Nadie entierra los nombres Capítulo 12
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Capítulo 12

N os despedimos y entramos en el vestíbulo, donde una recepcionista de porte profesional nos tomó los datos y revisó nuestros pasaportes.

Su dicción recordaba la precisión de una máquina y sus ojos no se detuvieron en nosotros ni por un instante.

Subimos a un ascensor revestido de mármol, con espejos pulidos hasta tal punto que reflejaban incluso el más mínimo movimiento.

Nos envolvía una mezcla de moqueta nueva y metal.

Embriagaba. El suelo vibró al cerrarse las hojas con un chasquido.

—Creo que estamos en el sitio equivocado —advertí.

—La Milicia se mueve en otros círculos, José María.

—Esto parece un banco. O una embajada. ¿Desde cuándo evangelizar exige tanto brillo?

—Desde que confundieron el apostolado con un escaparate. Ya no forman conciencias, ahora moldean perfiles. Levantan centros de espiritualidad y cursillos de liderazgo apostólico.

—Ya. Con aparcacoches y tentempié incluido.

Sonrió ácido.

—Muy lejos de lo que nuestro Ignacio tenía en mente .

—Ignacio, desde luego que no; Romero, menos.

La campanilla tañó al alcanzar el octavo piso. Las puertas se deslizaron con simetría perfecta.

Llegamos a la sala de reuniones Atencingo.

Estaba vacía y obedecía al estilo del mundo ejecutivo.

Amplias paredes de cristal, muebles recubiertos de piel y una mesa alargada, cubierta de vasos y jarras de cristal cortado, dispuestos con escrupulosidad ritual.

En un muro sobresalía un logotipo ornamentado: Azurmex.

Debajo, en letras de bronce, una inscripción que imitaba el tono solemne de una máxima latina: «Ad Dulcem Per Suum » .

—¿Hacia la dulzura por sí mismo? —traduje en alto—. Ni siquiera es latín auténtico.

—Latín corporativo —especuló Marifuente—. Suena profundo, aunque no signifique nada. Eso. Una vanidad hecha de azúcar.

La puerta se abrió de golpe. Osciló en sus goznes y dejó entrar a tres hombres.

Los dos primeros eran clérigos altos y rubios, de procedencia europea que no supe precisar.

Vestían de oscuro, con alzacuellos estrechos.

El tercero era bajo, enjuto, con la piel castigada por muchos soles.

Llevaba un traje inglés demasiado claro que acentuaba el contraste de su semblante.

Fue él quien dio un paso al frente.

—Padre Ambrosio Marifuente, padre José María Arizaleta —saludó con teatro y una inclinación de cabeza a cada nombre—.

Me permito, con el debido respeto, presentarles a ustedes, a los presbíteros Enrique Keller y Mariano Olaya, de los Milicianos del Reino, y a un servidor, en mi carácter de licenciado en derecho, Bernardo Portasola, apoderado legal, representante legítimo y autorizado de la familia Espino de Morales y de Beaulieu .

Cada nombre venía acompañado de un apretón de manos protocolario.

Miré a través de la ventana. Fuera llovía.

La respiración se me apagaba al ritmo de la lluvia contra el ventanal.

Pero no busqué el inhalador. Nos hundimos en sillones de piel plena flor, delante de una mesa de caoba que brillaba como un estanque oscuro.

—Señores —inició el abogado, tras carraspear con gravedad—, nos encontramos reunidos en este acto con el propósito y la finalidad última de conocer, tratar y, en su caso, resolver un asunto de la más alta, delicada y especial trascendencia.

El mismo versa sobre una persona menor de edad, circunstancia que, como es de todos sabido, nos impone la obligación jurídica, moral y aun espiritual de proceder con la máxima prudencia, cautela y reserva.

Por tal motivo, me permito manifestar y reiterar, para todos los efectos a que haya lugar, que el suscrito comparece en calidad de apoderado legal, representante oficial y autorizado, investido con facultades plenas, amplias y suficientes, con el único objeto de salvaguardar, preservar y proteger los intereses, derechos y prerrogativas de la familia de la menor vidente.

En todo momento y por todos los medios que la ley nos franquea.

Extrajo un par de documentos de una cartera con lentitud.

—Como debe ser de su pleno, cabal y oportuno conocimiento —prosiguió—, el ciudadano ingeniero Juan Antonio Espino de Morales y Ayamonte, padre biológico, legítimo y reconocido de la aquí referida y susodicha menor, reviste la condición de figura relevante, preponderante y de notoriedad en el ámbito de la industria azucarera nacional.

Asimismo, ostenta la condición de benefactor destacado, constante, probado y generoso del movimiento denominado Custodes Regnum, a cuyo sostenimiento moral, material y financiero ha venido contribuyendo de forma continua, reiterada y sin interrupción, a lo largo de los últimos años y hasta la fecha que nos ocupa .

Nadie dijo nada. Keller ladeó la cabeza.

