con los ojos muy abiertos.

— Veinte del diez de 2017 —dijo Beltrán, despacio, inclinándose para leer los números naranjas—. Fecha de la cámara.

—La cámara era de la empresa —dijo Mateo—. Una compacta. Se ponía en hora en la oficina. No digo que no se pudiera cambiar, pero nadie lo hacía.

—Lo valorará un perito. —Beltrán apuntó algo—. Siga, por favor.

Mateo pasó varias hojas del archivador y sacó otra cosa: una fotocopia de una página cuadriculada, de las de un cuaderno grande, con una fecha en el margen y varias líneas escritas a mano con dos letras distintas.

—El libro de incidencias de la obra —explicó—.

Era obligatorio. Lo tenía el encargado en la caseta.

Cuando el técnico visitaba, apuntaba lo que veía y el encargado firmaba el enterado.

Yo me hacía una fotocopia de mis anotaciones cada vez, en la papelería de la esquina.

—Señaló la página—. Esto es del veinte de octubre.

20-10-17. Visita técnico prevención. Se advierte al administrador de la finca, D. R. Mena, de la prohibición de clausurar la salida de evacuación. Se niega a retirar el candado. Se emitirá informe. — M. Prieto. Y debajo, con otra letra, más torpe: Enterado. — El encargado. Una firma ilegible.

— Se niega a retirar el candado —leyó Marta en voz alta.

—Se negó. Delante de mí y delante del encargado. —Mateo se quitó las gafas—. Eso lo recordaba, pero no recordaba haberlo escrito.

Volvió a buscar en el archivador. Esta vez tardó más. Cuando sacó lo que buscaba, lo sostuvo un momento en la mano antes de dejarlo sobre la mesa, sin decidirse a soltarlo.

Eran dos hojas impresas, grapadas. Correos electrónicos. La cabecera de un programa de correo antiguo, con los campos De , Para , Fecha , Asunto .

—Esto es lo que no esperaba —dijo Mateo—. Ni me acordaba de que existía. Yo imprimía los correos importantes y los archivaba con el informe. Manías de la empresa de antes.

El primer correo era de una dirección de gestionfincasmena , del 23 de octubre de 2017, a las 9:14. Asunto: RE: Informe visita Olmo 17 .

Mateo: recibido tu informe. Te agradecería que no lo remitieras a la comunidad ni a nadie más fuera del contratista.

La cadena se quita en dos semanas como mucho y no quiero alarmar a los vecinos por algo temporal, que bastante lío tengo con esta obra.

Lo del exutorio lo arreglamos en cuanto acabe el polvo.

Gracias por tu comprensión. Un abrazo. Roberto.

El segundo era la respuesta de Mateo, del mismo día, a las 11:02.

Roberto: el informe es para el contratista, que es quien me contrata, y con copia a ti como administrador, como corresponde.

No lo voy a enviar a los vecinos porque no me corresponde a mí, pero lo mantengo en todos sus términos.

Retira el candado y reconecta el exutorio.

Si hay un incendio con eso así, la responsabilidad es de quien lo ha ordenado. M. Prieto.

Durante un rato muy largo, en la sala de reuniones del despacho de la calle del Coso, nadie dijo nada. Por la ventana entraba el ruido del tráfico del Coso, un autobús frenando, un claxon. En la pared, un reloj de péndulo hacía tic-tac.

— Si hay un incendio con eso así —dijo Sara al fin, con una voz que Inés no le conocía—. La responsabilidad es de quien lo ha ordenado.

Mateo bajó la cabeza.

—Lo escribí yo. —Se frotó los ojos con los dedos—. Dos semanas antes. Y luego me fui a Pamplona.

Sara se levantó de la silla. Inés pensó, otra vez, que se iría. Que diría algo terrible. No hizo ninguna de las dos cosas. Rodeó la mesa despacio, hasta donde estaba sentado Mateo, y se quedó de pie a su lado. Mateo levantó la vista hacia ella.

—Lo escribiste —dijo Sara—. Y lo guardaste. Y anoche abriste veintitrés cajas.

Mateo no contestó. Sara le puso una mano en el hombro, un segundo, y la retiró. Volvió a su silla.

Beltrán se aclaró la garganta.

—Señor Prieto —dijo, con una suavidad que no le habían oído—.

Voy a necesitar que me entregue todo esto formalmente.

El archivador entero, no solo estas hojas.

Con un acta, como el albarán de ayer. Y el disco duro que no arranca, para que lo vean en la unidad de informática; a lo mejor recuperan los archivos originales de la cámara con sus datos.

Y voy a necesitar que declare, por la mañana o por la tarde, cuando usted pueda.