CAPÍTULO 21 — El último intermediario #3
—La mentira sobre el frasco.
—Sí.
—La confesión de que quería saber si había funcionado.
—Sí.
—La ausencia de ayuda.
—Sí.
—La desaparición del estuche.
—Sí.
Lucía levantó las manos.
—¿Qué más?
Delacroix miró la pizarra.
—Algo que solo pudiera saber la persona que estuvo con Leandro cuando murió.
Silencio. Montalbán lo observó.
—La última petición.
—Ya admitió que pidió ayuda.
—Sí.
—Entonces.
—Eso prueba que estaba allí.
—Y que no ayudó.
—Sí.
—¿No basta?
—Para parte.
Lucía frunció el ceño.
—¿Qué busca?
Delacroix pensó. La terraza. La copa. El cuerpo. El estuche. La medicación. La carpeta. La postura. Algo que Marina hubiera movido. Algo que el cuerpo pudiera decir. Algo que nadie había observado porque todos miraban el apagón.
—No sé todavía.
Montalbán cerró los ojos. Lucía sonrió.
—Eso sí empieza a parecerse a antes.
Delacroix no respondió. La verdad estaba casi completa, y precisamente por eso debía desconfiar más.
Necesitaba una última pieza que no dependiera de una confesión parcial.
Marina ya había admitido demasiado, pero todavía elegía dónde detenerse.
Había reconocido la premeditación sin explicar todos sus actos, había admitido que dejó morir a Leandro y había permitido que la investigación reconstruyera la medicación.
Sin embargo, seguía ocultando el estuche y quizá algo más.
Delacroix no lo deducía por intuición, sino por la lógica de sus actos.
Una persona como Marina no retiraba un objeto únicamente para que no lo encontraran.
Lo retiraba porque podía demostrar algo específico.
—La escena —dijo.
Montalbán lo miró.
—¿Qué?
—Tenemos que volver.
Lucía cerró los ojos.
—Otra vez a Villa Almenara.
—Sí.
—¿Qué busca?
—Lo que no encaja.
Montalbán soltó aire.
—Ya buscamos.
—Buscamos un asesinato durante el apagón.
—Después una medicación.
—Sí.
—Después el estuche.
—Sí.
—¿Y ahora?
Delacroix miró el nombre de Marina.
—La muerte.
Silencio.
—Eso ha sonado peor de lo que cree —dijo Lucía.
—Probablemente.
Montalbán se puso la chaqueta.
—Vamos.
Delacroix levantó una ceja.
—¿Sin discutir?
—No se acostumbre.
Lucía recogió su bolso.
—Yo también.
—No.
—Sí.
Montalbán miró a Delacroix.
—Ahora entiende.
—Sí.
—¿Qué?
—Por qué estoy cansado.
Salieron. La terraza de Villa Almenara estaba oscura cuando llegaron. Beatriz mandó encender solo una lámpara interior. Delacroix pidió que la apagaran.
—Otra vez no —dijo Montalbán.
—Sí.
La oscuridad cayó. No completa. La luna. El mar. La silueta de la silla. Delacroix se quedó en la biblioteca. Lucía detrás. Montalbán a un lado.
—¿Qué busca? —preguntó el comisario.
—No sé.
—Magnífico.
Delacroix avanzó. La silla. La mesa. La posición. Reconstruyó. Leandro llega. O Marina lo acompaña. La crisis. Él se sienta. Pide ayuda. Ella no llama. Muere. Después. ¿Qué hace Marina? Retira el estuche. Quizá espera al apagón. Quizá antes. Acomoda. Sale. Miente. Delacroix se sentó.
—La copa de whisky.
Montalbán encendió una pequeña linterna.
—¿Qué?
—Estaba casi vacía.
—Sí.
—Sofía lo vio beber dentro.
—Sí.
—Gabriel también.
—Sí.
—Entonces pudo llevarla a la terraza.
—Sí.
—¿Quién?
Silencio. Lucía se acercó.