Los ojos del abogado recorrieron la sala. Me dio la impresión de que calculaba cada gesto con la paciencia de un ajedrecista. La colonia que usaba no alcanzaba a disimular un rastro de alcohol en su aliento.

Un reloj digital en la pared de enfrente marcaba la hora exacta: 11:32 de la mañana.

—En breve recibirán ustedes, para su conocimiento y consideración, un informe detallado y circunstanciado, elaborado y suscrito por los sacerdotes aquí presentes.

Dicho documento ya se encuentra concluido y disponible para su difusión en los medios de comunicación: prensa, radio y televisión.

Existe ya un acuerdo exclusivo con la productora Mexicana de Medios y Video, S.

A. de C. V., conocida comercialmente como Mexvidia, para una transmisión en vivo, en horario estelar, por el Canal 13 del recién creado Instituto Mexicano de la Televisión, desde el lugar mismo de las apariciones.

Dicho evento, señores, tendrá alcance nacional y proyección internacional.

Olaya sacó un par de carpetas encuadernadas y las colocó frente a nosotros con gesto diligente.

El título de San Miguel Tlalilnamican, Querétaro estaba grabado en letras doradas sobre una cubierta de vitela negra.

Al abrir el documento, reconocí fragmentos de los informes que ya había visto en Roma, impresos con pulcritud en papel de alto gramaje.

Pero el tono era distinto. La redacción transmitía un fervor medido y las fotografías, a página completa, tenían la nitidez y el encuadre propios de un estudio profesional.

La joven vidente, Ana Lucía Espino de Morales y de Beaulieu, aparecía con una perfección atribuible a la iluminación minuciosa y al maquillaje.

—El subdelegado municipal de la demarcación de San Miguel Tlalilnamican, municipio de El Marqués, en el Estado Libre y Soberano de Querétaro Arteaga —prosiguió el apoderado, sin abandonar en momento alguno su impostura y prosopopeya de orador consumado—, el ciudadano licenciado Héctor Flores Magut, ha manifestado, de manera expresa y reiterada, su firme, decidida e inequívoca intención de iniciar los trabajos y acciones que resulten necesarias y pertinentes, con miras a la adecuada y ordenada recepción de peregrinos, feligreses y visitantes en general.

»En este sentido, la persona moral denominada Azúcares Mexicanos, S.

A. de C. V., que opera bajo la marca registrada Azurmex, propiedad y bajo control mayoritario del ingeniero Espino de Morales, se encuentra ya en aptitud, disposición y plena voluntad de asumir y financiar las obras y adecuaciones pertinentes, siempre y cuando la imagen de su hija permanezca, en lo material y lo moral, incólume, íntegra e intocada, tanto en forma como en fondo.

»Ya se imaginarán, caballeros, que en torno a estos hechos han circulado comentarios, rumores, dichos y conjeturas que, sin respaldo probatorio ni valor jurídico alguno, pretenden poner en entredicho la honorabilidad de mis representados y la legitimidad de los actos que nos ocupan esta mañana.

Keller entrecruzó unas manos huesudas, mostró los dientes y se metió en la conversación:

—Permítanme clarificar. Contamos ya con la declaración de constat de supernaturalitate firmada por el excelentísimo obispo auxiliar de Querétaro, monseñor Eusebio Cifuentes de la Barquera, y en conformidad con las normas de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

—Nos encontrábamos, en efecto, en estado de plena, total y absoluta preparación logística, operativa y moral para dar inicio, procedimental y materialmente, a los actos, eventos y actividades programadas —agregó Portasola—.

Sin embargo, en virtud de la comparecencia inesperada, intempestiva y no previamente anunciada de usted y de la distinguida persona que le acompaña, nos hemos visto en la necesidad de suspender, hasta nuevo aviso y fecha por determinar, el arranque y la ejecución de los referidos acontecimientos .

—Roma nos ha enviado con la petición explícita de colaborar con el comité que elaboró este informe —confirmó Marifuente.

—Y, en un ejercicio de franqueza y transparencia procesal, debo manifestar que no alcanzamos a comprender, colegir ni interpretar la justificación, el motivo o la razón de tal proceder.

Toda vez que, conforme a lo dispuesto, previsto y estipulado en el derecho canónico vigente, cuyo articulado y espíritu supongo de sabida notoriedad para los aquí reunidos, resulta suficiente, bastante y jurídicamente procedente la simple y llana proclamación de sobrenaturalidad emitida por la autoridad episcopal competente, es decir, el obispo auxiliar en funciones, monseñor Eusebio Cifuentes de la Barquera, para que la advocación sea reconocida y legitimada y, en consecuencia, el culto público correspondiente sea autorizado.

—En efecto. Conocemos bien el código.

—¿Y, en ese orden de ideas, cabe preguntarse si podrían esclarecer cuáles son las causas y motivaciones que hacen indispensable y urgente esta intervención en este momento, cuando el expediente se encuentra, en contenido y forma, en regla y debidamente integrado, sin observación alguna que lo desvirtúe?

Soltó la pluma sobre la carpeta y nos miró por encima de sus gafas.