Mr. Morgan (Los Mr. Irresistibles 4) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

JAMES

Hannah me está evitando desde que nos besamos.

Lleva tres días esquivándome como si tuviera una enfermedad contagiosa. Se levanta antes que yo para hacerle el desayuno a Alice. Desaparece en su habitación en cuanto la niña se va a la cama. Cuando entro en una habitación, ella encuentra una excusa para salir.

No es sutil. Es obvio y deliberado.

Y me está volviendo loco.

Pero también veo otras cosas: cómo se le agita la respiración cuando paso demasiado cerca, cómo aparta la vista en cuanto nuestras miradas se cruzan, cómo se muerde el labio cuando cree que no la estoy mirando.

Me desea tanto como yo a ella.

Y eso me obliga a ser paciente.

El cuarto día Alice está en casa de su amiga Sophie hasta las siete. Son las tres de la tarde y estamos solos en el apartamento por primera vez desde que la toqué contra esa pared.

Estoy en el sofá fingiendo trabajar pero en realidad estoy esperando a que Hannah salga de su habitación. No tengo que esperar mucho.

Oigo su puerta abrirse. Sus pasos por el pasillo. La veo aparecer camino de la cocina sin mirarme.

—Hola.

Se tensa pero no se detiene.

—Hola.

Entra en la cocina. Oigo el grifo. El sonido del agua llenando un vaso.

Cierro el portátil y me levanto. Ya está bien de darle espacio. Necesitamos hablar de esto.

Entro en la cocina y me quedo a unos pasos de ella. Hannah cierra el grifo y bebe el agua con la vista fija en el fregadero.

—Tienes que dejar de evitarme.

—No te estoy evitando.

—Hannah.

Planta el vaso en la encimera con un golpe seco.

—Vale. Te estoy evitando. ¿Contento?

—No.

Se gira para mirarme y hay determinación en sus ojos.

—Lo que pasó el otro día no puede volver a pasar, James.

Ahí está. Lo que lleva días queriendo decirme.

—¿Por qué no?

—¿De verdad tengo que explicártelo? —Suelta una risa sin humor—. Vivo en tu casa. Estoy aquí por Alice. En tres semanas van a llegar esos resultados y todo esto puede explotar. Esto no tiene ningún sentido.

La dejo hablar. La dejo sacar todo lo que necesita decir. Y cuando termina, doy un paso hacia ella.

—¿Has terminado?

—Sí.

—De acuerdo. —Otro paso—. Tienes razón en algunas cosas. Vives aquí por Alice. Los resultados van a llegar. Todo puede cambiar, pero solo si nosotros queremos que cambie.

—No lo dices en serio.

—Hannah, te deseo. No dejo de pensar en ti.

Hannah coge aire de golpe.

—James…

—Y sé que tú también piensas en mí. Porque te veo. Te veo sonrojarte cuando paso cerca. Te veo apartar la vista cuando me pillas mirándote.

—Eso no significa nada.

—Significa que me deseas tanto como yo a ti.

Hannah aprieta los labios. No lo niega porque sabe que sería mentira.

—Da igual lo que sienta. No va a pasar nada más entre nosotros. Dame espacio.

Las palabras me golpean pero las encajo. Porque presionarla ahora sería el error más grande que podría cometer.

—De acuerdo.

Parpadea sorprendida.

—¿De acuerdo?

—Sí. Si eso es lo que necesitas, te daré espacio. No voy a presionarte. No voy a tocarte a menos que tú me lo pidas.

Veo el alivio en sus ojos. Y algo más. Algo que podría ser decepción.

—Gracias.

—Pero eso no significa que me vaya a rendir.

La sorpresa vuelve a su cara.

—¿Qué?

Doy el último paso que nos separa. Me acerco lo justo para olerle el champú. Lo justo para ver cómo se le dilatan las pupilas.

—Voy a conquistarte, Hannah. Voy a demostrarte que puedes confiar en mí. Que esto no va a explotar. Que soy lo que tú y Alice necesitáis.

—James…

—Y cuando bajes esas defensas, cuando admitas que esto es mutuo, voy a tocarte otra vez.

—Bajo la voz hasta convertirla en un gruñido—.

Y la próxima vez no voy a parar hasta que estés desnuda debajo de mí.

Hasta que grites mi nombre. Hasta que te olvides de todas las razones por las que esto te parece una mala idea.

Hannah traga saliva con esfuerzo.

—Eres imposible.

—Soy persistente. —Sonrío—. Hay una gran diferencia.

Me aparto de ella antes de traicionarme y besarla cuando acabo de prometerle espacio. Salgo de la cocina y vuelvo al sofá.

No oigo pasos: se ha quedado donde estaba. Solo escucho su respiración agitada. Luego, por fin, sale de la cocina y casi corre de vuelta a su habitación.

La puerta se cierra.

Abro el portátil e intento concentrarme en el trabajo. No funciona. Mi cerebro sigue reproduciendo la conversación. Cómo me miraba. El rubor en sus mejillas. Cómo le temblaban las manos cuando dejó el vaso.

Me desea.

Y yo la deseo a ella.

La diferencia es que yo ya he aceptado lo que esto significa. Y ella todavía se resiste.

Pero no le va a durar mucho.

Porque voy a demostrarle cada día que puede confiar en mí, que puedo cuidar de Alice, que puedo ser el hombre que las dos necesitan.

Y cuando Hannah esté lista, voy a estar esperándola.

Con toda la paciencia del mundo.

Porque Hannah Bennett merece que alguien la espere. Merece que alguien luche por tenerla.

Y por primera vez en mi vida, quiero ser ese alguien.

Voy a rendirme a esta necesidad visceral de tenerla cerca. A esta atracción que me quema por dentro cada vez que la veo.

A esta certeza de que nadie más va a volver a tocarla. Solo yo.

Sonrío mirando la pantalla sin verla. Esto va a ser interesante.

Hannah no sabe lo que le espera. Porque cuando decido que quiero algo, no paro hasta conseguirlo. Y la quiero a ella. Entera. Gimiendo mi nombre.

Pronto. Muy pronto.

Solo necesito un poco de paciencia. Y puedo tener paciencia cuando la recompensa es ella.