—Él.
—Podía.
—Marina.
—También.
Delacroix miró la mesa.
—La copa no importa.
—Entonces.
—La posición.
Montalbán cerró los ojos.
—Otra vez.
Delacroix colocó la mano derecha donde había estado la de Leandro.
La izquierda cerca del regazo. El bolsillo interior.
El estuche. Si Marina lo retiró después de la muerte, tuvo que abrir la chaqueta o tocar el cuerpo.
Cervera había encontrado la chaqueta abierta.
¿Estaba así antes? Sofía dijo sí. Andrés también.
No servía. El estuche podía estar accesible.
Delacroix cerró los ojos. Leandro pide ayuda.
Marina se acerca. ¿Qué dice? Su nombre. Llama a Emilio.
Ella no. Después muere. ¿Y Marina? Una mujer que había preparado aquello.
Que necesitaba saber si funcionaba. No podía marcharse sin comprobar. No la muerte. Otra cosa. El frasco.
—Lo buscó —dijo.
Montalbán frunció el ceño.
—¿Qué?
—Antes del apagón.
—El estuche.
—Sí.
—Entonces por qué no lo retiró.
—Quizá lo hizo.
—Pero la oscuridad.
—Marina admitió alivio.
—Sí.
—No significa que usara el apagón para el estuche.
Lucía observó.
—Entonces para qué.
Delacroix abrió los ojos. La carpeta azul. No. El estuche. Quizá ya retirado. La oscuridad podía haber servido para devolver algo. O mover algo. O salir sin ser vista.
—Andrés vio a Sofía en la puerta lateral.
—Sí.
—Entonces Marina no tuvo que salir.
—No.
—Podía permanecer dentro.
—Sí.
—¿Qué había hecho antes?
Silencio. Montalbán miró la terraza.
—Encontrar a Leandro.
—Sí.
—Dejarlo morir.
—Sí.
—Retirar el estuche.
—Sí.
—Entonces.
Delacroix levantó la vista.
—¿Dónde lo puso?
Silencio. Lucía frunció el ceño.
—No podía llevarlo encima toda la fiesta.
—Podía.
—Pero si la registraban.
—No esperaban hacerlo.
—Después de la muerte, sí.
Delacroix se levantó.
—Exactamente.
Marina necesitaba sacar el estuche de la escena. No necesariamente de la casa. Durante el apagón podía moverlo a un lugar seguro. Después recuperarlo.
—¿Dónde estuvo después del apagón? —preguntó.
Montalbán buscó en notas.
—Con el servicio. Luego en la terraza. Después policía.
—¿Volvió a la oficina?
—No hasta el día siguiente.
—¿Su bolso?
Lucía levantó la vista.
—Lo tenía.
Delacroix pensó. Marina había llevado el estuche antes.
Se lo dio a Leandro. Después pudo recuperarlo.
¿Guardarlo en el bolso? Demasiado obvio.
Pero nadie lo revisó inmediatamente. Podía.
Entonces el apagón no era necesario. El alivio tenía que ser por otra cosa.
Delacroix miró hacia la biblioteca. La carpeta azul.
Sofía vio a Marina con ella. Después desapareció.
Más tarde apareció en el compartimento del despacho.
—La carpeta.
Montalbán se volvió.
—¿Qué?
—Durante el apagón no retiró el estuche.
—Entonces.
—Devolvió la carpeta azul.
Silencio. Lucía abrió los ojos.
—Al despacho.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque la había tenido.
—Y si aparecía con ella después de la muerte...
—La conectaba con el motivo.
Montalbán miró hacia el corredor.
—Treinta segundos.
—Suficiente.
—Entonces el estuche lo retiró antes.
—Sí.
—Y lo guardó.
—Sí.
—¿Dónde?
Delacroix miró hacia el mar.
—Eso sigue sin importar.
Montalbán cerró los ojos.
—Armand.
—No para resolver la cronología.
—Pero para la prueba.
—Sí.
Lucía observó.